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COLECTIVO C\B BURBUJA Asóciate

General

Yo soy ETA, todos somos ETA

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Ciertas actitudes denotan la verdadera cara de un político corrupto y desvergonzado. Y no solo el estar imputado o complicado en delictivas tramas de corrupción y saqueo del erario público. Una de esas actitudes es la machacona acusación de pertenecer a la banda terrorista ETA a políticos, intelectuales y hasta a cualquier persona del común que analiza el fenómeno del terrorismo vasco, tantas veces llamado por algún líder derechista como «movimiento de liberación nacional». Poco a poco, en sus discursos, en sus soflamas, en sus apariciones telefónicas o plasmáticas en televisión, se reafirman en la cantinela: «Tú eres de ETA, sois etarras». Cuando alguien se querella contra ellos por injurias ( porque es obvio que si a alguien que no ha matado a nadie en su vida ni ha colaborado con mafias ni terrorismos le llaman asesino le están injuriando o calumniando gravemente) salen con la soplapollez de que donen el dinero recaudado transparentemente (no como ellos) a las víctimas de ETA.

Es decir, tu insultas, injurias, llamas asesino y terrorista a alguien, impunemente. Esa persona, ofendida, se querella contra tí. Y lo primero que te dice el calumniador es que, obviamente, si no donas tu dinero a las víctimas de ETA está claro que eres de ETA. Pues bien señores, según esta categorización que hacen los dirigentes del PP yo también soy de ETA. Todos somos ETA por la sencilla razón de que no somos del PP. Así de simple. Para esta minoría «ética e intelectual» llamada Partido Popular si alguien no está todo el día proclamando a los cuatro vientos que no es de ETA y que condena el terrorismo, eso significa que pertenece a ETA. O por ejemplo, según estos lumbreras, los Florianos, Barberás y Aguirres de turno, si cualquier individuo no dona continuamente dinero a la AVT y se hace socio de ella ( supongo ) ello significa que es de ETA.

Justo ahora que la  ETA ha acabado reducida a un pequeño grupúsculo al borde de la extinción, según los informes policiales. Ahora que ETA está casi muerta (aunque nunca conviene dar por muerta a la vívora). Ahora que gran parte de sus integrantes se  han arrepentido y otros muchos han optado firmemente por la acción política, llegando incluso a gobernar en muchas instituciones por la voluntad popular. Ahora que BILDU ha condenado la violencia en sus estatutos (algo que jamás hizo HB, por ejemplo). Ahora que un camino de paz y reconciliación se ha abierto en el País Vasco. Ahora resulta, según estos clarividentes del PP, que 45 millones de españoles somos etarras.

Lejos quedan aquellas marchas contra el terrorismo asesino en las que millones de ciudadanos, el que suscribe incluído clamamos contra ETA. Más lejos si cabe esos crespones negros por el vil asesinato de Miguel Ángel Blanco que propició aquel ilusionante «Espíritu de Ermua». Nada de eso les vale ya. Ahora todos esos millones de honrados y pacíficos ciudadanos somos etarras, porque ellos lo dicen.

No hay nada más que hacer ya, si queremos apelar a la coherencia de estos tipos, que pedir ante la comisaría de policía más cercana de nuestra localidad que nos detengan y confesar nuestros crímenes. En nuestra confesión diremos que, por ejemplo, mientras marchábamos aquella fatídica tarde sabatina del 13 de julio de 1997 con el miedo en el cuerpo porque nos temíamos lo peor, cuando supimos la trágica noticia del crimen del joven concejal de Ermua y lloramos de amargura, en realidad, éramos nosotros los que estábamos al lado del despiadado criminal Francisco Javier Gaztelu, alias Txapote. Allí, sí señores. Allí estábamos, en aquel tétrico lugar, detrás de Gaztelu haciendole la ola.

 

Hasta ese punto de vileza llega un argumentario que suena muy próximo al que utilizan los radicales alejados de la democracia. No hiramos sensibilidades, esas que tan tranquilas duermen tras una declaración de guerra o un recorte social. Los que perpetran este lenguaje político hediondo, sucio, puerco, estos señores, por llamarlos de alguna manera, son los que nos gobiernan. Son el PP, ese partido podrido y repleto de imputados. Ese partido que se sentó a negociar con la banda criminal vasca. Ellos, los que deberían callar para siempre después de aquello, los que han manoseado a las víctimas, los que han utilizado siempre el dolor de manera demagógica. Ahora hablemos en serio.

Ellos no son ETA, pero han causado tanto o más dolor que la criminal banda terrorista.  Si ETA fue y es execrable, abominable, deplorable, una panda de asesinos sin escrúpulos, los actuales dirigentes populares, emanados de procesos oscuros y antidemocráticos a nivel interno, han multiplicado hasta el infinito el daño a toda una sociedad depauperada y sin esperanzas por sus políticas que, lo podemos afirmar ya, han llevado a la tumba a decenas de miles de honrados y etarras ciudadanos españoles. Humildes y etarras porque para ellos, como para cualquier buen autócrata, o conmigo o contra mi. Para ellos yo soy de ETA, todos somos ETA.