POR SAN BLAS, LA REPÚBLICA VERÁS

“Por san Blas, la cigüeña verás”, dice el refrán. Pero, el 03.febrero.1795, hace hoy 221 años, a España llegaron no sólo llegaron las cigüeñas sino algo más: la primera conspiración republicana. La llamada Conspiración de San Blas fue un audaz, generoso y peligrosísimo empeño racionalista y libertario de unos cuantos conjurados entre los que cabe destacar a Juan Bautista Picornell (1759-1825) a quien acompañaron destacados intelectuales republicanos como Sebastián Andrés y Manuel Cortés de Campomanes.

La intentona republicana se desarrolló en el marco del creciente republicanismo español y de la guerra que la monarquía española –más asesina y majadera que nunca-, había declarado a la Francia republicana. Quiero decir, que no fue un delirio sin fundamento. Sea como fuere, Picornell y sus amigos fueron descubiertos, torturados y condenados a muerte. Y hubieran sido asesinados sino llega a ser porque la absoluta derrota de España en la guerra de los Pirineos les salvó la vida.

Guerra contra la naciente República francesa
1793: la monarquía de Carlos IV y de su valido Manuel Godoy, declara la guerra a la Francia republicana y revolucionaria. España se ha llenado de exiliados realistas franceses, en su mayoría curas y obispos. Imprudente hasta la tontuna, la monarquía española decide ¡invadir Francia! . Al mando de unas tropas hispano-portuguesas, el general Ricardos invade efímeramente el Rosellón, pero los otros dos cuerpos de ejército monárquico –el vasco y el aragonés-, son rechazados antes incluso de cruzar los Pirineos.
1794: los republicanos franceses contraatacan e invaden España. La plaza fuerte de Figueras (10.000 soldados, 200 cañones), se pasa al ‘enemigo’. Poco después, Donosti se entrega con igual júbilo.
1795: los generales españoles enviados a guerrear al Norte se quejan de que no reciben ninguna ayuda de la población ni de las autoridades locales vasco-navarras. Es obvio que los euskaldunes simpatizan abiertamente con los republicanos franceses; éstos ocupan sin resistencia Euskal Herria (Nafarroa incluida, menos Iruña-Pamplona, que no llegó a pasarse al ‘enemigo’) Los franceses entran en loor de multitudes en Gasteiz-Vitoria y Bilbao y cruzan el río Ebro por Miranda. Cuando ya están tierras de Castilla, les sorprende la firma de un armisticio que precede a la capitulación formal de España –disfrazada en la historiografía española bajo el nombre de ’tratado de paz de Basilea’-.
De cómo la derrota del rey español salvó el pescuezo de los conjurados

En efecto, la (mal) llamada Paz de Basilea (1795) puso fin a la conocida como guerra de los Pirineos o guerra de la Convención. La propuesta española de capitulación consistió en el reconocimiento de la República francesa a cambio de mantener los límites de la soberanía española, puesto que Francia quería anexionarse Guipúzcoa, ocupada por el ejército de los sans-culottes, como hemos visto, con la entusiasta colaboración de los guipuzcoanos.

En el colmo de su más ignara prepotencia, una España que tenía las tropas revolucionarias a punto de llegar a Madrid, pretendía nada menos que, entre otras fantasías, ¡lograr el restablecimiento del culto católico en Francia y la liberación de los hijos del ajusticiado rey francés Luis XVI!.

Al final, como era de prever y sólo por la generosidad de los nuevos franceses que no quisieron apretar las tuercas a Godoy y su corrupta camarilla de curas y espadones, España cedió a Francia la parte española de la isla de Santo Domingo, se comprometió durante seis años a entregar los ganados ovino y caballar andaluces y, de postre, tuvo que jurar que no perseguiría a los afrancesados vascos. Godoy obtuvo por ello el título de Príncipe de la Paz.
Pero, volviendo al Gran Picornell y los conjurados de San Blas: otro de los puntos de Basilea que jamás se estudiará en España, fue la radical exigencia de los republicanos franceses de que no asesinaran a Picornell et allii. Posiblemente, la advertencia de los sans-culottes debió formularse en estos términos: “Godoy, Godoíto el Valido: si ejecutas a nuestros colegas, mañana entramos en Madrid y te buscamos. Tú mismo”.
Obviamente, el semental cadete que encandiló a la Reina, entendió la indirecta y, cuando los republicanos de San Blas estaban camino del patíbulo, fueron ‘indultados’ y embarcados hacia las mazmorras de las Yndias. De dónde escaparon para protagonizar las primeras rebeliones independentistas de América Latina pero esa es otra historia no menos instructiva.

Huelga añadir que esta Paz de Basilea –rendición incondicional-, no se estudia en España. Menos aún se estudia a Picornell y por ello, hoy, en el 221º aniversario de su gloriosa intentona republicana, le rendimos al Primer Prometeo moderno nuestro más sincero homenaje. Laus Republica.

 

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