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Valoración de la victoria de Trump desde la perspectiva ecologista

Durante estos días estoy leyendo mucho sobre el desagrado que provoca la victoria de Trump por la catadura del personaje: racista, xenófobo, machista y negacionista climático. Sin embargo, veo que la muchos de los análisis se quedan bastante en la superficie, posiblemente por las dificultades para encuadrar este acontecimiento desde un punto de vista amplio.
A Trump según mi opinión se le puede calificar dentro de una reacción autoritaria, xenófoba, dirigista en lo económico y nacionalista a una crisis económica particularmente grave y persistente para la gente común. Este juicio no lo hago a la ligera, sino después de analizar en detalle sus propuestas. Tiene muchas similitudes con lo visto en la reacción fascista de los años 30. Si analizamos la reacción fascista más destacada de la época, el régimen nazi, podemos ver cómo el gobierno de Hitler implementó medidas fuertemente expansivas en lo económico, con programas muy amplios de obra pública y por supuesto de rearme. También fue un régimen machista, ya que procuró arrinconar a la mujer a posiciones sumamente subordinadas, nacionalista y xenófobo (esto desde luego es ampliamente conocido).
Echo de menos sin embargo profundizar en lo que significa esta deriva de la hiperpotencia mundial desde el punto de vista ecologista. Los ecologistas concebimos la evolución de la sociedad mundial desde el siglo XVIII en el sentido de una utilización masiva de recursos energéticos que permanecían inaccesibles para los seres humanos y por supuesto para cualquier otra forma de vida. Es decir, que una especie de nuestro planeta, nosotros, fue capaz de forma repentina de utilizar esa capacidad de los combustibles fósiles de proporcionarnos la exergía que necesita la vida para su expansión o simplemente su continuidad. Siguiendo la dinámica habitual en cualquier forma de vida que accede de esta manera a un recurso nuevo hemos seguido una curva exponencial de utilización del recurso que llevará a un cénit y después a un colapso. Esto para un ecólogo moderno es una absoluta obviedad.
Los movimientos ecologistas, al menos en su mayoría, a lo que aspiran es a que la especie humana supere esta dinámica ciega y evite un destino que causará sufrimientos extremos a los que vivan (o vivamos, pues la fecha se desconoce) para cuando se produzca este agotamiento. Ello implicaría un autocontrol que hasta el momento ha fracasado de forma miserable. En este contexto es como creo que el movimiento ecologista debe analizar la vistoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales del pasado 8 de noviembre.
Donald Trump propone, y eso ha sido una de las claves de su victoria, una fuerte expansión económica mediante políticas keynesianas que supondrán, en caso de que las lleve a cabo, un cambio importante respecto a las políticas de la oferta que se impusieron a partir del consenso de Washington en 1989. Es decir, lo opuesto a lo que propone el movimiento ecologista, que es una reducción en el uso de los recursos, un mejor reparto y un cambio de valores. Trump propone más uso de recursos, desprecia los avisos sobre su agotamiento y mucho más desprecia las evidencias de los efectos negativos del uso masivo de los combustibles fósiles en forma de cambio climático y de la actividad industrial en forma de contaminación.
Por lo tanto pienso que la victoria de Trump supone una derrota gravísima de los movimientos ecologistas y posiblemente, y desde un punto de vista histórico, llegará a considerarse un punto de inflexión en la Historia en donde pudimos elegir y elegimos el peor de los caminos.