El 1923 de Felipe VI


Los ciudadanos españoles tenemos mala suerte. Los de ahora y los de antes. Hace poco menos de un siglo el bisabuelo del actual monarca tuvo una oportunidad histórica de elegir entre progresar hacia la democracia o elegir la dictadura. Primo de Rivera en 1923, cuando se pronunció, no obtuvo los apoyos que esperaba, y solo el apoyo de Alfonso XIII permitió que su pronunciamiento liquidara la Restauración. Un régimen que muy bien podría haber evolucionado hacia una democracia parlamentaria más. Pero no fue así. Ante la contestación social y el malestar generalizado Alfonso reaccionó con miedo, eligió a Primo de Rivera y con ello cambió la Historia de España.
Cuando Felipe VI accedió al trono en 2014 se encontró en una situación bastante similar a la de su bisabuelo. Un clamor en el país, generalizado especialmente entre los jóvenes, por una regeneración del sistema político. Podría haber respondido a este grito en las calles y erigirse en el adalid de una regeneración democrática del país, poniendo coto a las oligarquías extractivas. Sin embargo, Felipe decidió el camino de la continuidad. Con ello ha demostrado ser en primer lugar una persona de escasas convicciones democráticas y en segundo lugar una persona muy obtusa. Probablemente también alguien muy cobarde.
La decisión del bisabuelo de Felipe VI fue nefasta para el futuro de España. Cerró el camino para una evolución hacia una democracia parlamentaria, propició el surgimiento de una hasta entonces inexistente ultraderecha y en última instancia fue la causante de la devastadora Guerra Civil y los 40 años de sangrienta dictadura.
Desgraciadamente, no podemos esperar nada mucho mejor de la nefasta decisión de Felipe VI de no apoyar la regeneración democrática. La izquierda democrática, incipiente, ha quedado desorientada y ha decepcionado a la ciudadanía. La ultraderecha, personalizada por Aznar, comienza a dar signos de resurrección. Y el régimen del 78, la segunda Restauración Borbónica, da signos evidentes de agotamiento. La Historia nunca se repite pero, desgraciadamente, sí que sigue patrones. Ojalá esta vez sea distinto, pero una vez más un rey Borbón está demostrando ser un factor nefasto para los que vivimos en esta entidad política llamada España.

Un comentario en “El 1923 de Felipe VI

  1. Juan Carlos,

    Supongo que sería por escribir algo. No creo que hayas sido tan inocente de escribir esto en serio. Cualquier apertura democrática de este rey, hoy, paa por poner en duda su reinado con un referéndum. Y el resultado parace obvio, si no nos dejamos llevar por la propaganda.

    Ningún rey, ni si quiera de la poca talla de nuestro Felipe, va a caer por propia iniciativa en semejante trampa. Cuantos más partidos se apunten a cobrar del sistema que corona mejor. Más durará. No le hacen falta aspavientos, pues la acción política es de los partidos. Para él, la gloria. Que se peleen ellos en la arena mientras come palomitas. Si alguno se pasa, ya les tirará a los leones.
    Un saludo.

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