Imagen de http://www.thwink.org. Adivinen a qué corresponden esas bonitas curvas en color.

Queridos lectores,

Últimamente va siendo norma común entre los comentaristas aludir al BAU (abreviatura de bussiness as usual, “negocios como de costumbre” o “negocios como siempre”, en inglés) como forma de referirse al sistema económico y productivo actual, con todos sus vicios y defectos, los cuales nos acabarán llevando todos al abismo del colapso y, si nos descuidamos, de la extinción. Sin embargo, fuera del contexto de este blog la expresión tiene un significado diferente, y que aunque llevado a sus extremos implica, por supuesto, la destrucción de la biosfera y de nosotros mismos, conviene aclarar de qué estamos hablando y saber diferenciar dónde radica el mal de hacer negocios como siempre. Simplemente, porque un posicionamiento maniqueo anti-BAU nos puede llevar a un extremo tanto o más negativo de lo que nos ha supuesto el BAU.

La expresión Business as usual ha sido habitualmente atribuida a Winston Churchill por su mención en un discurso sobre la determinación del pueblo inglés de no rendirse durante la Primera Guerra Mundial y seguir el normal curso de sus vidas; sin embargo, se ve que la expresión ya era común hacia 1800. BAU significa que la actividad económica, comercial y financiera sigue su curso normal, su cotidiano quehacer; originalmente se usaba para recalcar que se continuaba operando normalmente después de una dificultad (un incendio, un accidente), pero con el tiempo se ha usado para simplemente decir “estado normal de los negocios”. Tanto es así que es normal cuando se diseñan escenarios de prospectiva uno de los escenarios se denomine BAU, lo que en este contexto quiere decir: “continuando con las tendencias actuales”, y este escenario se suele tomar como la referencia respecto a la cual mejorar o no empeorar. Por ejemplo, en el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía se suele dar un escenario BAU de evolución del consumo de la energía en los años venideros. Por tanto, BAU en muchos casos quiere decir, simplemente, seguir haciendo lo que ya estábamos haciendo, prolongándolo de manera lógica. ¿Qué es, por tanto, lo que está mal del BAU, de ese hacer negocios como siempre?

El mal no está tanto en hacer negocios, ya que hacer negocios forma parte esencial del ser humano en tanto que ser social. Nadie es plenamente autosuficiente y una diversificación razonable del trabajo aumenta la eficiencia y la productividad. Lo cual no es ya deseable por aumentar la producción (que es en lo único que se piensa hoy en día y lo que lleva a tanto despilfarro), sino porque es la única manera de cubrir todas la necesidades. Es por ello que tampoco es razonable, ni deseable ni en realidad factible que todo el mundo vuelva al campo a cultivar. Una vez que se garantice alimentos suficientes para toda la población, el objetivo ha de ser cubrir otras necesidades específicas, y al tiempo mejorar la productividad de las existentes, empezando por las agropecuarias. De hecho, si se quiere hacer una buena gestión de los recursos escasos se tiene que diversificar y especializar la mano de obra, como la Historia nos muestra con tanta frecuencia al observar civilizaciones pasadas; y es que, una vez más, no hace falta reinventar la rueda. A partir del momento en que la actividad productiva es diversa y no todos producen de todo surge la necesidad del comercio, lo que acaba llevando al dinero y a los negocios. Pero eso en sí no es inflacionario sino connatural a la actividad humana desde tiempos inmemoriales, y puede ser perfectamente sostenible como a lo largo de la Historia así generalmente ha sido.


En realidad el verdadero mal del BAU está en el como siempre, cuando, además, no siempre se han hecho así los negocios, es decir, buscando sólo y contínuamente ganar más y más dinero, creciendo siempre exponencialmente. Ha sido posible hacer negocios de esta manera cuando hemos conseguido saltarnos a la torera los límites que nos marcaba férreamente las limitaciones en las cosechas, la escasa productividad, etc. Con la llegada de la Primera y la Segunda Revolución Industrial nuestra productividad aumentó dramáticamente gracias al ingente flujo de energía del carbón primero y luego del petróleo, y más tarde con la Revolución Verde los campos aumentaron de manera inimaginable su productividad. Esto hizo que el hombre pudiera actuar durante un tiempo como si no hubiera límites, ya que su proceso de expansión, hasta entonces muy limitado por los condicionantes físicos, fue imparable durante casi dos siglos. Dos siglos, a escala humana, es mucho tiempo: son unas seis generaciones de seres humanos, tiempo más que suficiente para que se pierda la memoria viva de otros tiempos y bastante largo como para que se mitifique y trivialice la tradición oral de un pueblo, sobre todo si es desarraigado de sus orígenes (éxodo a las ciudades). También es tiempo más que suficiente para que unas colonias inglesas se conviertan en la nación más poderosa del mundo, y para que sus facultades de economía y escuelas de negocios den lecciones a todo el planeta de cómo se ha de gestionar esta abundancia sin fin. Lo malo es que las premisas de estos economistas se basan en un momento histórico concreto, la explosión de los combustibles fósiles, y como ya no queda nadie vivo que haya conocido otra manera de hacer, y la bonanza dura tanto tiempo como para hacer pensar que no tiene por qué no ser permanente, pues se ha asumido que es permanente y toda la teoría económica moderna se basa en tal hipótesis. Esto llevó a montar un sistema económico esencialmente inflacionario porque se apoya en un sistema financiero intrínsecamente expansionista, basado en el crédito con interés. El dinero que se te presta hoy tendrá que se devuelto en cantidad aumentada mañana, y encima has de sacar suficiente para vivir. Eso resulta muy difícil de conseguir si la economía no crece, y por tanto las cosas van bien cuando la economía crece, de manera percentual (exponencial) y a buen ritmo, de modo que se devuelven sin pena los créditos y todo el mundo es feliz. Sin embargo, si no se puede seguir produciendo más, si los recursos del planeta no son capaces de sostener la apuesta… entonces sobreviene una crisis, esta crisis, que no puede acabar nunca.


Así pues, el problema no proviene tanto del deseo de los seres humanos de vivir mejor o de sacar fruto a su industriosidad y capacidad inventiva, sino el haber montado un sistema muy eficiente y rápido en la explotación de recursos que no ha sido capaz de incorporar la economía como parte de un ecosistema, como parte de un sistema vivo, con sus insumos y sus execrencias, sus entradas y salidas dentro de un sistema cerrado, global, el planeta Tierra. Cuando el Ser Humano comprenda que es un ser vivo más, un animal más, que forma parte de un hábitat complejo que él mismo prefigura, y que sus acciones no pueden extenderse sin límites, entonces podrá adoptar un sistema económico en la línea de la economía ecológica o de los estudios en economía estacionaria que le podrá llevar a su plenitud. Mientras no pase eso, los recursos se continuarán repartiendo ineficientemente y causando desigualdades.


Por tanto, querido lector, la próxima vez que alguien le pregunte qué es lo criticable del BAU, ya sabe cuál es la respuesta: “lo de siempre”.


Salu2,
AMT


P. Data: Hablando de BAU, este martes día 20 a las 19:00 doy una charla en la Biblioteca Sagrada Família de Barcelona, dentro del acto de inauguración de una exposición organizada por la Asociación Catalana de Cultura Científica. Mi presentación no tiene absolutamente nada que ver con el peak oil o los problemas de sostenibilidad, sino con mi trabajo BAU, y más concretamente sobre mi patente sobre procesamiento de imágenes y otras señales digitales. Vayan si quieren, verán imágenes chulas y retazos de lo que es hoy la investigación en España; eso sí, no me pregunten por el Peak Oil, que ese día no toca ;)

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