El mito del 23-F

Hay muchos monárquicos o más bien dicho, cortesanos, sobre todo periodistas, que repiten con gran insistencia cuando surge el debate entre monarquía y república el mantra, el eslogan, de que Don Juan Carlos salvó la joven democracia con su intervención durante el golpe de estado del 23-F. Y resulta cada día más difícil de entender que esto sea así porque la mayoría de estas personas conocen la amplia bibliografía que se ha ido publicando en estos ya más de 30 años, a pesar del pacto de silencio entorno a la monarquía que parece que empieza a resquebrajarse en estos días turbulentos. Después hablaremos de por qué estos periodistas, intelectuales y escritores siguen callando y defendiendo lo indefendible a pesar de que conocen que no es verdad lo que están diciendo.

EL GOLPE: 23 DE FEBRERO DE 1981

En primer lugar debemos partir de una premisa previa: hubo un golpe de Estado perpretado por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero que, con un grupo de guardias civiles asaltó el Congreso de los Diputados en plena votación de la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como nuevo Presidente del Gobierno. Horas después el general Armada acudió al congreso intentando aparentar que iba a salvar la situación, a acabar con el golpe, proporcionando a los golpistas una lista para la votación de un gobierno de concentración nacional presidido por él mismo y con ministros de diversos partidos políticos y personalidades de ámbitos sociales diversos. Tejero, al ver en la lista a socialistas y algún comunista ( Felipe González, Jordi Solé Tura, etc.) se negó rotundamente a aceptar la propuesta de Armada y mantuvo el secuestro de la Cámara hasta su liberación la mañana siguiente, tras el “pacto del capó” dejando en evidencia que Armada estaba dentro del golpe. Era la cabeza de toda la conspiración siendo posteriormente condenado por ello. Un mes antes Adolfo Suárez había presentado su dimisión.

LOS DÍAS PREVIOS: TRASLADO DE ARMADA A MADRID Y DIMISIÓN DE SUÁREZ.

En el discurso que dió en televisión ante todos los españoles el presidente Suárez decía algo así como que “no quiero que mi etapa de gobierno, que la democracia, sea un paréntesis en la historia de España”. Esa frase, si la analizamos, nos da a entender que el propio presidente del gobierno estaba al tanto de que se estaba fraguando un golpe de Estado contra la democracia. Por tanto el ejecutivo lo sabía con anterioridad.

Previamente a este hecho ( la dimisión de Suárez) el Rey, saltándose sus atribuciones constitucionales, obligó al ministro de defensa, Agustín Rodríguez Sahagún ( el famoso Agustínnnnnnnn…) al traslado del general Armada desde Lérida a Madrid, hecho que contaba con la oposición del Presidente Suárez, que se encontraba de viaje oficial cuando se produjo el traslado. Alfonso Armada había sido preceptor del Príncipe de España y posterior Rey Don Juan Carlos. El Rey quería a toda costa que Armada estuviese en Madrid para cuando Suárez, presionado por él y por el ejército, hubiese presentado su dimisión ( Nótese que Suárez no presenta la dimisión motu propio, sino tras observar como su partido le había dado la espalda y obligado por el propio Rey, algo absolutamente inconstitucional, ya que el Rey no puede nombrar ni cesar al poder ejecutivo más que nominalmente. Debe ser el parlamento, tras unas elecciones o una moción de censura, libremente, el que lo haga o, al menos, así funciona una monarquía parlamentaria).

¿Por qué quería el Rey que Alfonso Armada estuviese en Madrid por esas fechas?. Yo creo que nadie puede dudar de que quería poner en marcha un proceso que condujese a su nombramiento como Presidente del Gobierno. Esto no quiere decir que el Rey quisiese un regreso a la dictadura, sino que quería, junto con otras fuerzas sociales y políticas del país ( hubo reuniones entre socialistas y el general Armada en los días previos) reconducir la deriva que estaba llevando la transición (autonomías y nacionalismos, violencia terrorista, etc).

EL GOLPE DEL REY CON LA COMPLICIDAD DE LOS PARTIDOS: OPERACIÓN “DE GAULLE”

Pero surge un problema: al poner en marcha esa operación ( llamada por diversos autores “Operación De Gaulle”) estaba ya violando ( nuevamente) la constitución, es decir, estaba dando un Golpe de Estado. Es la tesis de diversos autores, como Cacho, Cercas, Inglés, Palacios,Camacho, etc. La mayoría periodistas, otros personajes que vivieron en vivo y en directo la operación, controlada en todo momento por los servicios de inteligencia, el CESIC. Faltan todavía monografías de historiadores, que parece por lo que se ve poco interesados en cambiar el orden de las cosas actuales.
¿En qué consistía dicha “operación De Gaulle”?: en nombrar a un general de prestigio, con el apoyo de las fuerzas políticas, como presidente de un gobierno de concentración que, llegado el caso, pudiese reformar los puntos más polémicos de la Constitución, atajar de pleno el terrorismo de ETA y los GRAPO y reconducir la transición. Se llamaba “De Gaulle” por el general francés que protagonizó la creación de la V República Francesa en una situación límite, para salvar a Francia de una más que probable guerra civil por el grave problema colonial en Argelia, entonces posesión francesa. Esta operación contó con el visto bueno del presidente de la república, René Coty, que en un ambiente de posible golpe de Estado militar, propuso a De Gaulle ser nombrado Primer Ministro por la Asamblea Nacional. La Asamblea aceptó y nombró al general De Gaulle Primer Ministro con plenos poderes ( 1 junio 1958). A continuación este llevó a cabo una profunda reforma que incluyó una nueva Constitución ( la de la V República) aprobada tras un referéndum nacional ( Constitución del 4 de octubre 1958) y que sigue vigente en Francia actualmente.

Esa era la idea del Rey y algunos altos dirigentes de los principales partidos, PSOE, UCE, AP, PCE, etc. Armada sería nuestro De Gualle. Pero hay un error conceptual. A De Gaulle se le propuso, públicamente, para su elección como Primer Ministro. Es importante lo de “Públicamente”, es decir, ante toda la sociedad. En cambio la operación Armada, era oscura y pretendía aprovechar, tras fracasar previamente, ese último momento, ese ridículo asalto al congreso de los diputados, con el poder ejecutivo y legislativo secuestrados perpretado por un grupo de militares de extrema derecha, y forzar así, después de deshacerse de Tejero y sus compinches, una votación favorable al nombramiento de Armada.

Es más, afirmo y así lo atestiguan diferentes fuentes, que si Armada entra en el hemiciclo y no entrega la famosa lista a Tejero, este muy posiblemente se hubiese retirardo, Armada hubiese negociado con los diputados, hubiese sido nombrado Presidente del Gobierno y aquí paz y después gloria. Esto es una ucronía, lo sé, pero es lo más probable. Y también sería muy probable que nadie hubiese puesto ninguna pega a Armada, y que nadie se hubiese enterado de que Armada era el principal golpista, con el visto bueno de Su Majestad el Rey. El pueblo español, como tantas otras veces, hubiese aceptado el “trágala”. Pero los hechos no sucedieron así, Tejero se negó a abandonar la cámara, Armada tuvo que negociar su rendición y, a mediodía del 24 de Febrero de 1981 fueron todos detenidos por golpistas. Todo había quedado a la luz, estaba claro, pero no así el papel del Jefe del Estado que, para más inri, apareció en todos los medios de comunicación como el salvador, como la persona que abortó el golpe. Además en el juicio posterior ni siquiera fue llamado a declarar, lo hizo por él  Sabino Fernández Campo que, en todo momento, trató de desvincular al Rey de la asonada.

LA TERGIVERSACIÓN DE LOS HECHOS:

Bien entrada la madrugada aparece Don Juan Carlos uniformado como Capitán General de los ejércitos y ofrece a la nación un discurso en el que deja claro su apoyo al orden constitucional y desautoriza cualquier intento de subvertir este orden. Ya teníamos la pantomima de la que ha estado viviendo esta corrupta monarquía durante los últimos 30 años. El Rey, que había propiciado la “solución Armada” aparecía como el salvador de la democracia, el que había querido subvertir el orden constitucional imponiendo un presidente de gobierno a la soberanía nacional, aparecía ahora como el salvador de la patria.

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