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De embalses y sequías

De embalses y sequías
Evolución histórica de la capacidad de embalse en España. Se aprecia el gran estancamiento desde 1990, que podría extenderse hasta 1970 de no haber sido por los más de 3 Km3 que supuso la entrada en servicio de un solo embalse: el de La Serena.

Ahora, cuando el agua (todavía) nos sale por las orejas, pudiera ser un buen momento para reflexionar, con calma, acerca de la gestión del agua y cómo se integran en ella los embalses. Esos pantanos cuya construcción reclama, como no puede ser de otra manera y ocurre siempre, un buen número de profesionales que trabajan en ello y que parecen representar los intereses de constructoras y grandes grupos agroalimentarios.

¿Un cierto interés corporativo quizá?

Pero, ¿qué embalses?

Porque los embalses, ni son todos iguales ni responden todos a las mismas necesidades, y olvidar esto da lugar a malos entendidos y a que los demagogos hagan su agosto.

Atendiendo a la función principal a la que responden, los embalses pueden clasificarse en cinco grupos:

  1. Para uso agrícola. Son aquellos que almacenan agua en los años o en los meses húmedos para permitir los riegos en años o meses secos (verano) [1].
  2. Para abastecimiento. Son semejantes a los de uso agrícola, pero las aguas derivadas se destinan al uso municipal, esencialmente al abastecimiento humano [2].
  3. Para aprovechamiento hidroeléctrico. Al contrario que los anteriores, en estos, aunque se usa, el agua no se consume, sino que se devuelve al río después del salto [3].
  4. Para regulación general. Su función es modular (regular) los caudales circulantes por el río en función de las necesidades globales a lo largo de grandes distancias agua abajo [4].
  5. Para protección frente avenidas. A diferencia de los anteriores, aquí no se hace uso del agua almacenada sino del volumen vacío en el que se pueden acumular los caudales de las riadas, de forma que la onda quede, parcialmente, laminada [5].

En lo que sigue nos referiremos solo a los que soportan usos consuntivos (riego, abastecimiento y regulación) [6].

Pero, ¿qué sequías?

Porque aquí también hay malos entendidos.

Típicamente, los técnicos diferencian cuatro tipos de sequía:

  1. Meteorológica, que se produce cuando las precipitaciones a lo largo de un determinado periodo de tiempo son significativamente inferiores a las habituales.
  2. Agrícola, asociada a las situaciones en que la humedad del suelo no es suficiente para el desarrollo vegetal. Típicamente, aunque no en exclusiva, se asocia a la vegetación natural y a los cultivos de secano.
  3. Hidrológica, que se manifiesta cuando el volumen de agua disponible es insuficiente para hacer frente a la demanda. Muy típicamente asociada a abastecimientos y regadíos.
  4. Socioeconómica, que integra las sequías anteriores con la actividad humana y que ocurre cuando la escasez de agua afecta a la vida cotidiana de las personas y a la actividad económica.

De ellas tan solo interesa, desde el punto de vista de los embalses, la sequía socioeconómica, que, por otra parte, integra a las tres restantes.

¿Para qué hemos hecho embalses?

Algo que quizá nos sirva para centrar el para qué nos sirven.

Podemos distinguir dos posibles fines, para el primero de los cuales podemos tomar el ejemplo de El Atazar, pieza clave del abastecimiento a Madrid [7].

Un embalse para enfrentar una situación en la que las infraestructuras disponibles eran insuficientes para atender la demanda de una población que, en la década de los 60 del siglo pasado, estaba creciendo desaforadamente.

Un ejemplo del segundo tipo puede ser el llamado Plan Badajoz (1952-75) [8], que incluía inicialmente cinco embalses y que nació para transformar unas 130.000 Has de secano a regadío. Un sistema de embalses en busca de un desarrollo socioeconómico de una zona deprimida.

Resumiendo, los embalses nos han servido, bien para permitir un crecimiento económico o poblacional o bien para reducir la frecuencia de las sequías socioeconómicas causadas por sequías hidrológicas. 

¿Necesitamos embalses?

Si, por ejemplo, nos centramos en Madrid, el agua disponible naturalmente, en ausencia de embalses, solo permitiría el abastecimiento de medio millón de personas, número que sube hasta los 2-2,5 millones si se considera un uso intensivo de las aguas subterráneas [9]. En cualquier caso, muy lejos de los siete millones que hoy vivimos en Madrid.

Sí. Necesitamos los embalses que tenemos y, por tanto, debemos invertir en su conservación y mantenimiento (algo que, dicho sea de forma marginal, es olvidado por nuestras administraciones hidráulicas).

Pero, ¿necesitamos “más” embalses?

Hoy, para una aportación media anual de unos 110 km3, la capacidad de embalse española es de aproximadamente 56 km3, lo que, en términos relativos, equivale a un 50%, muy por encima de la media mundial [10].

Porque, se mire como se mire [11], en España ya tenemos muchos embalses. Un buen indicador de la situación relativa entre países es la relación entre la capacidad de embalse y la demanda anual, que expresaría el tiempo que un determinado país podría sobrevivir en ausencia completa de precipitaciones y supuestos los embalses llenos. Pues bien, en un hipotético ranking mundial, España ocuparía el segundo lugar, solo por detrás del muy especial Egipto [12]. Los embalses españoles por sí solos serían capaces de cubrir la demanda total durante algo más de un año.

Fuera de que, en algún caso muy concreto, un nuevo embalse sea una buena solución para hacer frente a una situación también muy concreta, es claro que España no precisa de un nuevo plan de construcción de presas. Esencialmente porque ya lo hemos ejecutado en el pasado.

¿Más embalses para abastecimiento?

Cierto que la situación del abastecimiento en España no es perfecta y que en tiempos recientes (última década) alrededor de 500 municipios, en los que viven unas 200.000 personas, han debido ser abastecidos con cierta regularidad mediante camiones cisterna, pero esto no pide más embalses.

En efecto, se trata, en todos los casos, de municipios pequeños con núcleos dispersos, desconectados de las redes generales y abastecidos desde manantiales o pozos muchas veces con problemas de contaminación, sin hablar de averías y roturas de las redes de distribución.

¿Más embalses para regadío?

España es la cuarta potencia agroalimentaria de Europa y la décima del mundo, aunque nuestro sistema actual no está orientado a la autosuficiencia sino a la exportación. De hecho, si hablamos de exportaciones, ascendemos a los puestos cuarto en Europa y séptimo en el mundo [13].

Y es en este contexto económico-comercial en el que “maniobran” las voces que claman por nuevos embalses, porque, como decía un “aguateniente”[14] del levante español, “¿cuánta agua quiero? Si es gratis, toda”.

Porque mientras que el Plan Badajoz del que se habla más arriba buscaba fundamentalmente el desarrollo socioeconómico de una zona muy deprimida, los nuevos embalses se enfocan buscando directamente un beneficio económico (privado) [15].  

El problema radica en el casi universal principio de los rendimientos económicos decrecientes [16]. Hoy ya están ocupadas por los embalses existentes las mejores opciones en cuanto a ubicación, existencia del agua a regular e impactos sociales y ambientales.

Hoy, comparados con los existentes, los eventuales nuevos embalses serían de ejecución mucho más compleja, larga y costosa, hasta el punto de no resultar rentables económicamente.

Por ello, la reclamación de nuevos embalses tiene “truco”, como se pone de manifiesto en la entrada anterior “¿Fondos públicos para promocionar el regadío en el levante español?” [17].

Un viejo truco promovido por grupos de presión organizados y que, en palabras pobres, se resume en la pretensión de que, con fondos públicos, se ejecuten unos nuevos embalses cuyos beneficios económicos irían a esos mismos grupos de presión.

¿Entonces?

No parece necesario dar muchas vueltas para extraer algunas ideas básicas:

  • En España disponemos de muchos embalses que, en su gran mayor parte, nos son indispensables y que, por tanto, debemos mantener y conservar. Aquí es donde, fundamentalmente, debemos poner recursos económicos.
  • No es posible pensar en la puesta en servicio de un número significativo de nuevos embalses. Quizá alguno pudiera ser conveniente, pero sería la excepción.
  • En cualquier caso, esos escasos embalses nuevos que pudieran ser convenientes deben ser evaluados desde el punto de vista del bien común, sin caer en la trampa de financiar intereses económicos privado con fondos públicos.

NOTAS PERFECTAMENTE PRESCINDIBLES

[1] Un buen ejemplo es el embalse de La Serena, inaugurado en 1992 y el de mayor capacidad en España (más de 3 km3). Su función principal es la de permitir los riegos de las vegas del Guadiana. [Volver]

[2] Un buen ejemplo es el embalse de El Atazar, inaugurado en 1972 y con una capacidad de 0,4 km3. Su función principal es el abastecimiento a Madrid. [Volver]

[3] El ejemplo más significativo puede ser el embalse de Alcántara, inaugurado en 1969 y el segundo de España por capacidad (más de 3 km3).  Devuelve el agua en el pie de la presa que cierra el embalse y es el único de los citados de titularidad privada (Iberdrola). [Volver]

[4] Un ejemplo es el embalse de El Ebro (0,5 km3 e inaugurado en 1952), que, situado en Cantabria, se gestiona esencialmente para proporcionar unos caudales mínimos en el eje del Ebro en Navarra y La Rioja. [Volver]

[5] Prácticamente todos los grandes embalses reservan una parte de su capacidad para la gestión de las avenidas, pero un buen ejemplo en el que la protección frente avenidas es el uso principal es el embalse de Tous (inaugurado en 1996), que reserva 0,5 km3 de sus 0,9 de capacidad total para gestionar las avenidas del Júcar y proteger las Riberas Alta y Baja. [Volver]

[6] De los restantes, por sus características especiales, hablaremos en alguna entrada posterior. [Volver]

[7] En los años 60 del siglo pasado, Madrid, abastecida por el canal de Isabel II, estaba creciendo de un modo desaforado En una década pasó de 1,5 a 2,3 millones de habitantes, con el incremento lógico de la demanda de agua.

Madrid no disponía de agua suficiente en condiciones normales, pero, para complicar más las cosas, en 1964 se presentó un importante episodio de sequía meteorológica que obligó establecer restricciones a lo largo de todo un año, en el que en las seis semanas críticas estuvo vigente el corte total del suministro durante más de 13 horas diarias. 

Pues bien, el embalse de El Atazar fue la solución a la que se recurrió para hacer frente a esa situación y prever el futuro. Un embalse para hacer frente a unas necesidades crecientes de agua de una ciudad que ya existía. [Volver]

[8] El Plan Badajoz estaba destinado a la transformación de unas 130.000 Has (se consolidaron casi 100.000) de secano a regadío. Incluía la creación de cinco grandes embalses con una capacidad total de 3,2 km3.

Un Plan que, con el paso de las décadas, se manifestó como insuficiente. En años de sequía hidrológica extrema los embalses tenían una capacidad escasa y se quedaban pronto sin agua, lo que ponía en peligro al regadío. Para hacer frente a eso, al diseño original se le añadió el embalse de La Serena (más de 3 km3), en sustitución (parcial) del mucho más pequeño embalse del Zújar (se perdieron 0,4 km3 de este embalse). [Volver]

[9] Realmente, el Acuífero Terciario Detrítico de Madrid es un «seguro de vida» para la región. De hecho, Madrid está asentada sobre una de las reservas de agua subterránea más importantes de la Península Ibérica. [Volver]

[10] Es difícil transmitir lo que significan valores tan grandes. 1 km3 es el volumen de un cubo de 1 km de lado, pero eso tampoco dice gran cosa, quizá porque 1 km de altura sea difícil de imaginar. Por intentar visualizar lo que representan esos 56 km3 que se citan en el texto, ese volumen equivale al agua (potable) que podría mantener a España funcionando en el ámbito doméstico y urbano durante más de una docena de años. O, en otros términos, sería equivalente a que todo el territorio español quedara sumergido bajo una inundación constante de más de 10 cm de profundidad. [Volver]

[11] Dos datos muy claros y concretos: España es líder mundial en número de embalses por millón de habitantes y líder europeo por capacidad total de embalse por km2 de superficie (a nivel mundial está en el top 10). [Volver]

[12] La singularidad de Egipto deriva de su gran embalse de Assuan, acorde con las aportaciones que transporta el río Nilo a su entrada en el territorio Egipcio. [Volver]

[13] Datos del ICEX. [Volver]

[14] Aguateniente, porque, aun cuando en muchas ocasiones se hagan pasar por “agricultores”, los que auspician activamente los nuevos embalses son realmente representantes de los intereses económicos de la gran industria alimentaria y las constructoras. [Volver]

[15] El último caso claro es el del enfrentamiento de los regantes del acueducto Tajo-Segura con el Ministerio competente en temas de agua (MITECO), que acabó en el momento en que dicho Ministerio se comprometió a suministrar agua de desalación, a través de la empresa pública Acuamed, a un precio subvencionado (esto es, a cargo de los impuestos del conjunto de la población) de 0,35 €/m3, cuando el coste estimado asciende a alrededor de los 0,8/0,9 €/m3. Esto se recoge en la entrada «En la especialización ilimitada está el inmovilismo«. [Volver]

[16] “Afirma que en todos los procesos productivos, añadir más de un factor productivo mientras se mantienen los otros constantes dará progresivamente menores incrementos en la producción por unidad” (Wikipedia). [Volver]

[17] La entrada citada comenzaba así: “Empecemos por un chascarrillo que corría por la red acerca de alguien que fue presidente de una importante constructora española. Este personaje, muy hábil desplegando encantos, consiguió colarse en el avión del entonces presidente de Chile (Sebastián Piñera). Pasando sobre el desierto de Atacama, el de mayor aridez del mundo, se siente inspirado y susurra a su anfitrión: “con el desierto a un lado y el océano Pacífico al otro, ¿qué haremos, querido presidente, para traer agua dulce a este desierto y convertirlo en un vergel?” Y la respuesta que se atribuye a Piñera: “Amigo mío, cuando Vd. habla así está pensando en el dinero del estado, en la subvención. Si Vd. no pensara en el dinero público vendría aquí con su empresa, construiría las desaladoras y haría lo que fuera menester para traer agua al desierto y convertirlo en negocio. Vd. está pensando en las subvenciones porque es un empresario español acostumbrado a las ayudas públicas”. Por evitar ambigüedades, el personaje al que se situaba en el centro del dicho era Luís del Rivero, en los últimos tiempos uno de los mayores defensores de la ejecución por el estado de grandes infraestructuras hidráulicas (esencialmente presas y trasvases). [Volver]


Publicado originalmente en el blog de Agua, energía y decrecimiento el 1 de junio de 2026.