Cómo ha llegado Brasil al impeachment

Dilma Rousseff por World Economic Forum
El combate contra la corrupción y el intento de golpe de Estado en Brasil

Desde marzo de 2014, un operativo de la Policía Federal de Brasil (PF) y de la Fiscalía Federal de Brasil (MPF, Ministerio Público Federal), empezó una investigación criminal de lavado de dinero en la ciudad de Foz de Iguaçu, provincia (Estado) do Paraná, una ciudad que se ubica en la “Tripla Frontera” (Argentina, Brasil y Paraguay, una región muy conocida por el contrabando de mercancías y la facilidad de obtener dólares ilegales y sucios). Este operativo se ha conocido como la “Operação Lava Jato” (OLJ), en referencia al lugar donde se limpia coches y que era utilizado para “limpiar el dinero sucio” de un dolero (criminal que hace operaciones con dólar sucio) en una actividad legal. Con este operativo, fue posible descubrir un gran entramado de lavado de dinero robado de la estatal petrolera, Petrobras, de cerca de 20.292 millones de dólares, desviados entre 2004-2014 (casi 1,4% del PIB medio del período) ¡Desde este operativo la vida política de Brasil nunca más volvió a ser la misma! Pero para comprender esto, necesitamos regresar hasta 1995.

En el año de 1995, una decisión del Presidente del Banco Central do Brasil (BCB), en el gobierno Fernando Henrique Cardoso (FHC), autorizó algunas operaciones con dólares conseguidos por el lavado de dinero; no voy acá a entrar en los detalles técnicos, pero, la decisión del BCB autorizó a las agencias del Banco do Estado de Paraná (BANESTADO), ubicadas en la “Tripla Frontera”, a operar cuentas CC5, un tipo de cuenta, que, con la excusa de facilitar el “comercio en la región” y “el movimiento de dinero entre residentes y no residentes en Brasil”, permitía a brasileños tener cuentas en dólares en el extranjero; por medio de esta fragilidad financiera, se ha evadido de Brasil, cerca de 27.501 millones de dólares, entre los años 1996-2002. Esta masiva evasión de divisas representó cerca de 3,9% del PIB medio del período; tal escándalo se volvió conocido en los medios como el “Caso BANESTADO” y después de una investigación del investigador federal, José Castilho, entre 1998-2002, varios empresarios y políticos de tres de los cuatro principales partidos brasileños, PSDB (del Presidente FHC), PMDB (el mayor y más podrido partido en el Parlamento) y PFL (el tercer partido del país), tuvieron sus nombres citados en la investigación y en la denuncia del MPF. En este período, un joven juez, llamado Sérgio F. Moro, era el responsable de las decisiones y fallos en el ámbito jurídico de este caso. Entre los años de 2003 y 2007, las fuerzas encargadas del Caso BANESTADO (FT-CC5) y el juez Moro, denunciaron a 684 personas, pero, solamente 97 fueron presas (y fueron presas por poco tiempo, debido a las fisuras del sistema judicial brasileño). El juez Moro había fracasado en prender a los empresarios, los políticos y los “doleros”. Los políticos del recién electo gobierno del PT, muy fragilizados por la necesidad de gobernar un país tutelado por el FMI, debido a un rescate acordado después de un fuerte ataque especulativo de Hedge Funds en el período electoral de 2002, y un pequeño número de parlamentarios para dar soporte al gobierno de Lula, hizo que Lula y el PT utilizasen como moneda de cambio el fin de las investigaciones en el Caso BANESTADO, a cambio de cierta estabilidad política en el Parlamento, con el PMDB convertido en aliado del gobierno del PT que, con apoyos de otros pequeños partidos de centro-izquierda y algunos de derechas, le habían permitido conseguir la mayoría política y la estabilidad necesaria para empezar un gobierno.

Regresando a la OLJ, las investigaciones y fallos de primer nivel, una vez más, cayeron en las manos del juez Sergio Moro, ahora mucho más preparado; había estudiado con profundidad el Operativo Mani Pulite (Manos Limpias) de Italia, y se había especializado en el lavado de dinero en EEUU (Harward) y, desde entonces, según algunos periodistas de izquierdas, él empezó a mantener buenas relaciones con las autoridades del Departamento de Estado de EEUU, y sectores de la PF brasileña que, desde el gobierno FHC mantienen unas “buenas relaciones con autoridades estadunidenses” (WiklLeaks informa que estas relaciones de la PF con el Departamento de Estado de EEUU existen desde la dictadura militar, 1964-1985). Moro sabía que los medios de las grandes corporaciones de Brasil podrían ser buenos aliados, pues, otro escándalo de corrupción, involucrando miembros del PT, llamado “Mensalão do PT” (2003-2005, compra de votos en el Parlamento), fue el primer gran escándalo de la historia de Brasil, involucrando políticos poderosos, lo que terminó en fallos de prisión en contra de políticos; esto solamente fue posible debido a la presión de los medios, especialmente GLOBO (que concentra, cerca de 60% de la renta publicitaria en TV en todo Brasil y está entre las 5 mayores cadenas de TV del mundo); para tener una idea más cercana del mundo hispanohablante, piensen en el periódico Clarín, de Argentina, multipliquen por dos su fuerza y tendrán idea del poder de GLOBO en Brasil.

El juez Moro, siguiendo con fidelidad la misma estrategia de la Mani Pulite de los jueces italianos, fue mucho más hábil en formular las pruebas materiales (en conjunto con el MPF y la PF) y consiguió prender grandes figuras del medio empresarial, como los empresarios de la construcción de grandes obras de Petrobrás, que acá llamamos “empreiteiras”, que después de los bancos nacionales y de las grandes corporaciones multinacionales, son las empresas más poderosas de Brasil (y todas son nacionales); estos empresarios siempre estuvieron bajo sospecha en obras públicas en todo el país y mucha gente temía su poder económico y político desde la época de la dictadura militar. Con la popularidad adquirida con la prisión de los magnates de la construcción, con el apoyo de un sector de la PF que no gustaba del gobierno federal por alinearse con los intereses de EEUU, con el inicio de las confesiones de políticos impresionados con la prisión de empresarios y las primeras señales de involucración de políticos del PT, los medios corporativos, una vez más, especialmente GLOBO, empezó a construir una imagen muy positiva de Moro, como si fuera casi un héroe. Moro, utilizó esta popularidad y apoyo para pasar a GLOBO y a algunas revistas de gran circulación en las ciudades de São Paulo y Rio de Janeiro (Revista Veja, revista Época e Revista Istoé), así como a los grandes periódicos (Folha de S. Paulo y Estadão), las confesiones de políticos y lobistas, la mayoría en contra de políticos del PT, incluso Lula y Dilma, pero sin pruebas materiales en contra de estos dos últimos.

El 15 de marzo de 2015, Dilma afrontó su primera manifestación masiva nacional, con la movilización en la ciudad de São Paulo, que reunió más de 400 mil manifestantes (casi 3 millones en todo el país), figurando entre los organizadores grupos ultra-liberales (libertarios de inspiración austríaca), como el Movimiento Brasil Libre (MBL) y grupos organizados por los partidos opositores, cómo en “VemPraRua” (Toma la Calle, muy conectada al PSDB, que gobierna la provincia de São Paulo, que concentra cerca de 40% del PIB nacional y cerca de 22% de la población del país). La reacción del PT fue pequeña debido a la falta de carisma de Dilma y las estupideces neoliberales de su recién nombrado Ministro da la Hacienda (Joaquim Levy, un neoliberal de la Escuela de Chicago, impuesto por los banqueros y empresarios industriales que ganan mucho dinero con el alto tipo de interés en Brasil, ¡casi 15% anual!). El 13 de marzo de este año, la manifestación había concentrado casi 600 mil manifestantes en la ciudad de São Paulo (casi 6 millones en todo el país). En la manifestación de marzo de 2015, el dominio de la clase media tradicional (con la dominación de la piel blanca en algunas regiones) fue la marca, pero, en esta última manifestación, algunos elementos más populares empiezan a aparecer, probablemente debido a la alta inflación (casi 11% en 2015) y desempleo (tasa de desempleo metropolitano total de casi 14%). Pero, la aparente selectividad del juez Moro y de los grandes medios y los abusos procesales de Moro, hicieron que la red de movimientos sociales de izquierda empezase a unirse, a pesar de que una buena parte de la izquierda crea (correctamente) que el PT no es ya izquierda popular y que se ha convertido en algo como el PSOE español; el día 18 de marzo reunió más de 90 mil manifestantes en São Paulo (cerca de 900 mil en el país).

La situación actual en la sociedad es así: las capas más privilegiadas están en contra del gobierno: la banca, la élite industrial de São Paulo (la más poderosa en la industria), el gran comercio, el capital financiero y las multinacionales, la clase media tradicional y parte del movimiento sindical conservador. Las capas politizadas de la clase media y de la clase trabajadora quieren el respeto a la Constitución, el castigo no selectivo de los corruptos y una reforma del sistema político. Las capas populares no politizadas creen que es necesario combatir la corrupción y apoyan las protestas, pero no participan de ellas, pues creen que el sistema no cambiará, independientemente del partido gobernante, a pesar de que evaluen bien el gobierno de Lula y pésimo el gobierno de Dilma. Cabe señalar que la clase media empieza a rechazar al PSDB como representante político e, infelizmente, es tolerante con movimientos (todavía pequeños) que piden la intervención militar o que son intolerantes con la izquierda. Las amistades interclasistas son muy difíciles.

En el cuadro institucional, la GLOBO ha presentado en la cadena nacional algunas filtraciones enviadas con la autorización de Moro, donde Lula habla algunas palabrotas y hace duras críticas a la Suprema Corte (STF) la fiscalía (MPF) y el juez Moro, y, a veces, parece intentar influenciar las decisiones del STF o de la fiscalía. Antes de las filtraciones, los miembros del PT convencieron a Lula de aceptar un cargo en el gabinete de ministros de Dilma, más específicamente, el Ministerio de la Casa Civil, un cargo de articulación política y administrativa, que según los “petistas”, ayudaría a Dilma a evitar el proceso de impeachment (impedimento) en al Parlamento (Cámara de Diputados y Senado de la República) y también ayudaría con su credibilidad entre empresarios y su carisma popular a cambiar los rumbos de la política económica; otro beneficio sería que Lula escaparía del juez Moro, que actúa en el primer nivel (el más bajo del sistema judicial brasileño), para ser investigado y juzgado por la Suprema Corte (STF). La oposición (PSDB y, más abiertamente, el actual Vice-Presidente, Michel Temer, líder del poderoso y podrido PMDB), intentan evitar, por medio judicial, la asunción de Lula al Ministerio de la Casa Civil. Todo indica, que si Lula se queda en la justicia común, Moro pedirá su prisión, pero, será igual en el nivel ministerial, debido a los efectos de las filtraciones y que el STF y la fiscalía están muy ruidosas con Lula. Lo que molesta mucho a muchos brasileños es que el Presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha (PMDB y enemigo personal de la Presidenta,) será el que conducirá los ritos del proceso de impedimento (proceso este, “justificado”, debido a una interpretación forzosa de la Ley de Responsabilidad Fiscal, alegando que Dilma ha incumplido la misma) y Aécio Neves (PSDB), mayor líder de la oposición y un poderoso Senador de la República, fueron citados varias veces en confesiones de la OLJ y hasta ahora no hubo ninguno fallo en contra de Cunha o la aceptación de las denuncias en contra de Aécio en el STF.

Es justa la demanda por punición a los corruptos de forma que no sea selectiva, pero también creo que la Justicia no puede pisar la Ley y la Constitución para punir sin pruebas materiales a Lula o Dilma; de hecho, también es cierto que, a pesar de no haber ninguna prueba material de corrupción de Lula o Dilma, es muy difícil creer que ellos no supieran de los desvíos de dinero en la Petrobrás, y que suena muy extraño que un político reciba plata de empreiteiras para hacer palestras, etc. etc.

Un intelectual brasileño ha dicho que, hoy en día, una gran parte de la población brasileña sufre el síndrome de la “corrupción aislada en un solo partido (el PT)”, que cree que basta sacar al PT del poder para que la situación mejore; obviamente, esta idea oculta un preconcepto y una dificultad para aceptar algunas victorias sociales de la “Era Lula”.

Durden, El Sudaka.

Fotografía de World Economic Forum

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