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Comentarios críticos a las propuestas económicas de Podemos
En los cinco días transcurridos desde el terremoto electoral ocurrido en España el pasado domingo, en el que el bipartidismo no obtuvo por primera vez la mayoría de los votos emitidos, el protagonismo no cabe duda de que lo ha acaparado la gran sorpresa de estas elecciones, que no es sino la formación encabezada por Pablo Iglesias, Podemos.
Por parte de los analistas económicos en general ha habido posturas extremadamente críticas en los medios de comunicación, y ello me ha motivado de alguna forma a escribir un contrapunto a estas críticas que en muchos casos me han parecido sumamente injustas.
El programa económico de Podemos en primer lugar se ve claramente que ha sido elaborado con las prisas que requería la premura con la que se constituyó la formación para concurrir a las elecciones europeas, y a la vista de esta evidencia mi opinión es que debe ser juzgado con indulgencia y a la espera de que algunos puntos ambiguos o controvertidos se maticen en un futuro.
¿Es cierto que se trata de un programa de extrema izquierda y anticapitalista? Desde mi punto de vista no, y analizándolo punto a punto trataré de explicar por qué.
1. Programa de inversiones y políticas públicas para la reactivación económica, la creación de empleo de calidad y la reconversión del modelo productivo hacia una economía basada en la innovación que contribuya al bien común teniendo en cuenta criterios de responsabilidad social, ética y medioambiental.
Sobre este punto poco hay que decir. Salvo en economías con un sector privado extremadamente dinámico como EEUU, e incluso parcialmente en su caso (recordemos simplemente a la NASA), el sector público siempre ha resultado fundamental para impulsar cambios en el sistema productivo hacia una economía de mayor valor añadido. Basten ejemplos como el de Israel, que no es precisamente el prototipo de paraíso comunista, en el que hubo y hay un apoyo decidido del sector público que ha convertido Israel en una potencia tecnológica.
También es evidente que ese desarrollo tecnológico debe hacerse para que beneficie al conjunto de la sociedad y con criterios de valoración y minimización del impacto medioambiental.
2. Promoción del protagonismo de la pequeña y mediana empresa en la creación de empleo, resaltando el papel de las entidades de la economía social. Política de contratación pública favorable a la pequeña y mediana empresa que incluya cláusulas sociales en la adjudicación de los contratos.
Pensadores liberales como Wilhelm Röpke defendían que hubiera una discriminación positiva hacia los trabajadores por cuenta propia y los pequeños empresarios. A muy poca gente agradan las grandes corporaciones que se convierten en estructuras deshumanizadas para los empleados y los clientes. Aun en el caso de que se perdiera algo de eficiencia económica al favorecer a los pequeños, las compensaciones en otros ámbitos es muy probable que compensaran ampliamente esa hipotética pérdida.
3. Reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales y de la edad de jubilación a 60 años, como mecanismos para redistribuir equitativamente el trabajo y la riqueza, favoreciendo la conciliación familiar.
Esto es un reconocimiento tácito de que actualmente y con nuestra arcaica estructura productiva no es posible soportar mayores niveles de demanda, y por lo tanto si no se hace nada –que es lo que estamos viendo– habrá generaciones perdidas de jóvenes que no puedan ganarse la vida dignamente por sus medios. La reducción de jornada y la jubilación anticipada serían formas muy adecuadas para que muchos jóvenes pudieran trabajar. Otra cosa muy diferente es cómo debería financiarse todo esto. Es evidente que habría que cambiar muchas cosas para ello.
4. Prohibición de los despidos en empresas con beneficios.
Esto es a mi parecer uno de los mayores pinchazos de la propuesta. Recordemos que hoy día la mayor parte de los despidos improcedentes esconden realmente despidos disciplinarios. La propuesta sería muy razonable si un despido por causas disciplinarias fuera fácil de probar ante los tribunales, pero este no es el caso. Se puede defender de una forma sólida el mantenimiento de altos costes de despido, pero una prohibición realmente no tiene sentido, entre otras cosas porque al final haría que los despidos disciplinarios se negociaran de una forma no reglamentada como ocurre ahora y se informaran como bajas voluntarias con un acuerdo económico a legal. Una situación así es muy dudoso que tuviera ninguna ventaja respecto a la actual, y sí muchos inconvenientes.
5. Derogación de las reformas laborales implantadas desde el estallido de la crisis: 2010, 2012 y RD 3/2014.
Esta propuesta es evidentemente un guiño a la impopularidad que tuvieron las reformas. En realidad la normativa laboral habría que reescribirla por completo.
6. Establecimiento de mecanismos para combatir la precarización del empleo, especialmente en el empleo joven para contrarrestar el exilio juvenil.
Esta es una propuesta en la línea de eliminar la dualidad del mercado laboral, algo absolutamente necesario desde hace mucho tiempo y que nadie ha abordado.
7. Eliminación de las Empresas de Trabajo Temporal.
Habría que mejorar, y mucho, los servicios de empleo públicos para que cumplieran sus funciones de facilitar el contacto entre empleadores y empleados. Independientemente de esto, se debe permitir que existan agentes privados que faciliten esta función, pero no empresas que vulneren directa o indirectamente la normativa laboral.
8. Incremento significativo del salario mínimo interprofesional y establecimiento de un salario máximo vinculado proporcionalmente al salario mínimo interprofesional .
El incremento del salario mínimo deberá ir acompasado a las mejoras en el sistema productivo. Se pueden implementar medidas para impulsarlo, como la reducción de la jornada laboral o la anticipación de la jubilación, que facilitarían esto, pero sin incrementos en la productividad del factor trabajo el recorrido será escaso.
El establecimiento de un salario máximo sería una medida muy adecuada en el marco de una dispersión cada vez mayor de los sueldos. Si bien los más afortunados pueden llegar a considerarlo injusto, hay que tener en cuenta que hay muchas evidencias de que el funcionamiento actual de los mercados no es eficiente y recompensa al segmento superior de los asalariados de una forma desproporcionada a lo que son realmente sus aportaciones a la sociedad.
9. Derecho a disfrutar de una pensión pública no contributiva, de calidad y que garantice una vida decente tras la jubilación,su cuantía igualará como mínimo el salario mínimo interprofesional.
Poco que decir a este respecto. Afectaría solo a una proporción muy pequeña de la población en edad de jubilarse y supone un mínimo de decencia de la comunidad respecto a los menos afortunados. Si bien podría haber algunos que podrían beneficiarse injustamente de ello, esto no es razón para que los muchos que no están en ese caso fueran excluidos.
10. Derogación de la última reforma de las pensiones y prohibición de la privatización o recortes del sistema público de pensiones.
A estas alturas muchos estamos convencidos de que los sistemas privados de pensiones solo sirven para muchos ganen mucho dinero, excepto los que suscriben el plan.
Sobre la derogación de la última reforma lo que habría que hacer es redefinir completamente el sistema de financiación de las pensiones.
11. Establecimiento de políticas redistributivas para la reducción de la desigualdad social en el marco nacional y comunitario. Convergencia del gasto social sobre el PIB respecto al promedio de la Unión.
El índice de Gini español, aunque no es de los peores del mundo, está lejos de los mejores valores. Desde luego habría que hacer una consulta popular para aprobar medidas fiscales destinadas a mejorar la distribución de la renta explicando qué supone para cada cual, que en caso de ser positiva habría que implementar. Respecto a la proporción del gasto social respecto al PIB está claro que habría que seguir también la voluntad de la mayoría, ya que aquí la ciencia económica poco puede decir salvo recomendar el mejor medio de llevarlo a cabo en caso de que así se decida.
[Continuará…]