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Drive (2011)

Aunque no suelo hacer críticas de películas, de hecho creo que es la primera que posteo, tras ver ayer esta película de 2011, que tuvo excelentes críticas, no me he podido resistir.
Las películas o las novelas son muchas veces reflejo de la mentalidad predominante de la época a la que pertenecen, y esta no es diferente. Enmarcada en la tradición del cine negro, podemos ver a unos malos que tampoco ofrecen mayores particularidades: explotadores, codiciosos, crueles, mentirosos, egoístas… Bien retratados, pero sin novedades adicionales a lo que ya estamos acostumbrados.
Es cuando nos centramos en los «buenos» cuando la película adquiere interés. Además del relativismo moral del protagonista, que trabaja de delincuente a tiempo parcial, lo que más llama la atención es el aislamiento extremo en el que viven tanto él como ella. Son seres humanos totalmente exentos de vínculos comunitarios. Representan el individualismo de la sociedad actual llevado a la máxima expresión. Parecen ser, especialmente él, la materialización del lema de nuestra sociedad posindustrial: «lo que no consigas por ti mismo nadie te lo dará». El éxito y las buenas críticas de la película dan fe de que esta filosofía del ser humano-isla está cada vez más afianzada, sobre todo en la sociedad de los EEUU, y que los intentos de dar marcha atrás en la tendencia de momento han fracasado.
No está de más recordar, antes de terminar esta breve reseña, que muchos interpretamos esta deriva social como un movimiento interesadamente promovido desde las élites para debilitar la capacidad de resistencia de los débiles frente a los abusos de los poderosos. Los débiles solo les pueden hacer frente mediante la unión, el apoyo mutuo y la organización, y las personas aisladas de los demás, como los protagonistas de «Drive» son el sueño húmedo de los poderosos. Así nos va.