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COLECTIVO C\B BURBUJA Asóciate

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Emociones en una balanza, y esbozo de un llamamiento

Queridos lectores,

Me había propuesto sinceramente dejar pasar un tiempo y acabar con el paroxismo de los últimos días, pero la cascada de comentarios que aún se suceden sobre los últimos posts creo que hacen necesario que haga algunas aclaraciones y valoraciones suplementarias, que espero que sean breves. Para agilizar la escritura de este post, contrariamente a mi costumbre no haré ningún enlace. Así también el texto será más convencional y ligero de leer.

Estos últimos días han sido como un tobogán emocional. De entrada con el post sobre qué podemos hacer a nivel individual y muy centrado en el caso de una lectora que reclamaba ayuda; después, la bomba: un post sobre el peor escenario posible (compatible con ciertos condicionantes cuasi-realistas); por último, un post valorando las reacciones al anterior como una manera de discutir las dificultades que tiene el ser humano para gestionar la incertidumbre. Las reacciones que se pueden encontrar en los comentarios de estos días son de lo más diverso, aunque creo que hay un rasgo que las unifica y diferencia del tono habitual de las réplicas y contrarréplicas que se encuentran en este blog: hay mucha emotividad, muchísimas emociones a flor de piel. Después de meses describiendo de manera paciente y machucona, tediosa incluso, los diferentes informes técnicos sobre el estado de las reservas de combustibles fósiles, hemos llegado a un punto de inflexión, y lo que antes era un sosegado y desapasionado discutir, con periódicas expresiones de lógica preocupación, se ha tornado en un torbellino de sentimientos, con sensibilidades agraviadas, otros contrariados, alguno más que declara que no se volverá a manifestar en público y finalmente quien le ve la gracia al último tándem de posts.

Es cierto que hemos cruzado una frontera, cosa que de algún modo ya avisé. He acabado la primera parte del primer ciclo, que es el análisis de las predicciones sobre producción de petróleo, carbón, gas y uranio. Como en cualquier estudio científico, hay algunas certezas (todas estas materias llegarán a su cénit seguro en las próximas décadas y probablemente en los próximos años, si no lo han hecho ya) y muchas incertidumbres. Las menores de éstas últimas son las de carácter geológico-minero, pues la fecha final puede subir o bajar unos años, pero eso no cambia la sustancia de lo que se discute; las mayores incertidumbres, sin embargo, tienen que ver con la respuesta que el sistema económico, y en última instancia la sociedad, dará a los desafíos que se le plantean. Intentar predecir qué pasará es una tarea inútil, ya que el curso de los acontecimientos depende de factores que no pueden modelizarse matemáticamente. Un ejemplo que doy en la presentación, como muestra de una dirección de adaptación: si se suprime la automoción privada por completo (los casi 1.000 millones de coches y camionetas que hay en el mundo) se reduciría en un 25% el consumo de petróleo, y eso nos puede regalar entre 5 y 10 valiosísimos años para hacer la adaptación. Sin embargo, el peor escenario que yo presentaba hace dos posts tiene un sentido per se: mostrar dónde acabaremos si seguimos como si tal cosa, y tiene la misma función ejemplificadora que mostrar dónde irá a parar un vehículo que llega a una curva a toda velocidad y se sale por la recta tangente. Para algunos lectores, es obvio a dónde se va a parar y mostrar tal escenario es obsceno; sin embargo, otros apuntan a que mucha gente no tiene el tiempo o la imaginación de entender a dónde lleva esta trayectoria estúpida, y eso mismo creo yo. Refuerza esa impresión mía algunas de las preguntas y comentarios que he recibido cada vez que termino la presentación «The Oil Crash»; paradigmáticamente, mucha gente se inquieta por pensar qué pasará con los coches sin pararse a pensar primero qué pasará con las personas. Por tanto, mostrar un retrato de la magnitud del tortazo que nos podemos dar es para mí necesario, para no tener que repetirme con «los coches son irrelevantes, lo importante es el mantenimiento de la sociedad y sus personas».

Por supuesto que esperaba unas reacciones más o menos viscerales al post, y en ese sentido he de agradecer la generosidad y confianza de la gente que abiertamente se ha expresado, porque me han dado la materia prima que necesitaba para construir un alegato en favor de la racionalidad y el sosiego. El comentario de Elisa del otro día también me ha afectado a mí personalmente, porque entre otras cosas me hace profundizar en mis propias contradicciones (como con el buen ojo que la caracteriza me señalaba el otro día mi mujer), y mi inquietud es que cómo se lo tomará la mayoría de la gente cuando el tema del Peak Oil se vuelva de dominio público (lo cual cada día se ve más cerca, teniendo en cuenta las noticias que se van publicando en los diarios británicos y en menor medida en los españoles – La Vanguardia es un ejemplo paradigmático- e incluso los estadounidenses – puedo citar más de media docena de artículos en The Wall Street Journal y The New York Times). El repliegue táctico de Gabriel, que tan activo se mostró estas últimas semanas, me preocupa, ya que siendo el un peakoiler de cierta solera me da la impresión de que está perdiendo la esperanza de convencer a la sociedad. Por otro lado, despertar a la sociedad, movilizar las conciencias, es uno de los objetivos de esta iniciativa (el lema de oilcrash.net es «La urgente necesidad de cobrar consciencia»). Renunciar a divulgar, informar y movilizar es casi aceptar seguir por la línea recta y salirnos en la curva.

Debo hacer aquí dos incisos necesarios. El primero, en respuesta al comentario de Jacobo sobre la excesiva calidad del lenguaje que uso en este blog, que dificulta que se me pueda seguir y hacen mis escritos completamente crípticos al común de los mortales; en suma, mi registro no se adapta bien a mi audiencia. Debo alegar en mi descargo dos motivos que justifican que me exprese como lo hago. La primera, que el objeto de mis ensayos los va a hacer completamente insoportables para mucha gente, no acostumbrada a razonar en términos analíticos; no olvidemos, además, que nuestra sociedad ridiculiza el esfuerzo, sobre todo el intelectual, y ensalza el pasotismo y el desdén. Por tanto, aunque cambie el lenguaje The Oil Crash no será nunca una lectura de masas. Tampoco pretendo que lo sea; como le comentaba ayer a mi amigo PPA por teléfono, TOC es más un manual para profesores que un libro de texto para los alumnos. Y en segundo lugar, creo que un uso cuidado del lenguaje reviste de la seriedad que se requiere los ensayos técnicos, lo cual ayuda a su credibilidad; de alguna manera, un lenguaje formal es la vestimenta adecuada para mi trabajo, del mismo modo que el uso de una ropa adecuada en determinadas ocupaciones ayuda a construir la necesaria imagen de profesionalidad. Por resumir: expresarme de manera coloquial no hará que el público generalmente despreocupado preste atención a estos temas, y sí que me restará credibilidad.

El segundo inciso es sobre mi opinión personal sobre cuál es el curso que seguirá la crisis energética en la que, a mi entender, ya estamos inmersos. A estas alturas creo que debería de estar bastante clara, para cualquiera que lleve algún tiempo siguiendo el blog, pero para lectores como Miuda y quizá otros creo que es importante explicitarla. Yo creo que estamos a tiempo de hacer cambios que nos lleven a una adaptación razonable, aunque al mismo tiempo observo ciertos factores preocupantes que pueden agravar la situación. No tengo una idea clara de qué pasará: mi intuición es que en algún momento del declive que seguramente traerá restricciones en pocos años (2012 como dice Lloyd’s, 2014 como dice ahora ITPOES) se impondrán medidas de contingencia que evitarán un agravamiento continuado de la situación ya que, como ya hemos comentado, los poderes políticos conocen y comprenden la situación. Sin embargo, aún conociéndola, la inercia de los intereses corporativos les mueve a ser demasiado conservadores, apostando como mi amigo Hank a que esta crisis es en el fondo pasajera y de algún modo resoluble por los cauces tradicionales, y eso nos llevará a malgastar un tiempo precioso en mejorar nuestra adaptación. Habrá adaptación, que duda cabe, en muchos casos la que improvise gente como Gabriel, como Hortelano y como tantos otros, y por eso el golpe no será tan catastrófico, pero sin un cambio de la sociedad igualmente puede haber mucho dolor y sufrimiento completamente innecesarios y evitables. En añadidura, no podemos descartar que una sucesión de eventos no-lineales, en este mundo tan interconectado, no desemboque en un proceso de degradación más acelerado de lo deseable; mi preocupación mayor en este momento es que si China entra en recesión dejará de comprar deuda de los EE.UU. y de otros países, como España, y puede desestabilizarlos afectando al comercio mundial, a los beneficios de las empresas, de rebote a la exploración y desarrollo de los campos de petróleo y gas que necesitamos solamente para mantener la producción actual, e inducir así una bajada precipitada, económica y no geológica, de la producción de energía y desencadenando el Oil Crash de manera plena. Ciertamente, tampoco podemos descartar que otros factores también no-lineales produzcan el efecto contrario y el declive sea más gradual. De ahí la necesidad de contar con un buen modelo de gestión de la incertidumbre.

Ya por acabar, la cuestión final es: ok, ya sabemos que las reservas declinan o lo harán en breve, y ya sabemos que si no se hace nada podríamos colapsar. ¿Qué hacemos, pues, cuando resulta que la sola contemplación del Oil Crash repugna al entendimiento y puede asustar a la gente? Pues delante de una noticia negativa, lo importante es saberla presentar de manera positiva, por increíble que parezca. No le ofrezcas a la gente un mundo de terror y desesperación; al contrario, invítala a participar en un proceso constructivo y desafiante, en un reto colectivo comparable a la construcción de las pirámides, por el cual seremos recordados por las generaciones futuras. De igual manera que la sociedad inglesa fue enardecida por los discursos de Churchill llamándoles a resistir hasta la muerte en pro de una Gran Bretaña heroica y mejor, así nosotros hemos de construir un alegato que saque lo mejor de nosotros mismos y de nuestra sociedad, que nos haga luchar por un futuro brillante y más justo.

Señores lectores, recojan las velas de las tempestades emocionales de los últimos días y usen el impulso de ese torbellino para ayudarnos a escribir esa arenga, ese alegato. Yo compilaré los inputs que me den, y espero que el OCO redacte con todo ello una declaración, para que sea su bandera y la de Vds., la de todos nosotros.

Salu2,
AMT