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La gloriosa (y breve) vida de las levaduras como metáfora de la sociedad actual
Escuchaba esta mañana en la radio que el número de pobres de solemnidad (es decir, que pasan auténtica hambre) se ha reducido de 900 a 700 millones, y que es la primera vez en la historia moderna en que la cifra baja por debajo del 10% de la población mundial.
Aunque el locutor manifestaba una profunda satisfacción yo no he podido sentir más que melancolía, pues este triunfo será, no cabe la menor duda, efímero. Se está logrando a costa de dilapidar el capital natural de la biosfera, tanto a nivel de energía (siendo puristas hablaríamos de exergía) como de recursos minerales y de contaminantes, siendo los peores de ellos los gases de efecto invernadero. Las similitudes que tenemos con las levaduras en el el tanque de mosto son estremecedoras; la curva que sigue su población la podemos ver en el gráfico. En unas décadas, más o menos a mediados de siglo, alcanzaremos la fase estacionaria, y unas décadas después (mi apuesta es que a finales de siglo o máximo a principios del siglo XXII) llegaremos al barranco de Séneca, con un colapso de la biosfera a nivel climático, energético y de recursos que provocará una virtual extinción de la mayor parte de las especies de metazoos que habitan actualmente el planeta. Toda la retórica de sostenibilidad de la actividad humana no es más que una enorme patraña; para ello no hace falta más que acudir a los gráficos de concentración de CO2.
