Contra la corrupción, abstención

El centro de investigaciones sociológicas (CIS) responde que la abstención es muy difícil de predecir ya que los encuestados no dicen la verdad cuando son preguntados, por considerar el voto como un deber cívico. Y por muy sorprendente que pueda parecer esta extraña unión, si se teclea en google las dos palabras “deber cívico” todas las entradas en la primera página están relacionadas con el derecho político del voto. Pero no puede ser propio del ciudadano estar obligado a legitimar la corrupción del régimen.

 

Si el derecho al voto fuera un deber, el ciudadano carecería de toda participación en la vida pública, ya que ésta habría sido enajenada al convertirse en una obligación, la acción del ciudadano nace libre y se proyecta como acto cívico contra la injusticia del Estado sobre la sociedad civil. Si fuera un deber, el voto no sería un acto nacido de la libertad de conciencia, sino de la moda o la propaganda. Si fuera un deber y no un derecho, la insurrección contra la tiranía de unos pocos, sería perseguida por la tiranía del Leviatán.

 

La mejor forma de castigar a los partidos políticos que usurpan la representación del elector, es la abstención. El arma más efectiva contra el monopolio partidista y la exclusión del ciudadano, es la abstención. La única justicia ante el expolio encubierto y el engaño paternalista de la clase político-financiera, es la abstención.

 

La única forma de coherencia personal es reconocer la distancia entre el pensamiento propio y el vacío demagógico y acomodaticio de la clase política de los partidos estatales y ejercer el valor supremo del NO. Porque abstenerse significa decir NO a la corrupción. Porque abstenerse significa decir NO a los privilegios de unos pocos. Porque abstenerse significa decir NO a la propaganda institucional y ser libre entre esclavos. Y el NO en la monarquía juancarlista es más necesario que nunca contra el voto. Porque el voto no puede ser un deber cívico cuando con él se siembran las urnas de cadáveres y se proclaman mártires de trapo. No puede ser un deber cívico cuando se perpetúa una clase política irresponsable ante los electores. No puede ser un deber cívico cuando con él se escoje sin elegir la lista caprichosa del jefecillo mentiroso y el intriguista de partido. No os ensucieis, no acudais a las urnas españolas, son un engaño.

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