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El futuro de España en el euro
Según la situación se va complicando todas las salidas a la escalofriante crisis de insolvencia que sufren varios países de la zona euro se van cerrando sin remedio. Ni eurobonos ni mega-rescate para España e Italia.
Parece claro que a día de hoy la determinación de no permitir que se rompa la zona euro continúa intacta, por lo que la única salida posible para evitarlo es utilizar al BCE, tal y como comenzó a hacerse el lunes 8 de agosto.
Hay un cierto consenso entre los analistas en que cuando las compras alcancen unos 150.000 millones el BCE arrojará la toalla y llegará la hora de la verdad, en que Alemania tendrá que decidir si da paso a la «gran Europa», con un gobierno económico y una fiscalidad comunes o bien deja que el euro salte por los aires. Al ritmo de compras actual eso pasaría aproximadamente a primeros de octubre.
Sin embargo, mi opinión es distinta. Creo que el BCE no parará en sus compras ni cuando llegue a 150.000 millones ni a ninguna otra cifra. ¿Por qué habría de hacer tal cosa? Está claro que ninguna de las dos opciones anteriores es asumible ni por Alemania ni por ninguno de los países fuertes de la UEM.
Estamos en la senda segura de una nueva recesión a nivel mundial, con lo que las presiones deflacionarias volverán con toda su intensidad, por lo que la monetización masiva de la deuda periférica no se traducirá en inflación, que podría ser lo único que frenara el proceso.
Sin embargo, este proceso no saldrá gratis. Por una parte dará enormes oportunidades a los especuladores para acumular ganancias, mientras que la inyección continua de dinero en estados y bancos insolventes redundará en una pésima asignación de los recursos, lo que deprimirá aún más la economía.
¿Qué le puede esperar a España en estas circunstancias? Está claro que estas compras tienen su contrapartida, que es un ajuste deflacionario que tendrá que continuar hasta que el déficit gemelo (público y de la balanza de pagos) desaparezca.
Pero, una vez más, nos encontraremos ante otro gobierno incapaz de tomar este tipo de medidas. Por una parte la sociedad española es un polvorín, y las duras medidas que se nos exigen provocarán, sin lugar a dudas, un estallido social. Y por otra, aun cuando estas medidas consiguieran implementarse, la economía española entraría en una espiral de deuda-deflación que provocará su implosión, incluyendo la quiebra del sistema financiero al completo (con los consiguientes rescates vía BCE).
Mi opinión es que la oposición en las calles hará que las medidas deflacionarias no se lleven a cabo más que de una forma sumamente tímida, lo que provocará la reacción por parte de Europa. Es previsible que en un escenario como ése el BCE deje caer el bono español hasta que las vías de financiación exterior se cierren lo suficiente como para que el ajuste se produzca simplemente por estrangulamiento del crédito y por lo tanto de la economía.
Nos esperan, pues, unos años sumamente duros, con fuertes caídas en la facturación de las empresas y por lo tanto grandes incrementos del paro. Estimo que de cumplirse este escenario que planteo podríamos llegar a 2014 con un 28% de desempleo oficial, momento en que nuestra economía, virtualmente arruinada, llegaría al equilibrio macroeconómico.