Un país acostumbrado al golpismo

golpe-primo  Acabamos de vivir en directo, casi en tiempo real gracias al ínclito Ferreras, el último golpe perpetrado por las fuerzas del sistema (obvia decir quiénes son). No nos lo podíamos permitir (como cuando se acusaba a la sociedad entera de tener la culpa de la crisis). Era necesario. Eso nos dirán en los próximos tiempos, cuando ya acabe por destaparse lo evidente: Susana Díaz, los barones, el ex-rey, el rey nuevo y los de siempre, en oscuras reuniones (como cuando “la Transición”) prepararon la caída de Pedro Sánchez.  Y todo se precipitó, al parecer, cuando se supo que gentes del defenestrado líder socialista habían empezado a fraguar un acuerdo de investidura con Podemos y fuerzas nacionalistas varias. España no se puede romper. Que fácil y manido recurso para la infamia. Porque no les importa violentar la democracia que tanto dicen defender o ese espantajo llamado Constitución que incumplen desde el primer día. Para ellos, lo fundamental es conservar sus privilegios. Nos repetían en manidas tertulias a través de sus voceros o directamente a través de portavoces de esa cosa llamada PP que no había alternativa. O PP o elecciones. Pero ellos sabían, de buena tinta, que el juego parlamentario hace extraños amigos ( mejor no recordar el “Pujol de entrada no, enano habla castellano…”. Y una investidura condicionada por mil cosas era posible. Y deseable para la mayoría, con tal de desalojar la podredumbre misma  que ha representado la política del PP. Pero no pudo ser. Al final se frustró, quizás por taras del susodicho Sánchez, que no quiso desde el primer momento coger el toro por los cuernos y liderar una izquierda que queda definitivamente en manos de Podemos. Y ahora veremos cómo adjudican las culpas a Iglesias de no haber gobernado en Enero con la derecha más nacionalista española.

Pero nadie habla de esto. Los medios lo obvian como era de esperar, la gente no comenta nada. Porque nos hemos acostumbrado al pesebre. Ya nos da igual todo. Que haya un gobierno que pueda mínimamente levantar alfombras, pse, igual da. Que siga Rajoy, total fue el más votado, ¿no?. Y así estamos, con estas simplezas. Da igual que el 70 % de los sufragios fueran contra Rajoy. Basta con cuatro consignas desde los medios y todos “prietas las filas” aceptamos tranquilamente que las cosas tienen que ser así, qué más da un golpe más. O una “conspiración” (como  algunos cursis están denominándola últimamente). Una más. En el último siglo ya son unos cuantos golpes duros y blandos. Vivimos en un constante golpismo de la derecha, ante la pasividad o la complicidad de esa “izquierda”, sí, entre comillas, por decir algo. Ahora ya sin máscaras, se aprestarán a apretar el botón de la abstención “por ejpaña, coño¡”, como decía Tejero, y comó dijo antes Mola, Franco, Sanjurjo, y un poco antes Don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja que, todo sea dicho, contó en su mandato dictatorial con la ayuda del PSOE, aunque nada tenga que ver con el despojo actual.

España es un golpe, de timón dicen los repipis, un golpe bajo que duele, como diría aquel. No tenemos remedio. Toca sufrir y esperar. Esperar que tanto sufrimiento expulse, algún día, a los de siempre del lugar para el que se creen elegidos por la mano divina, para el puesto para el que han nacido: mandarnos a todos…a freir espárragos.

 

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