Sobre la Teoría Monetaria Moderna

Resultado de imagen de modern monetary theory

Siendo simplemente un estudioso de la economía que rechaza la mayor parte de los argumentos que sostienen los economistas autodenominados como liberales, entiendo que un incremento de la masa monetaria -siempre que esta creación llegue a mano de los consumidores-, necesariamente crea inflación. No la crea cuando la Q.E. (flexibilización cuantitativa), proporcionada por la Reserva Federal y el BCE es utilizada, en el primero de estos casos para, a través de los bonos del estado proporcionar a la mayor parte de los países un medio de cambio que como una unidad dineraria que se ha adjudicado el patrocinio de moneda universal, ser mantenida como un depósito de valor; en el segundo caso, cuando la banca europea, en función de la generada crisis que estamos experimentando, no utiliza esa afluencia de dinero para con ella crear crédito.

Cuando vemos que para un sector de nuestra sociedad está mejorando un tanto nuestra economía constatamos que con el incremento de las hipotecas; es decir, con el aumento de las acreditaciones, se está disparando el IPC. Y esto ocurre porque al poner en manos de los medios de producción un incremento marginal de la capacidad adquisitiva global necesariamente ha de aumentar el consumo; un aumento del consumo que como persigue la Teoría Monetaria Moderna ha de generar una mayor demanda de mano de obra; y que además, al haber un mayor gasto se recaudan más impuestos. Pero para que esto ocurra (como no ocurrió en Japón en los últimos veinte años es necesario que este aumento de la capacidad adquisitiva pueda ser satisfecho a través del aumento de lo que se haya producido. De lo contrario concurriría una inflación.

Utilizando un símil que contemplando el agua que discurre por un rio puede llegar a alcanzar el nivel del puente que nos ha de servir para cruzar al otro lado, en economía éste ha sido empleando para describir la corriente que se puede generar como consecuencia de un incremento de la masa monetaria. Los defensores de esta teoría aducen que si con esta afluencia se promover un mejor desarrollo de la economía no se puede materializar el desborde que estaría representado por un efecto inflacionario. Sin asumir que con la concurrencia de este supuesto mejor desarrollo (no podemos olvidar que una parte muy substancial de los mayores recursos que gestiona la Administración son insuficientemente productivos), se han producido innumerables casos de hiperinflación a tenor de una financiación de las obligaciones contraídas. Conscientemente ignoran que el bien que ha de estar representando los bienes existentes no poseen la categoría de un medio que como el oro tiene un valor consuetudinariamente aceptado por la sociedad. Que es la sociedad la que en función de la cuantía de medios de cambio con los que se esté representando un bien la que ha de establecer cuál es el valor que les ha de conferir a estos medios.

Es curioso que en detrimento de una aserto que apuntado por el profesor Rallo (con el cual discrepo desde.la pe hasta la pa), defendía que al igual que en las anginas concurren factores que determinan un incremento de la fiebre, un aumento de M2 tiene necesariamente que materializarse como un aumento de la inflación, para recusarlo se argumente, utilizando el símil de un rio en el que un incremento del caudal puede llegar desbordarlo no es comparable con el de una creación de medios de cambio que como sostienen los defensores de la TMM es imposible en función de que un gobierno que tenga la potestad de crear sus propios medios de cambio nunca puede incurrir en default. Lo que no se dice es que el déficit, sobre todo si es exterior, condiciona el desarrollo de la economía. Conscientemente se intenta ignorar que un aumento de la masa dineraria tiene que estar determinado por un incremento marginal del PIN; es decir, de los mayores bienes reales que se hayan aquistado. Es cierto que el déficit gubernamental es el superavit del sector privado. Lo que no podemos caer es en la falacia de composición con la que se asegure que dos términos que son complementarios, en este caso pueden mantenerse indefinidamente.

Pero es que además, en este rio no participa sólo una mayor cuantía de dinero fiat. Intervienen con mucha mayor incidencia los fraudes que perpetra la banca a través de la financiarización.

Yendo más allá de lo que se defiende con la TMM, siendo literalmente precisos, con la creación de medios de cambio se consuma una estafa a través de la cual el que tiene la potestad de imprimirlos adquiere la capacidad de apoderarse de una parte substancial de los bienes que hayan sido aquistados a través del trabajo. Sin embargo a través del valor que con esta apropiación se le haya dado a estos bienes, existe una relación directa entre el volumen de los bienes creados y la cuantía con la que es valorada estas riquezas. Constituye una estafa; pero al tener supuestamente que ser el Estado una parte de la sociedad (ya que es ésta la que ha de facilitar su buen funcionamiento, en última instancia esta estafa tendría que considerarse como una transposición de bienes dentro del todo que conforma la sociedad. Algo que estos corruptos que están desgobernándonos optan por considerarla una transposición a su servicio.

Lo que ceteris paribuis ocurre con la financiarización que comete la banca es que a través de ella está concurriendo en el festín; y que causa que la fiesta se convierta en un duelo que más allá de lo que acaece en el caso anterior, no sólo se materializa como otra estafa, sino que como esta defraudación carece de consistencia en la que fundamentarse (ya que está conformado por unos activos exclusivamente virtuales que necesariamente han de saltar en pedazos en el tiempo, somos los que mantenemos el culo pegado a la silla los que hemos de pagar por rescatarlas.

Lo que tienen lugar con la creación de medios de cambio (que es el tema que últimamente se está debatiendo en los medios) es comentado en la segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? Dice lo siguiente:
“Para analizar el protagonismo que ha de caracterizar a los distintos tipos de bienes, si un miembro del Sistema poseyera diez unidades en dinero, y otro miembro, otras diez en bienes materiales, de adquirir el primero cinco unidades del acervo material del segundo, entrambos entenderían poseer un patrimonio de veinte unidades. Cada uno pretendería comandar unas riquezas conformadas por cinco unidades en bienes materiales y otras cinco en unos medios investidos con un derecho demandable que presumiblemente tendría que ser real. Una asunción que aunque puntualmente tomamos como contrastada, en realidad no es más que un embeleco; una impostura que como certidumbre socialmente hemos asumido. Y es que si haciendo uso de la singularidad de los extremos contemplamos la posibilidad de que el poseedor de los medios de cambio adquiriera la totalidad de los bienes materiales ostentados por su otro congénere, éste se habría quedado sólo con una capacidad potencial de adquisición; una aptitud que sólo sería dable plasmarla como una pertenencia, en el supuesto de que hubiera otro que, al igual que el detentador de estos bienes exclusivamente nominales, compartiera lo que ambos estuvieran valorando” “Con el dinero hemos llegado a falsificar el truismo de que el todo es equivalente a la suma de sus partes. El que las individualidades contabilicen tanto dichas pertenencias como los medios de cambio que obren en su poder está fundamentado en el hecho de que, como estos medios constituyen un poder adquisitivo sobre los bienes tangibles que posean otras individualidades, se ha producido un desdoblamiento que ha adquirido per se naturaleza propia. El dinero es el sin par elemento que poseyendo todas las apreciaciones valorativas que le concedemos a lo material, trasciende sobre lo que cabría representara. Es un factor contable cuya naturaleza, al mismo tiempo que valora los medios materiales, personifica dicha valoración”

Como ha sido comentado con anterioridad, si con un incremento de la masa no se promueve un acrecentamiento marginal del valor de aquello que con este incremento se haya de representar, como un factor que tendría que estar representándolo estaría disminuyendo el valor anterior que hubiera tenido lo representado. El incremento de la masa puede tener efectos positivos tanto para la creación de empleo como para el desarrollo de la economía. No obstante, sólo cuando este incremento no produzca un efecto inflacionario. Pero es que además, y con esto trasciendo esta polémica de si un incremento de la masa no tiene por qué generar un efecto inflacionario, en función de que como ese desarrollo está fundamentado en la existencia de una tasa de ganancia que sólo puede conseguirse por medio de la plusvalía, con el incremento marginal de las riquezas que con esta acrecentamiento de la masa se pueda alcanzar se sigue reproduciendo la misma situación que con la TMM se pretende superar. Si las reglas no se rompen las soluciones no pueden ser otra cosa que enmiendas. Todo lo cual puede ser resumido de la siguiente forma: Siendo conscientes de la ortodoxia que soporta la estructura del capitalismo tenemos que echar mano de la heterodoxia. Lo que ocurre es que hacer uso de la heterodoxia conlleva tener que enfrentarse y soportar las cacicadas de los que detentado el poder, aseguran esta detentación a través de la ortodoxia. Y la prueba la tenemos en cómo ha desaparecido de internet el enlace degregorio.unaeconomiasocial.es en el que se denuncia lo que ocurre en esta España que la copla decía ser nuestra. Algo que entiendo asimismo le habrá de ocurrir a lo que expongo en este bloque.

Al objeto de demostrar de una manera fehaciente lo que he defendido con anterioridad, paso a insertar un párrafo de lña segunda parte de la obra ¿Es posible otra economía de mercado? Dice lo siguiente:

7.1.8.1. Para analizar el protagonismo que ha de caracterizar a los distintos tipos de bienes, si un miembro del Sistema Económico de Iniciativa COntrolada, SEICO, poseyera diez unidades en dinero, y otro miembro, otras diez en bienes materiales, de adquirir el primero cinco unidades del acervo material del segundo, entrambos entenderían poseer un patrimonio de veinte unidades. Cada uno pretendería comandar unas riquezas conformadas por cinco unidades en bienes materiales y otras cinco en unos medios investidos con un derecho demandable que presumiblemente tendría que ser real. Una asunción que aunque puntualmente tomamos como contrastada, en realidad no es más que un embeleco; una impostura que como certidumbre socialmente hemos asumido. Y es que si haciendo uso de la singularidad de los extremos contemplamos la posibilidad de que el poseedor de los medios de cambio adquiriera la totalidad de los bienes materiales ostentados por su otro congénere, éste se habría quedado sólo con una capacidad potencial de adquisición; una aptitud que sólo sería dable plasmarla como una pertenencia, en el supuesto de que hubiera otro que, al igual que el detentador de estos bienes exclusivamente nominales, compartiera lo que ambos estuvieran valorando. “Con el dinero hemos llegado a falsificar el truismo de que el todo es equivalente a la suma de sus partes. El que las individualidades contabilicen tanto dichas pertenencias como los medios de cambio que obren en su poder está fundamentado en el hecho de que, como estos medios constituyen un poder adquisitivo sobre los bienes tangibles que posean otras individualidades, se ha producido un desdoblamiento que ha adquirido per se naturaleza propia. El dinero es el sin par elemento que poseyendo todas las apreciaciones valorativas que le concedemos a lo material, trasciende sobre lo que cabría representara. Es un factor contable cuya naturaleza, al mismo tiempo que valora los medios materiales, personifica dicha valoración”

¿A tenor de lo expuesto no nos es dable entender que si con cinco unidades monetarias se adquiere lo que habría sido la mitad de los bienes reales existentes, al compartirlos al 50% con aquéllos que con medios de cambio adquirieran la mitad de dichos bienes se estaría llevando a cabo una desposesión (al estilo de David Harvey), en la que el poseedor de los bienes reales (al igual que ocurre cuando con respecto a otras monedas se lleva a cabo una depreciación), habría perdido el 50% de lo que como valor real demandable hubieran ostentado sus con anterioridad sus pertenencias? ¿En este contexto podemos sostener que esta desposesión no constituiría un real incremento del IPC? ¿Es dable que sigamos empeñados en que la única manera de solucionar nuestros problemas es a través de la ortodoxia? ¿Que la mejor manera de que podamos superar las deficiencias de un modelo que desde que nacemos nos está utilizando es recurriendo al método de Lampedusa? ¿Hay alguien por ahí que considere interesante publicar lo que manifiesto en mis escritos?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.