¿Estado de derecho o Estado de derechas?

   Vivimos en un permanente Estado de derechas. Quiero decir que las izquierdas no ocupan el poder desde 1936 cuando, en un breve período de gobierno que va desde las elecciones de febrero hasta el 18 de Julio, gobernó la conjunción de partidos englobados en el Frente Popular. Aquello no era comunismo ni marxismo ateo como se cansaron y cansan de repetir los historiadores franquistas. Era un gobierno de izquierdas burgués, formado básicamente por intelectuales progresistas  que pretendían una sincera modernización de las estructuras quasi feudales, arcaicas en que la monarquía había sumido a España desde la noche de los tiempos.  Durante la Guerra Civil, en la España Republicana, se produjo una auténtica Revolución social que dificultó enormemente las tareas de defensa contra el agresor fascista. Pero cuando acabó la guerra vencería el fascismo reaccionario, en lo que Azaña tildó de “episodio previo de la gran guerra europea”.
   Después vendrían los casi 40 años de franquismo y, sin solución de continuidad ( y esto es algo muy significativo) aparecerían sus herederos que parasitan el poder desde 1975 hasta el presente. Nunca volvieron las izquierdas a gobernar mal que nos pese porque la etapa que ocupa el período de gobierno de Felipe González a lo sumo se puede llamar socialdemócrata, bastante conservadora y la última y reciente experiencia socialista en el ejecutivo sencillamente de ingenuamente izquierdista. Digo lo de ingenuamente porque creo sinceramente que el personaje (Rodríguez Zapatero) se llegó a creer que su política era  de izquierdas.
   Este presidente, calificado por algunos analistas conservadores (la mayoría de politólogos u opinadores que pululan en los mass-media son de derecha)  y por el entonces líder de la llamada “penosa oposición” por Pérez-Reverte, señorRajoy Brey como “indigente intelectual” era un auténtico iluso, es decir, alguien que vive en la ilusión, alejado de la realidad. En su ensoñación llegó a afirmar públicamente que el Rey Juan Carlos era el primer republicano de algo así como una República coronada. Pero política de izquierda no hubo, cambios profundos que afectasen a las oligarquías que dominan España desde hace muchas décadas no se vieron. Así pudimos asistir avergonzados a las contínuas reuniones del líder de “la ceja” con los banqueros más destacados del país en numerosas ocasiones, siendo tan cortesano como lo es la derecha de este país o más si cabe.
     Solo gestos en esta ocasión porque ni siquiera se acercó a su antecesor en el partido liberal (entiéndase la ironía con la Restauración) que al menos propagó un incipiente, sutil y hoy irreconocible Estado del bienestar. Pero ese mismo gobierno progresista utilizó los más sucios y rastreros métodos para acabar con la vida de quienes les eran molestos. Y no dejó tampoco de aupar a una clase dirigente corrupta y trincona. ¿Fue eso de izquierda?: no. ¿Ha habido un gobierno de izquierdas de verdad en la mal llamada democracia española?: ni de coña, oiga.
   ¿Es posible un gobieno de progresistas que aborden los cambios que necesita el país para ser más democrático y justo socialmente?: Si, y ese gobierno que se atreva a llevar a cabo la titánica misión será de izquierdas. Tardará en llegar pero quizás, con el tiempo y una caña, conseguiremos que España tenga otro período de izquierda, de libertades y justicia social.
    Por eso cuando muchos elementos de esta oligarquía partitocrática hablan del magnífico sistema democrático que todos nos dimos, de que por fin España disfruta de un Estado de derecho surge la sonrisa malévola en el oyente ante tamañas aberraciones. Porque, no lo olvidemos, Estado de Derecho no es ni más ni menos que un Estado en el que hay unas leyes que se cumplen. Eso puede darse ( y de hecho se daba) en la dictadura o en otro sistema de apariencia democrática.  Y es el caso de España, por ejemplo. ¿Se cumplen muchas de las leyes que se aprueban?. No, porque no hay voluntad de que se cumplan y los padres de la patria que legislan ahora multiplicado por 17 en un marasmo insondable de legislaciones a veces contrapuestas y que solo benefician a ellos y sus familias. ¿Cuántas veces hemos visto a ese espantajo de designación política llamado Tribunal Constitucional retorcer la propia constitución para acomodar leyes no constitucionales al deseo de sus amos?.  Todavía no conocemos un Estado de derecho democrático y sincero donde se cumpla de verdad la ley, donde los que roban y estafan no se puedan ir de rositas por defectos de forma, por triquiñuelas, que no están al alcance del resto de los mortales. La ley es dura, pero solo para los tristes ciudadanos que sufrimos este estado de derechas.

 

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