El laberinto iraní por Antonio Turiel

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Queridos lectores,

Son varios los lectores que me han pedido, aquí y en otros foros, que dé mi opinión sobre lo que está pasando en el teatro internacional con Irán, y sobre la eventual guerra que se podría desatar contra ese país. Como norma general, soy bastante reacio a opinar en asuntos como éste, dado que no poseo una bola de cristal para adivinar el futuro ni tengo contactos con el Estado Mayor del Ejército de los EE.UU. (la probable potencia agresora) como para saber qué está pasando por la cabeza de los generales de no sé cuántas estrellas que pululan por esos ámbitos. Porque, a la hora de la verdad, es mucho más importante lo que crean esas personas que lo que sepamos nosotros sobre la realidad de los recursos energéticos de este planeta. Así pues, me veo incapacitado para prever cuál será el curso de los acontecimientos. Sin embargo, los movimientos de los distintos países, y en particular de la Unión Europea, parecen una ópera bufa que posiblemente sí que merecen algún comentario desde la perspectiva de lo que realmente hay en juego y lo que se puede conseguir o perder. Por tanto, dedicaré este post a analizar sucintamente estas cuestiones, las meramente materiales, y cómo pueden estar influyendo en algunos de los movimientos que se están observando. Lo que al final suceda, eso sólo el tiempo nos lo dirá.

La primera cuestión que se debería tener en cuenta es cuál es la razón real del conflicto. Se dice que se debe al interés de Irán de dotarse de armas nucleares, con lo que desestabilizaría la región. Sin embargo, tal razón suena a excusa. Incluso si Irán quisiera dotarse de la bomba atómica, no parece ésa una buena razón para atacarle preventivamente, es decir, sin mediar agresión de Irán contra ningún otro país. Al fin y al cabo, y contrariamente a lo que a veces se hace creer en los diarios, las armas atómicas son armas tácticas, pensadas para no usarse y más bien para evitar una agresión. Ningún país usaría primero un arma atómica sabiendo que la represalia sería del mismo tipo. Si los países contendientes poseen misiles balísticos intercontinentales el resultado es la Destrucción Mutua Asegurada, y por más que se diga nadie está tan loco (aún) como para destruir directamente su país, aún cuando se insiste en presentar a los líderes iraníes como locos radicales. Pero es que encima Irán no tiene capacidad balística intercontinental, con lo que Irán resultaría destruido por los EE.UU. sin que su represalia pudiese llegar más lejos que Israel, como mucho. Así que en el fondo lo que molestaría de la presunta búsqueda de la bomba por parte de Irán es que ya no se le podría atacar de forma convencional, razón que no puede aducirse porque ya es una muestra de cinismo sin límites. Pero, como veremos, es muy improbable que en realidad se quiera atacar a Irán. Por demás, con el uranio que podría procesar en un tiempo razonable Irán podría dotarse de unas pocas bombas tácticas, sin capacidad real de crear una gran amenaza para toda la zona, y siempre lejísimos de los miles de ojivas nucleares de las grandes potencias. Así que la razón real no es, no puede ser, el presunto intento de Irán de dotarse de armas de destrucción masiva. 

El petróleo parece como un interés mucho más claro y evidente para motivar esta guerra, aunque la cosa no es tan simple como podría parecer, como explicaremos.


La segunda cuestión es a quién beneficia y a quién perjudica este conflicto. Porque lo que está en juego aquí no es sólo el petróleo iraní, sino el comercio del 20% de todo el petróleo mundial que pasa a través del Estrecho de Ormuz, que en realidad representa casi el 40% de todo el petróleo que se exporta. Porque Irán tendría muy fácil bloquear, y de una manera bastante permanente (simplemente sembrándolo de minas), este estratégico paso, y eso sin plantearse destruir instalaciones estratégicas en los países vecinos (cosa que en un momento de desesperación podría hacer). Los comentarios de Pedro Prieto a un análisis publicado en la web de Crisis Energética deja las cosas bastante claras:


Los EE. UU. consumen unos 19 millones de barriles diarios

Los EE. UU. importan 11,6 millones de barriles diarios (61% de su consumo)
Pero del golfo Pérsico apenas importan 1,7 millones de barriles diarios.
La dependencia de EE. UU. del petróleo que pasa por Ormuz es del 15% de sus importaciones, pero de apenas un 9% de su consumo total.
La UE 27 consume unos 15 millones de barriles diarios
Las importaciones de Europa son de 12 millones de barriles diarios.
De ellas unos 2,5 millones de barriles diarios vienen del golfo Pérsico
La dependencia de Europa del petróleo que pasa por Ormuz es del 20% de sus importaciones y de un 16% de su consumo total.
China consume unos 9 millones de barriles diarios.
Las importaciones de China son de 6 millones de barriles diarios
Las que provienen del golfo Pérsico son cerca de 3 millones de barriles diarios
La dependencia china del petróleo que pasa por Ormuz es de cerca del 50% de sus importaciones y del 33% de su consumo de petróleo total.
La India consume 3,3 millones de barriles diarios.
India importa 2,6 millones de barriles diarios, que pasan por el Estrecho de Ormuz.
La dependencia india del petróleo que pasa por Ormuz es del 60% de su consumo nacional.
Japón consume 4,5 millones de barriles diarios.
Japón importa 4,6 millones de barriles diarios.
De ellos, 3,6 millones de barriles pasan por el estrecho de Ormuz
La dependencia de Japón del petróleo que pasa por Ormuz es del 78% de su consumo nacional.”

En suma, ¿quién sería el gran perdedor de una guerra en Irán? Así resulta fácil entender por qué China se opone a esta guerra, al punto de considerarla casus belli, y eso que aún India no se ha pronunciado sobre la cuestión.

La tercera cuestión que resulta preocupante es la tendencia un tanto cínica entre analistas informados que pretende hacer ver que Irán es de algún modo como Irak, tanto en dificultad de conquista como en tamaño de los tesoros esperables. Nada más lejano a a la realidad, como uno se puede dar cuenta simplemente analizando los datos públicos. Fíjense en el siguiente gráfico extraído de la web Flujos de Energía, usando datos del BP Annual Review, y que sintetiza la situación de Irak:





No hay datos de consumo ni exportaciones, pero aún así los datos disponibles (producción) son muy significativos. La producción de petróleo iraquí tiene forma de dientes de sierra, con caídas abruptas marcadas por eventos clave en la historia bélica de este país. Primero, en 1980, cuando comenzaba la guerra con Irán; fíjense que a Irak le costó 10 años recuperarse de esa caída de producción. Pero en 1991 Irak invadió Kuwait y fue posteriormente machacado por ello por los EE.UU., el cual impuso un embargo que impidió explotar los recursos iraquíes a fondo. Y para cuando los efectos del embargo se relajaban y la producción volvía a máximos históricos, de repente la producción vuelve a caer, en 2003, cuando por primera vez Irak se ve envuelto en un conflicto, la Segunda Guerra del Golfo, que no había iniciado él. El caso es que en los últimos 30 años Irak no ha podido explotar a fondo sus riquezas petrolíferas y por eso se especula con que este país podría llegar a producir si se explotase adecuadamente.


Por contraste, veamos qué pinta tiene Irán:



Varias cosas llaman la atención. Primero, la mayor transparencia de los datos. Por seguir, una historia de producción petrolífera más constante, con un ligero estancamiento  y caída brusca cuando triunfó la Revolución Islámica y comenzó poco después la guerra con Irak. Desde entonces, una historia de producción bastante convencional, con una eficiencia productiva inferior a los años de la preguerra. Y fíjense que el máximo de producción se alcanzó poco antes de 2010 y ahora podría estar a punto de declinar. Pero es que encima hay otra gran diferencia entre Irak e Irán: Irán es mucho más grande que Irak, tanto en extensión geográfica como en población (79 millones frente a 32 millones de habitantes), y encima un país montañoso y fuertemente militarizado.


Y la cuarta cuestión, y no es la menor, es por qué sube el precio del petróleo. Sube porque si se ha de cumplir el embargo a Irán al que la Unión Europea se ha sumado tan alegremente las compañías no pueden contratar ya pedidos a seis meses, puesto que ya entran en el período de embargo. Pero, ¿de dónde vamos a sacar ese petróleo? No se sabe. Las refinerías calculan las mezclas de petróleo para adaptarse a la mejor estrategia de refino según la temporada, y faltando el petróleo iraní tendrán que hacer mil cábalas para buscar la nueva mezcla adecuada. Sin embargo, a nadie se le escapa que mientras no se imponga no un embargo sino un bloqueo nosotros podríamos acabar comprando el petróleo a otros suministradores, y otros clientes no adheridos al embargo (China, India,…) importar directamente de Irán. Entonces, ¿por qué sube el petróleo? ¿Quizá porque está comenzando a manifestarse el declive del crudo, en línea con el declive del 5% anual de los campos en explotación anunciado por el CEO de Shell, Peter Voser, el pasado Septiembre? ¿O quizá porque empieza a haber una peligrosa inestabilidad política en Arabia Saudita, con destrucción de oleoductos incluida?


¿Cuáles son las conclusiones que se puede sacar de todo esto?

  • No se puede compensar la pérdida del petróleo iraní. Sin bloqueo habría un arbitraje, y si hay bloqueo nos metemos en un grave problema, puesto que Arabia Saudita no es capaz ni quiere aumentar su producción, como ya explicamos en su día.
  • La posición de la Unión Europea es una pose imposible. Necesitamos el petróleo iraní, sin él nuestros problemas económicos se agravarán sin cesar.
  • Entrar en guerra en Irán es simplemente suicida, aparte de obviamente ilegítimo. Lo único por lo que podría tener sentido, y por lo que no lo descarto completamente, es que serviría para  machacar las infraestructuras y la industria del país para dejarlo en la Edad Media, como dice PPP, y así conseguir que baje su consumo interno para que aumente la cantidad de crudo disponible para la exportación. Retorcido, sí, pero eso fue en el fondo lo que se hizo en Irak. La pega de este plan es que no sólo te cargas la industria en general, sino en particular la petrolífera y después cuesta a volver a producir lo que se producía, y máxime cuando los campos ya están maduros y deben ser cuidados con mimo para mantener la producción. Fíjense que Libia aún no ha conseguido recuperar los 1,6 Mb/d de producción que tenía antes de la guerra y se sitúa aún en los 0,9 Mb/d.
  • Seguramente no hay intención de entrar en una guerra de verdad, sino de desestabilizar el país. Recordemos que hace menos de 3 años hubo grandes revueltas en protesta por los resultados de las amañadas elecciones, en un país con más de un 50% de población menor de 25 años, y donde las perspectivas laborales y sociales son muy limitadas. Esto conseguiría poco riesgo para los aliados tanto desde el punto de vista militar como de imagen respecto a otros países árabes, mantendría -con un poquito de ayuda- la industria petrolera intacta mientras todo lo demás puede arder. Parece un plan perfecto.

Y Vd, querido lector, ¿qué cree Vd.?


Salu2,
AMT

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