DE CAMBIL A MADRID: LAS VIDAS ¿PARALELAS? DE DOS ESPERANZAS

 

Antonio Pérez, febrero 2016

Para Manuela B. que no salta sino que vuela

Madrid nace en Cambil. Repetimos: el origen de ‘Madrid’ no está en Magerit sino en los poderes del pueblo andaluz de ese nombre. Difícil de creer cuando, hoy por hoy, Cambil sólo tiene tres mil habitantes vivos, media docena de aristócratas más o menos escandalosos y una cantidad indeterminada de espíritus que vagan sin sepultura. Habrá que acopiar pruebas documentales que sustenten tan atrevido punto de partida. Bueno, pues sí. Pero lo que hubiera sido hasta hace pocos años ímproba tarea de covachuelistas, ahora se puede lograr desde cualquier nodo cibernético. Queremos confesar que, gracias a internet nos ha sido muy fácil encontrar los datos que sustentan y salpican estas notas. Aquí no hay erudición que valga sino desarrollo exclusivamente cibernético de un mísero dato: el condado de Bornos.

Saltando sobre este único hilito, comenzamos averiguando que tan ignoto título nobiliario –léase, satrapía de sangriento origen- fue fundado hace siglos en un andurrial de un pueblo perdido en una sierra de la provincia de Jaén: Cambil. Avanzando en las pesquisas, llegamos a la contemporaneidad donde descubrimos que hoy deberíamos llamarlo Cambil de las dos Esperanzas puesto que son dos señoras tocayas entre sí las que ostentan la representación madrileña del espíritu de Cambil -su Volkgeist-, aunque la desempeñen en campos y jerarquías económicas absolutamente dispares y desiguales y aunque, entre medias, un tercer personaje cambileño haya sido borrado ignominiosa e impunemente.

Para llegar a esta conclusión, narraremos en tres capítulos los pormenores de lo que puede entenderse como un drama en tres actos. Es decir, una tragedia que resume las tres Edades en las que debería dividirse la auténtica Historia de España: Feudalismo, Ilustración y Post-esclavismo. Esta nueva clasificación, inaceptable para los profesionales de la Historia Sagrada, esconde un peligro: que el post-esclavismo coetáneo -al que llaman ‘democracia asentada’-, aparenta ser el final pero, si nos descuidamos, entraremos en bucle y volveremos al pleno feudalismo.

  1. LA CONDESA DE BORNOS

También conocida como la Condesa Antisistema, Esperanza Aguirre y Gil de Biedma no sólo es condesa de Bornos con grandeza de España sino también condesa consorte de Murillo aunque sobre este último título rondan rumores de caducidad o desafección que, en efecto, nos importan un bledo. Sea como sea, Dios los cría y ellos se juntan.

El caso es que la marca registrada ‘Condado de Bornos’ alude al cortijo de Bornos en el municipio de Cambil (Jaén) En 1485, esta heredad fue regalada por los Reyes Católicos al señor de la guerra Francisco Ramírez, alias el Artillero, dizque en recompensa por haber tomado a los moros los castillos de Cambil y Alhabar, en la comarca de Sierra Mágina. Siglo y medio después, en 1642, Felipe IV elevó el vizcondado previo de Bornos a la categoría condal y lo rubricó en favor del capitán de arcabuceros Diego Ramírez de Haro. O sea, que el otrora perdido cortijo de Bornos se convirtió en la casa solariega de una dinastía de cañoneros.

Sin embargo, con el tiempo los fundadores de la Casa, los Ramírez de Haro, derivaron de los obuses a las bambalinas políticas y teatrales. En este segundo sentido, destaca actualmente la figura de Iñigo Ramírez de Haro y Valdés (IRHV), XX marqués de Cazaza en África (título creado por los Reyes Católicos tras la conquista de Melilla) quien, según la prensa es “ingeniero aeronáutico, filólogo, diplomático, dramaturgo y creador” –y cuñado de doña Esperanza-.

IRHV saltó a la fama mundana en 2004, cuando se representó en Madrid una pieza suya de nombre harto popular: Me cago en Dios. En aquella ocasión, la condesa de Bornos, hizo como que pestañeaba. Siete años después, para mejor conquistar Nueva York la obra cambió su nombre a In God We Shit, denominación que debió molestar a los adictos a la leyenda impresa en el dólar por lo que, finalmente, fue estrenada en la Gran Manzana con un tercer título: We Couldn’t Call it What We Wanted to Call it, so We Called it Holy Crap (= No pudimos llamarla como queríamos, así que le pusimos Santa Mierda)

Más a más, en 2015, IRHV estrenó en Madrid su comedia histórica Trágala, trágala, sobre la repelente figura de Fernando VII, el rey Felón por antonomasia. Como se estila en las buenas familias, esta vez la estrenó con el beneplácito institucional y la asistencia personal de su egregia cuñada quien, once años después, había olvidado la tormenta en vaso de agua que desató con motivo del estreno de Me cago en Dios. Evidentemente, la nobleza tiene del tiempo una imagen tan elástica que llega a ser revolucionaria; a su lado, la relatividad einsteniana es una antigualla.

Esta condescendencia nos lleva a suponer que, si los titiriteros del reciente atropello judicial, en lugar de apellidarse García y Lázaro, hubieran pertenecido a alguna casa de postín, la señora condesa de Bornos-con-grandeza-de-España no hubiera exigido sus cabezas sino que, campechana como es Ella, les hubiera reído las gracias. Y no digamos si los títeres hubieran sido un exitazo económico porque entonces, fiel a su ideología libertariana o ultra-mega-neo-liberal, el capricho se hubiera tornado en afán crematístico y, por ende, en amour fou. Así pues, sostenemos que, en esta España aristocrática y usurera, los extremos de arcaísmo y posmodernidad se confunden. Ya lo dijeron con frase imperecedera: “Señora, el feudalismo y mi Espe somos ansí”.

Por todo ello, no puede decirse que la condesa de Bornos sea una vulgar corrupta. La aristocracia de verdad (no la franquista al estilo del ducado de FENOSA -Fuerzas Eléctricas del Noroeste, S.A.-, a la que pertenece su escudero R. Gª-Badell Arias-Navarro), no se corrompe en pequeñas diócesis sino que, con suma displicencia, mira para otro lado mientras incita a sus postillones a que pillen una miaja para que así puedan matricularse en los exámenes de ingreso a la Hidalguía. ‘Nuestra’ Condesa Antisistema y Cambileña de Honor personifica la jerarquización de estas mamandurrias. Escojamos un solo ejemplo: en un pedacito de sus extensos baldíos familiares, se inventa Valdeluz como ciudad satélite de Madrid, vende miles de pisos, desvía la línea de alta velocidad entre Madrid y Barcelona a un apeadero desierto y, al final, pone cara de “yo-no-fui”. Ha aumentado groseramente su patrimonio al precio de violentar las leyes (perdón, modificarlas), de destrozar miles de familias y de arruinar los alrededores de Madrid por los siglos de los siglos. Enanitos de la burbuja inmobiliaria, chuparos esa.

 

  1. EL MÉDICO MÁRTIR

A nuestro juicio, Antonio López Mingorance (ALM), médico, nacido en el condado de Bornos y fusilado en la provincia de Granada, debería ser nombrado Hijo Predilecto de Cambil. La historia de este cambileño y la de su familia es de una tristeza sin posible consuelo. Sigue así:

La familia de ALM se trasladó a Lanjarón donde, al comienzo de la Guerra, su padre era teniente de alcalde, pecado mortal por el que fue encarcelado en Granada para, sin formalidad judicial alguna, ser fusilado junto con dos de sus hijos –huelga añadir después de que los franquistas saquearan su casa y su taller mecánico-. Así lo narra una página web:

El Carrizal, a un par de metros de una curva de la carretera entre Lanjarón y Órgiva. Allí, el 11 de agosto de 1936, un niño de 9 años supo por unos soldados el sitio donde fue fusilado Manuel López López… Antes de la ejecución, uno de los miembros del pelotón se dirigió a él y le dijo: “Primero fusilaremos a tus hijos para que los veas morir”.

Había ocurrido que sus hijos ALM y Félix, también republicanos, habían huido a los montes de Lanjarón a los pocos días del golpe militar. Pero… cometieron el error fatal, común a doctos y legos, de no creer que el franquismo llegaba dispuesto a perpetuarse mediante un duradero baño de sangre:

Antonio y Félix, decidieron regresar a Lanjarón con la ingenua creencia de que, como nada habían hecho, nada tenían que temer. Acabaron encarcelados en la prisión de Granada junto a su padre. De allí partieron cuando no había despuntado el alba… En uno de los siete camiones que Dolores Mingorance [esposa y madre] contó cuando pasaron por Lanjarón camino del Carrizal creyó ver a su marido entre los que iban a morir. Al chaval de 9 años le contaron también cómo el teniente de alcalde de su pueblo y sus dos hijos mayores fueron sepultados en cal viva junto a una higuera del barranco, no muy lejos de donde Manuel [único hijo sobreviviente] colocaría en 1975 la cruz en recuerdo de su padre y sus hermanos.

Ya llevamos tres asesinados pero ni así acabó la vesania de los franquistas. Por el contrario, esperaban capturar a un tercer hijo, torturarle y encarnizarse con lo que quedaba de su familia:

Germinal. Mientras, [el tercer hijo, J.Mª.] logró llegar a Almería… Fue secretario de las Juventudes Libertarias de Andalucía… al término de la Guerra Civil, vivió meses emparedado en un pequeño zulo en la casa que compartió con aquella enfermera. No salía de allí. La mujer, hija de un militar rebelde de alto rango, convenció a Germinal para que confiase en las influencias de su padre, que tenía amigos en el entorno de Franco. José María/Germinal accedió y… Firmó su última carta desde la prisión provincial de Granada… Aquel 25.I.1945, sus hermanas fueron capaces subir a la colina de la Alhambra. Allí encontraron semienterrados a un grupo de presos recién fusilados. “El pelotón le dijo que se diese la vuelta, pero él quiso morir de frente”… La pierna de Germinal, la que hirieron durante el cerco de Almería, sobresalía de la tierra; así pudieron identificarlo y enterrarlo dignamente junto a uno de sus compañeros de infortunio.

La represión continuó durante décadas cebándose en otros miembros de esta familia originaria de Cambil aunque emigrada a las Alpujarras. Hasta que murió el Caudillo:

Celebración y memoria. Manuel, el menor y único de los seis varones de la familia López Mingorance que no fue fusilado entre 1939 y 1945, celebró la muerte de Franco de dos maneras. Primero se afeitó el bigote, como había prometido hacer cuando desapareciese el dictador. Luego, en su taller de coches de Granada, soldó dos tubos a modo de cruz y sobre la matrícula de un viejo Gordini escribió algo con pintura blanca y se fue derecho para El Carrizal. Allí, a finales de 1975, a un par de metros de una curva de la carretera entre Lanjarón y Órgiva, Manuel llevó a cabo el primer acto físico de recuperación de memoria de víctimas republicanas de la Guerra Civil en Granada. Y allí sigue la cruz, al pie de un barranco donde el catedrático y cronista de Órgiva, Juan González Blasco, asegura que hay enterrados 4.000 republicanos granadinos y malagueños.

Pero, claro, estas son anécdotas de un pasado remoto y cainita que hace muchos años fue superado por el abrazo constitucional gracias al cual todos los españoles nos dimos la democracia que hoy disfrutamos –y bla bla bla-. ¿Todos? Menos lobos, caperucita. Fijémonos en el final que tuvieron los esfuerzos por enterrar dignamente los restos de los mártires López Mingorance:

Su hermana [de ALM] Maribel y su marido, junto a miembros de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, colocaron en el patio de San Gregorio del cementerio de Granada, donde está enterrado, una placa para recordar a Germinal. A los pocos días fue arrancada.

(cf. MEMORIA ARAGONESA, La represión franquista se ensañó con la familia del teniente alcalde de Lanjarón, fusilado con tres de sus siete hijos en 1936. A otro de sus vástagos, apodado ´Germinal´, lo ejecutaron en el cementerio de Granada en enero de 1945. 17/08/2009. Nuestras cursivas. Disponible en internet)

  1. ESPERANZA, LA BUENA

Plácenos contar ahora la biografía, esta vez risueña, de otra paisana de Cambil de nombre Esperanza García. Desconocemos si la señora García sabe o ha sabido alguna vez la espantosa suerte de la familia López Mingorance pero es obvio que la represión sobre su pueblo –que, en plena guerra, estuvo precedida por los bombardeos de la legión Cóndor- determinó su exilio o deportación hacia Madrid. Sea como fuere, esta otra Espe no llegó de Cambil al palacio de la condesa de Bornos sino a un barrio mucho menos céntrico que el de Maravillas-Malasaña dominado por Esperanza, la Mala.

Para narrar su peripecia, seguimos a una fuente reciente. Pero, antes de citarla in extenso, nos place agradecer a su autor, el periodista Henrique Mariño, el gran trabajo en el que contó la verdadera historia de Esperanza la de Cambil, la del Pozo -en definitiva Esperanza la Buena-. A continuación reproducimos algunos de los párrafos de su reportaje:

Había unas casuchas y, en medio de ellas, como una falla séptica, un arroyo que se llevaba el agua va. Vivía en aquellas chabolas el sur entero: extremeños, andaluces y manchegos escapados del hambre del cortijo y la represión del pueblo. Mas el Pozo del Tío Raimundo sólo daba barro, no tenía alcantarillado ni había luz…

Así estaban en la entonces periferia de Madrid cuando, a mediados de los años 1950’s, llegó al Pozo José María Llanos, jesuita que había sido confesor de Franco gracias a lo cual tuvo la irrepetible suerte de no ser encarcelado y quién sabe si algo más.

Él plantó la semilla de la organización en el barrio“, recuerda Esperanza García Castro, quien a los dieciocho vino de Cambil para servir como interna. “Luego empecé a trabajar con él, ayudando a quien lo necesitaba“, explica esta jiennense de 76 años, cuya puerta no paraba de sonar…

Comenzó repartiendo dinero, ropa y comida en su propia casa, convertida en un economato improvisado. Luego montó con otros vecinos un comedor en el barrio, adonde cada día acuden decenas de personas. “El primero vinieron siete. Cuando terminó la semana, eran casi cien. Hoy hay dos turnos, atendemos a domicilio a los impedidos y los jueves repartimos bolsas. Cuestan un euro, un precio simbólico para que nadie pida limosna ni nosotros practiquemos la caridad“. Los usuarios crecen, su perfil ha cambiado: del pobre crónico a la familia de toda la vida. “Es una vergüenza que algunas madres tengan que sacar a sus hijos del colegio para que les demos de comer, en vez de ser alimentados en su escuela“, protesta esta luchadora, viuda y madre de dos hijos…

Esperanza… le da hoy sustento a decenas de personas, como el jesuita supo canalizar tiempo atrás “la rabia y la fuerza” de los obreros, afirma Gabriel del Puerto, presidente de la Asociación de Vecinos del Pozo, cuya sede está ubicada en el espacio cultural homónimo. “Si esto no es hoy un centro comercial fue gracias a que la gente ocupó en los setenta el edificio, abandonado cuando terminaron las obras, y reclamó a la Administración que le diese otro uso“, presume mientras señala un viejo mapa en el que brotan los primeros bloques de viviendas de ladrillo visto, donde serían realojados los moradores.

Estupenda ilustración que quizá no resuelva los problemas prácticos a los que se enfrentan los okupas de hoy pero que éstos jóvenes gustarán de conocer pues nunca sobra confirmar que sus gestas cotidianas tienen unos gloriosos antecedentes ocultos en la verdadera Historia de Madrid. Pero no rompamos el hilo narrativo de Mariño:

Un modesto lujo en comparación con aquellas infraviviendas que se reproducían al amparo de la noche. Vidas cruzadas bajo el mismo techo, rememora Esperanza, que llegó a compartir hogar con otra familia. “Aún recuerdo cuando, antes de establecerme definitivamente en Madrid, siendo una niña, mi madre compraba a Pepe el Aguador un cántaro de agua por una peseta“. La traída, antes del Canal de Isabel II, era una mula que tiraba de un carro. Luego, gracias a las demandas vecinales, fue llegando el alcantarillado, la luz y el ambulatorio. La crisis, infelizmente, ha recuperado ahora la necesidad. “A este paso, vamos a volver al año del hambre. Por aquí viene gente que ha tenido que regresar a casa de sus padres y otra que incluso los ha sacado de las residencias para ahorrarse ese dinero y poder sobrevivir“, asegura. “Me angustia ver a familias que lo único que tienen es ganas de trabajar“.

(cf. MARIÑO, Henrique. La Esperanza sale del Pozo. El hambre ha vuelto al barrio de Madrid donde el Padre Llanos se convirtió al obrerismo. Allí, su discípula Espe García Castro se afana por ayudar a quienes más lo necesitan. 16.X.2013, en PUBLICO.es)

 

CODA

Como aquella famosa mona que, en la Antigüedad, podía llegar de Gibraltar hasta los Pirineos saltando de árbol en árbol, es indudable que Esperanza la Mala podría atravesar Madrid en cualquier sentido tocando en calles y plazas los nombres de sus remotos antepasados. Más aún, podría besar los rótulos de sus familiares incluso brincando en espiral. Incluso le sería muy barato grabar un videoclip en el que quedara memoria de su gesta. Tanto nos gustaría verlo que, por si se anima, le queremos regalar varios títulos harto cinematográficos: Tarzana de los Mandriles, Jane de los Ogros, La condesa de Shangaydrid, Bailando bajo los muertos; o, por si algún día padece pulsiones animalistas, Queen Kong vestida de seda.

Pero, si dejamos ese audiovisual por falta de presupuesto, nos queda otra manera de recordar la importancia que aquel minúsculo pueblo jiennense tiene sobre la Capital del reyno de Ejpaña. En este sentido, nos parecería justo que el callejero madrileño se equilibrara y enriqueciera con los nombres de los otros paisanos de Cambil. Por ello, concluimos, ¿para cuándo las avenidas, plazas o estadios de Antonio López Mingorance y de Esperanza García Castro?

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