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Comentarios al Manifiesto del COC, por AUyL

Comentarios al Manifiesto del COC, por AUyL

Presentación

A continuación presentamos una serie de comentarios críticos a nuestro Manifiesto que Agrupación Unidad y Lucha (AUyL) nos ha hecho llegar hace unos días.

Consideramos que en este documento hay planteamientos muy interesantes, otros con la suficiente importancia para ser profundizados y debatidos ampliamente por nosotros, así como también encontramos reflexiones que no compartimos en absoluto.

AUyL expone, desde su punto de vista, ambigüedades, contradicciones e inconsistencias de nuestro Manifiesto. Para nosotros es valiosa esta lectura de nuestro texto y nos obliga a atender sus consideraciones de manera vasta.

El Manifiesto lo publicamos hace siete meses, desde entonces nuestras nuestras concepciones políticas han experimentado una mayor precisión en sus contenidos, otras han sido corregidas, hemos adecuado conceptos e incorporado nuevos razonamientos y puntos de vista sobre los temas que en aquel entonces manifestamos públicamente. En este contexto, la crítica de AUyL se convierte en un importante revulsivo para la elaboración y desarrollo de nuestros principios políticos fundamentales, así como para el refinamiento de nuestras perspectivas programáticas.

Colectivo Obrero Comunista


Comentarios al Manifiesto del COC, por AUyL

Comentarios al Manifiesto del Colectivo Obrero Comunista

Agrupación Unidad y Lucha

2 de octubre, 2026

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Advertencias

Tras largas sesiones de discusión, fuimos ubicando elementos que podían destilarse a su forma más elemental. Verán ustedes que una parte muy importante de la discusión que planteamos tiene que ver con la concepción de lo espontáneo y lo consciente, creemos que éste es un punto neurálgico en donde convergen tanto problemas como posibles soluciones a la situación por la que el movimiento comunista lleva atravesando ya varias décadas. Además de ello, abrimos la discusión sobre el concepto de “minorías con perspectiva revolucionaria” y los “organismos de lucha y organización proletarios”. Creemos que ambos conceptos nos deben llevar inevitablemente a los conceptos de Partido y de los Consejos Obreros, y en ese sentido estamos trabajando: por esclarecer ambos conceptos y los límites del trabajo teórico en esta tarea.

Consideramos que este primer acercamiento teórico-crítico a conceptos “canonizados” (e.g. vanguardismo) dentro del movimiento comunista es un paso necesario para ir superando el tipo de praxis actualmente existente (e insuficiente) y para ir construyendo una praxis que se corresponda con las condiciones actuales del capitalismo y del proletariado moderno.

Es importante que de una vez lo digamos: nosotros vemos que un rasgo en su manifiesto es la mezcla entre elementos pertenecientes a la concepción clásica leninista y elementos pertenecientes a la concepción de Pannekoek; al menos nuestra percepción actual de las cosas nos dio esas alertas y esa es la tónica en la que escribimos estos comentarios: tratando de descubrir en qué puntos nuestro análisis es correcto y en qué puntos flaquea. Para nosotros también ha sido un reto muy grande poder distinguir y criticar esas posiciones. La resolución de estas contradicciones necesariamente llevará a una elevación y superación de estas concepciones.

Sobre el Partido Comunista

Muy importante es mencionarles que el concepto de “Partido” es algo que nos ha llevado a un estudio teórico-crítico importante. Si bien en los documentos que hemos publicado entre mayo y el día de hoy se hace alusión al concepto de Partido, no es hasta recientemente que nos hemos internado en una discusión mucho más seria al respecto. Dicha discusión/estudio ha entroncado con el análisis y la discusión alrededor de su Manifiesto. Cabe aclarar que el “problema” del partido no tiene aún solución dentro de nuestro colectivo ―y no creemos que sea posible resolverse ni de manera exclusivamente teórica ni tampoco dentro de un sólo grupo de comunistas―, por lo que les compartimos a continuación lo que es y no es para nosotros, hasta el día de hoy, el Partido Comunista.

El Partido Comunista es un organismo del que se dota la clase organizada. Pero ésta es una simple abstracción. Podríamos intentar dar una definición rígida y bien delimitada, sin embargo, consideramos que no hay manera de definir a priori cuál es la forma concreta que adopta el proletariado organizado, por lo tanto, tratar de darle una definición a un elemento obscuro y que esencialmente es producto social del proletariado organizado para la emancipación del capital, es como tratar de dibujar a detalle aquello de lo que sólo podemos ver algunas partes de su contorno, su silueta o su sombra. ¿Qué es y qué no es el partido para nosotros? El partido es una organización de la clase que se conforma en un momento determinado del desarrollo de la lucha de clases. Dado el desarrollo actual del capitalismo y de la clase trabajadora, el partido ha de ser un organismo internacional y de ninguna manera nacional ni regional. El partido tiene una relación indisoluble con otros organismos de lucha y de organización de la producción, es decir, con otras expresiones del movimiento organizado de los trabajadores [Asambleas? Consejos obreros?]. El partido no se desarrolla al margen de los organismos de la clase, no puede estar separado de ellos ni puede imponerse a ellos, no puede suplantar la organización de la clase.

Es que tanto el partido como otros organismos de la clase [Asambleas, Consejos obreros] son los organismos de los que se dota el proletariado para librar una guerra de clases, son la manifestación tangible, concreta y real de que la clase tiende hacia la revolución. Por tanto, el partido no puede “formarse antes” de que amplios sectores de la clase tomen conciencia de su tarea histórica y se movilicen para hacerla realidad. El partido es un proceso social, y como tal, es reflejo de las necesidades históricas de una clase que se mueve ya por las sendas de la revolución. El proletariado revolucionario, alcanzado cierto grado de conciencia y de organización, requiere de un organismo cualitativamente superior a los colectivos comunistas aislados y desperdigados por el planeta. Es decir: cuando el grado de desarrollo político de grandes capas del proletariado requiere, necesita objetivamente de la organización internacional del comunismo como guía para su lucha (es decir, cuando otras formas de organización demuestran en la realidad ser insuficientes para darle un rumbo a las luchas del proletariado) ahí es cuando surgen las condiciones para la existencia del partido comunista. Históricamente han existido organizaciones que se hacen llamar “Partido Comunista” pero que no cumplen con las tareas que históricamente imponen las condiciones existentes en las que se encuentra el proletariado, estas organizaciones obran (aún sin quererlo ni desearlo y muchas veces sin saberlo) en contra de los objetivos históricos del proletariado; éstas organizaciones, sin importar el nombre que se adjudiquen, no son en realidad el organismo que la clase necesita, sino un lastre que comete el error de autonombrarse Partido Comunista en vez de convertirse en el organismo necesario para impulsar la lucha del proletariado. Entonces el partido comunista tiene una función, y es la de asegurarse que su clase tenga esa enorme constelación de herramientas y elementos para llevar a cabo exitosamente su revolución; si la revolución no se concreta, entonces dicho organismo no fungió realmente como el Partido Comunista, sino que fungió como un organismo incompleto (que no alcanzo las condiciones necesarias para convertirse en PC), u opuesto al movimiento real, o como correa de transmisión de la clase antagónica, pero nunca como Partido Comunista. El partido no puede “construirse a priori” a través de fórmulas o recetas porque no es un modelo rígido, prediseñado, sino que es un organismo vivo que se va retroalimentando del movimiento real de la clase. ¿Las minorías con perspectiva revolucionaria son el partido? Creemos que no lo son: las minorías actualmente existentes son, nuevamente, manifestación de un proletariado débil y confundido, disperso. Así de disperso como está el proletariado, así mismo están sus organizaciones políticas. Una minoría dispersa, aislada territorial y políticamente, sin conexión real con el movimiento de la clase no puede ser de ninguna manera partido comunista pues no se corresponde con las necesidades reales e históricas del proletariado contemporáneo. Las minorías con perspectiva revolucionaria son el reflejo del estado en el que se encuentra el movimiento proletario; así como el partido internacional tendrá que ser forzosamente reflejo de una clase enlazada internacionalmente, combativa en una lógica revolucionaria y dotada de los elementos necesarios para librar una guerra a escala internacional contra el capital. Entonces el objetivo no es en sí la construcción o la reconstitución del partido, el objetivo es que los comunistas vayan asegurando que las condiciones en las que se desarrolla el capitalismo contemporáneo sean socialmente subvertidas, que la revolución proletaria tenga posibilidad real de éxito; es decir, el partido se constituye como tal en tanto el proletariado conquista para sí las condiciones para la emancipación del capital.

No hemos más que dibujado algunos trazos del contorno oscuro de lo que es para nosotros el partido comunista al día de hoy, y en este sentido es en el que nos referimos a dicho concepto a lo largo de este texto.

Comentarios al manifiesto

Sección I

COC: «En un mundo que se dirige aceleradamente a una conflagración imperialista de gran escala, creemos firmemente que es nuestra obligación luchar decididamente por alcanzar la sociedad comunista destruyendo al Estado capitalista, la propiedad privada, las relaciones burguesas de producción, así como las mercancías, el dinero, el derecho burgués, la familia y, desde luego, las clases sociales».

Creemos que la conflagración imperialista de gran escala es un fenómeno que puede tener múltiples interpretaciones y que a medida que las tensiones entre las naciones avanzan, más y más plataformas y medios con una perspectiva no-comunista van descubriendo este fenómeno y endosándole sus interpretaciones. La conciencia sobre la posibilidad de un conflicto mundial es algo que, al día de hoy, no es exclusivo de los comunistas. Por ello, creemos necesario que éste fenómeno pueda ser explicado de la forma más amplia posible por los comunistas, de manera que las diferencias con respecto a las interpretaciones p.ej. geopolíticas, socialdemócratas, etc. queden bien delimitadas. Nosotros sabemos, desde su texto Algunas lecciones sobre la proclamada victoria iraní, que ustedes tienen un avance en sus posiciones con respecto a la guerra, las republicanas que han hecho de los números de Carta Contra la Guerra (CCG/LAW) refuerzan su postura internacionalista y en contra de cualquier bando burgués. Creemos que es de suma importancia que esas posiciones se vean reflejadas (o al menos referenciadas) en su manifiesto.

Sección II

COC: «Es cierto que muchos enfoques tácticos que el movimiento comunista del pasado nos ha legado como premisas marxistas, realmente no lo eran».

Nos gustaría, si fuera posible, que profundizaran un poco sobre cuáles consideran ustedes que son esas premisas marxistas [que] realmente no lo eran.

COC: «Hoy se vuelve necesario retomar el camino revolucionario que nos permita revolucionar nuestra propia praxis para que ésta se asiente en los principios fundamentales del marxismo:» y aquí enuncian siete principios.

Es una cuestión de forma: creemos que sería más adecuado llamarles, más que “principios fundamentales del marxismo”, “principios marxistas de nuestra colectividad”. Y no porque no reflejen conclusiones importantes a las que ha llegado el marxismo, sino porque no refleja, en el fraseo, que son elementos y conclusiones con las que su colectividad está de acuerdo.

Otro tema que quisiéramos traer a la discusión es el que tiene que ver con el término “marxismo”. Nosotros no estamos aún seguros de llamarle “marxismo” al cuerpo teórico del comunismo, por la carga personalista del término, que se le dio desde la época de la socialdemocracia. Tanto Marx como Engels criticaban el uso retórico que se le dio en su tiempo a la palabra “marxismo” y rechazaban etiquetar el movimiento con ese nombre1; porque semánticamente puede ir acompañado de una simplificación del desarrollo histórico de la teoría comunista, es decir: puede pasarse por alto que ésta no ha sido desarrollada por un solo personaje o solo por sus “verdaderos seguidores” (aun reconociendo las enormes aportaciones de ciertas personas), sino que es el producto del gran movimiento del proletariado en su conjunto, que es una teoría viva y en movimiento.

Esta discusión ―sobre cómo hacer referencia a la teoría comunista― llevó a nuestro colectivo, en un primer momento, a cambiar la palabra “marxismo” por “socialismo científico” dentro del texto Crisis general del capitalismo y nuevamente guerra imperialista (entendido el “socialismo científico” como símil del cuerpo teórico del proletariado revolucionario, la teoría comunista), sin embargo, sabrán bien que los camaradas de LAW han vertido una importante crítica al uso retórico de éste concepto en el cuarto punto de la sección dedicada a nuestra agrupación, dentro de LAW #5. Ustedes notarán entonces que aún no logramos poner claramente, y en lo concreto, la posición que acá les compartimos. Pero tenemos algunos comentarios: la teoría comunista no se genera al margen del movimiento proletario; tampoco es el resultado de la “genialidad” de un individuo o grupo de individuos que desarrolla una teoría acabada de la realidad para ser puesta en práctica por sus discípulos2; sólo es científica si se basa en la confirmación práctica de lo que se afirma en la teoría, y en la rectificación de ésta última cuando resulta insuficiente para describir y transformar la realidad como se propone; debe ser en realidad *praxis* pues no pueden escindirse ni mecánicamente3, ni socialmente4, ni temporalmente5 “teoría” y “práctica”; se enriquece con el desarrollo histórico: a través de la comprensión de éste mediante sí misma (mediante el materialismo histórico) y a través de la integración de los desarrollos de la ciencia al cuerpo histórico-crítico; por eso es una teoría viva y en movimiento.

Sobre los puntos enumerados6:

1. [¿Cuál teoría del partido?]

En éste primer punto ustedes hablan de que «el marxismo […] forma la teoría del Partido». En el marco de la discusión que tuvimos con ustedes sobre el balance del 1ro de Mayo, ustedes abrieron un tema fundamental en su segunda carta (la que nos hacen llegar el 18 de mayo del 2026): el tema del partido y de las distintas concepciones que existen sobre éste. Nos gustaría saber, cuando ustedes hablan de la teoría del Partido, ¿se están refiriendo a alguna concepción particular del mismo?

2. [Primer alusión a una crítica de la concepción leninista]

En este punto no nos queda claro a qué sección del proletariado debe penetrar la teoría. ¿Podrían clarificar? ¿Desde donde penetra? el uso de la palabra “penetrar” nos parece problemático pues sugiere que la teoría se encuentra fuera del proletariado y que debe insertarse desde fuera como la concepción kautskiana-leninista sugiere.

6. [Pedir claridad sobre “la clara y marcada separación entre las masas”]

Al tomar de Pannekoek esta cuestión sobre la «clara y marcada separación entre las masas», ¿cómo comprenden ustedes ésta afirmación?

7. [Los comunistas orientan, ¿pero qué relación tienen con respecto a la clase?]

Dada la hegemonía de la concepción (o de la tergiversación e interpretación superficial) del marxismo-leninismo que tiende a separar al partido y a las masas, una nota al pie que clarifique que esa «clara y marcada separación entre las masas» se refiere estrictamente, y como Pannekoek afirma, a la separación entre oportunistas y revolucionarios nos parecería adecuada.

Estamos muy de acuerdo con el punto. Los comunistas no planifican la revolución, no crean las luchas, trabajan para que la ruta que tome la clase en su conjunto sea aquella que lleva hacia la emancipación del capital y hacia el comunismo. Y en ese mismo sentido, las luchas de la clase están limitadas si no existe orientación por parte de los comunistas.

Sin embargo, lo que acabamos de decir no es ni remotamente suficiente para formar una imagen rica de lo que es el proletariado. La clase no es simple y llanamente “masas en movimiento espontáneo” esperando a que un elemento externo venga a “dotarles” conciencia o a “dirigirlas”. Y de la misma manera, un proletariado desprovisto del horizonte comunista no puede llevar a cabo su tarea histórica. Existe aquí un problema histórico en la concepción del partido que debe ser trabajado; en gran parte nos referimos aquí al dominio ideológico que existe de la concepción kautsky-lenin sobre el partido. Y es que pareciera, según éstos, que existen dos “aspectos” antagónicos dentro de la clase: el movimiento espontáneo (de las masas) y la consciencia revolucionaria (contenida en el partido). Ésta es una discusión que hemos estado teniendo dentro de AUyL. Preliminarmente podríamos decir que creemos que el problema central de la concepción kautskiana-leninista del partido tiene que ver con una variedad de posiciones que se recargan más en una visión sobre el fenómeno que es mecánica-dualista en vez de dialéctica (e.g. la oposición “espontáneo-consciente”, o “masas-vanguardia”, o el “dentro-fuera del movimiento”), cuestiones que nos parecen al menos susceptibles de ser discutidas.

Tocaremos este tema con mayor profundidad en nuestra réplica a los puntos 14, 16, 17 y 18.

8. [Matices sobre la revolución proletaria, la autonegación del proletariado]

Creemos que éste punto tiene algunos aspectos débiles en su formulación. Entendemos a qué se refieren cuando dicen que «la misión histórica de la revolución proletaria es colocar los bienes y la riqueza social en manos de las masas obreras», sin embargo, nos parece que no pinta un cuadro completo de lo que tendrá que ser la revolución proletaria. Primero. Su punto puede ser susceptible de una interpretación obrerista: creemos que las masas obreras comienzan un proceso de cesar de existir como clase a partir de una revolución proletaria internacional, pues la revolución es un proceso a través del cual la clase obrera se niega a sí misma y al capital como relación social. Así es que en éste punto no se hace mención (aún cuando se haya tocado en I) sobre la superación-destrucción de las clases sociales, esto es, tanto de la burguesía como del proletariado, como parte ineludible de la superación-destrucción del capitalismo; al contrario, al hablar de colocar los bienes y la riqueza social en manos de las masas obreras, creemos que no se especifica con claridad que las masas obreras deben desaparecer como tales ni que la cuestión de que la riqueza se vuelve verdaderamente social al conquistar la emancipación del capital. Segundo. Entre éste punto y el punto 9 no se toca la cuestión sobre la ley del valor ni el trabajo asalariado (nuestro entendimiento es que la valorización de mercancías a través del trabajo asalariado es un pilar fundamental del modo de producción capitalista). Además de la cuestión sobre la propiedad privada (la crítica hacia el uso exclusivo del concepto de propiedad privada y no de propiedad burguesa en general) ya ha sido criticada por LAW en su #1, cuestión que nos compete también a nosotros (pues usamos el mismo concepto en nuestra presentación), por supuesto; estamos en consonancia con los apuntes que hacen los camaradas de LAW sobre este tema y lo traemos acá. Y tercero. Es una sutileza. Creemos que al usar el fraseo « […] colocar los bienes y la riqueza social en manos de las masas […]» se puede estar colando una concepción de la revolución en tercera persona con respecto a las masas obreras. Nosotros creemos que la revolución no coloca (en tercera persona, en pasivo) los bienes y la riqueza social en manos de las masas, creemos que la clase trabajadora destruye (en primera persona, en activo) el capital, el trabajo asalariado, la ley del valor, las mercancías, las clases sociales y con ello la sociedad capitalista, permitiendo que la humanidad unificada se haga dueña (por sí misma y de forma activa, ya sin las cadenas de las clases) de su propio trabajo, de la dirección consciente de la producción y de la sociedad, y por ende, de la riqueza producida socialmente. Y aún siendo una sutileza, creemos que en la semántica también puede reflejarse una concepción de las cosas, por eso no nos limitamos en nuestra vigilancia.

9. [Proletariado internacional, violencia política, militar e ideológica]

Otra pequeña sutileza. Es el proletariado internacional (énfasis en internacional) quien «tendrá que ejercer su violencia política organizada [en contra de la contrarrevolución] en función de preservar su triunfo». Creemos que ésto es importante señalarlo; las agrupaciones comunistas no internacionalistas (o con una concepción incorrecta del internacionalismo proletario) han hecho un monumento (o monolito, mejor dicho) al proletariado nacional y han dejado en último término el trabajo internacionalista proletario, suplantando éste por “redes de apoyo” en una tónica absolutamente acrítica y que terminan por reforzar las concepciones nacionalistas o antiimperialistas del proletariado que pretenden “apoyar”. Sin hacer hincapié en este elemento -como las organizaciones internacionalistas que somos-, podríamos estar dejando pasar inadvertida una forma de trabajo (nacionalista, etc.) que debe ser erradicada en cualquier organización que se haga llamar comunista.

Además de lo anterior, la violencia política debe ir acompañada de violencia militar y violencia ideológica en contra de los esfuerzos contrarrevolucionarios. Pero ¿Cuáles son los esfuerzos contrarrevolucionarios? Creemos que ese es un tema amplio y complejo que debe pasar forzosamente por la crítica comunista para evitar reproducir formas retóricas de “combatir la contrarrevolución” que resultaron (y resultan) ser un disfraz para combatir, aplastar y subordinar al proletariado a la dictadura del Partido, a la dictadura de la burguesía “roja” y a la reproducción del capitalismo “rojo”.

10. [Programa del KAPD]

No nos posicionamos respecto a este punto pues no hemos entrado en un estudio y discusión sobre las posiciones del KAPD, pero sí está considerado dentro de nuestro trabajo.

11. [Relación entre partido y consejos]

Esto clarifica en parte lo que les hemos cuestionado en el punto 1 sobre su concepción del partido. No obstante, quedan lagunas importantes: ¿Cuál es la relación entre los consejos obreros y el partido, hacia donde debe apuntar?, ¿se encuentran separados, qué los separa?, si es así ¿permanecen separados?, ¿existe subordinación de uno sobre otro?

En nuestro caso, comenzamos considerando que el Partido se podría formar antes de los momentos álgidos de lucha de clases, pero ahora hemos llegado a la posición de que el partido, al ser un organismo que refleja el grado de desarrollo de la clase, no puede formarse ni antes ni después de los momentos álgidos de la lucha, sino a la par del desarrollo y elevación de la clase misma. LAW escribe que «si los consejos revolucionarios del proletariado emergen sin un partido internacional, o si un partido internacional emerge sin movimientos de masas proletarios desafiando el poder del Estado burgués, entonces algo está mal. Las fuerzas negativas están en juego en las tensiones y las luchas de clases. La ausencia de cualquiera de los elementos es perjudicial; esto debe estar claramente establecido».

12.

Estamos de acuerdo. Es un planteamiento esencialmente abstracto, pero correcto.

13. [Problematizando más el concepto de partido]

José Revueltas en “Ensayo sobre un proletariado sin cabeza” hace una alegoría del proletariado (en aquel momento, del proletariado mexicano) al asimilarlo con un titán o un coloso, pero un coloso que prescinde aún de su cabeza, del partido comunista. Creemos que ésta alegoría es correcta: tanto la “cabeza” como el “cuerpo” son parte del titán, no pueden separarse, y tampoco puede existir el titán sin uno o sin el otro; es decir, la existencia del titán, del proletariado como clase revolucionaria sólo puede darse bajo la condición de la transformación de la clase como tal en movimiento revolucionario. Revueltas, inmerso en esa compleja relación con el marxismo-leninismo7, ya advertía (quizá indirectamente aún) los problemas que acarreó la concepción “clásica” leninista (¿Qué hacer?) sobre el partido y (aquí sí directamente) la forma en la que la “ideología oficial” de la URSS mistificó e irracionalizó dicha concepción para afianzar el poder del partido. Esto nos lleva a una pregunta: yendo más allá de lo que mencionan en éste punto ¿ustedes consideran que solamente el partido «muestra el camino a seguir»? ¿consideran que existe discusión y retroalimentación entre los consejos y el partido?, volvemos a las preguntas del punto 11: ¿cuál es la relación entre el partido y los consejos?. Nosotros empezamos a ver que la relación tendría que ser recíproca entre consejos (u organismos de lucha y organización del trabajo de la clase) y partido, además de que ésta relación debe transformarse conforme avanza la revolución para evitar un anquilosamiento del partido y la formación de una nueva clase dirigente.

En este punto nosotros admitimos que nuestra actividad reciente (i.e. la lectura crítica del ¿Qué hacer?) nos ha llevado a revisar minuciosamente los planteamientos que hemos hecho durante los últimos meses acerca de los comunistas y el partido. Por ejemplo en nuestras bases programáticas que les enviamos a finales de abril (~26 de abril, dentro de la primera versión de “Crisis general y nuevamente…”), nosotros afirmamos que el partido lo conforma toda la clase; esta es una afirmación que ya está siendo analizada críticamente y que de hecho eliminamos en la versión pública del citado texto. Por otro lado, en nuestra última carta al balance del 1M (21 de mayo) afirmamos que: «Puesto que el comunismo solo existe en tanto que incide en la realidad para transformarla, nosotros afirmamos que los comunistas no pueden existir en lo abstracto, no hay comunistas mientras no haya movimiento comunista». Y que «el comunista solo existe si hay un movimiento proletario dirigido hacia la revolución». Son planteamientos en los que en general seguimos en concordancia pero que hemos tratado de profundizar. Por ejemplo: la cuestión de la praxis es algo que ha ocupado nuestra atención últimamente: la praxis no puede entenderse como la vieja fórmula de “fusionar teoría con práctica”, la praxis es una cuestión más profunda que tiene que ver con que la clase trabajadora direccione su fuerza, sus energías, sus pasiones y su perspectiva del futuro hacia la construcción del comunismo. Ahí la consigna de “fusionar teoría con práctica” resulta reduccionista e incluso puede ser confusa y llevar a que algunos consideren que “hacer práctica” y “hacer teoría” ya es praxis. En este momento la concepción más avanzada que tenemos del partido se encuentra en la sección de Advertencias, en el apartado “Sobre el Partido Comunista”.

14. [Crítica a “el partido genera”, crítica al “espontáneo-consciente”]

Nosotros creemos que la conciencia de clase se desarrolla en la lucha contra el capital, complementada y elevada por la visión comunista del mundo. En este sentido, creemos que el partido no genera conciencia de clase entre las masas trabajadoras, sino que facilita que la conciencia ya existente forjada por la lucha contra sus condiciones de vida y contra el capital se torne revolucionaria, comunista, es decir que apunte hacia la emancipación del capital, hacia la revolución proletaria. Aquí quisiéramos, para reforzar el argumento, profundizar aún más sobre lo que hemos venido discutiendo. La concepción clásica leninista (“¿Qué hacer?”) dice sobre el proletariado ruso ―después de experimentar las huelgas de los años 1890’s―: que éste va descubriendo el (o “va despertando al”) «antagonismo entre los obreros y los patronos» pero que sin embargo «los obreros no tenían ni podían tener conciencia de la oposición irreconciliable entre sus intereses y todo el régimen político y social contemporáneo»8 (negritas nuestras). Para nosotros, esto significa, para Lenin, que ser consciente sobre el antagonismo entre obreros y patrones no es equivalente a comprender en su amplitud la esencia de ese antagonismo: la oposición irreconciliable entre la clase trabajadora y toda la formación socioeconómica en pie. La lucha que se deriva de ésta conciencia que tienen los obreros sobre el antagonismo es, según Lenin, una lucha exclusivamente tradeunionista. Es decir, que esa lucha, sin un enfoque revolucionario (sin el factor consciente), queda restringida por los márgenes que impone la legalidad burguesa, el sindicalismo, la lucha exclusivamente por las mejoras económicas, el terrorismo, el activismo, la lucha en el terreno del voto, las supuestas “terceras vías”, etc. Sin la participación de la teoría comunista dentro de la lucha y dentro de la concepción misma de la lucha de los trabajadores, la concepción que tiene el proletariado de la transformación de las cosas es básicamente la que la burguesía imprime en la conciencia de los trabajadores, tanto ideológicamente como a través de las formas de respuesta que da a la lucha obrera y que, consecuentemente, va moldeando la conciencia del trabajador. En resumen, según la concepción del ¿Qué Hacer?, la conciencia que tienen los trabajadores del antagonismo entre trabajador y patrón/centro de trabajo/etc. no es suficiente para comprender el capitalismo, su desarrollo y sus contradicciones, su esencia. Preliminarmente, dada nuestra experiencia en ciertas luchas laborales y con algunos grupos, creemos que este planteamiento particular es correcto exclusivamente en el siguiente sentido: el proletariado no puede alcanzar una conciencia y un entendimiento vasto sobre el funcionamiento real del capitalismo y las consecuencias políticas y organizativas que esto implica sin la participación de la teoría comunista como una concepción del mundo que reorganiza y dota de elementos nuevos al entendimiento del fenómeno. Sin embargo, nosotros no creemos que ésto suceda porque el proletariado sea incapaz por sí mismo de «tener conciencia de la oposición irreconciliable entre sus intereses y todo el régimen político y social contemporáneo» (Lenin), o porque la ciencia resida en la intelectualidad (Kautsky), sino que aquello es así por el obstáculo que representa la ideología burguesa (Pannekoek) -socialdemocracia, sindicalismo, voto, conciencia ciudadana, etc.- como forma de entender, como de practicar la lucha política y económica por parte de la clase trabajadora.

Volviendo a Lenin. Uno de los aspectos medulares de la concepción contenida en el ¿Qué hacer? es el que se desprende (parecería que lógica e históricamente, pero en realidad creemos que es más complicado que eso) del planteamiento anterior: el que tiene que ver con que «la conscienciasocialdemócrata sólo podía ser traída desde fuera».9 Este punto se vuelve problemático si consideramos lo que Lenin menciona apenas unos párrafos antes, eso de que «la doctrina teórica de la socialdemocracia ha surgido en Rusia independiente por completo del crecimiento espontáneo del movimiento obrero, ha surgido como resultado natural e ineludible10 del desarrollo del pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas».11 Y si agregamos la extensa cita que Lenin hace de Kautsky más adelante, en el apartado b) El culto a la espontaneidad. Rabochaya Mysl. … Creemos que esta afirmación de que la teoría socialdemócrata surge en Rusia «completamente independiente del crecimiento espontáneo del movimiento obrero» es una afirmación excesivamente tajante, y potencialmente ―si no es que abiertamente― errónea. De no ser tratada con cuidado y de ser elevada a un “principio general”, creemos que puede ser una fuente profusa de dogmatismo. Otros problemas que hemos detectado son el uso ambiguo del concepto de “espontaneidad” (el crecimiento «espontáneo» del movimiento obrero es por lo menos limitado o problemático para Lenin, pero por otro lado el desarrollo «natural e ineludible» (!12) del pensamiento entre los intelectuales lleva a buen puerto13); laconceptualización obtusa y francamente economista de la clase por parte de Kautsky, su concepción mecanicista de lo “espontáneo” y lo “consciente”, etc., etc.

A diferencia de lo que acabamos de exponer, nosotros creemos en este momento que el entendimiento del capitalismo no lo “poseen” de antemano los comunistas, ni que lo “desarrollan” de antemano para luego llevarlo a los trabajadores; es decir, no es algo que se desarrolle «independientemente» ni al margen del movimiento obrero. El comunismo es un movimiento, una praxis que involucra simultáneamente el entendimiento sobre la realidad y su transformación. Es ahí donde pensamos que empieza a flaquear la concepción kautskiana-leninista que opone rígidamente “espontaneidad” y “conciencia”. En términos del Lenin de 1902: el comunista inserta conciencia revolucionaria al trabajador “espontáneo”. En nuestra visión de las cosas el comunista orienta al trabajador, pero de la misma manera la lucha (el movimiento, mejor dicho) de éste orienta a aquel: la teoría comunista no se fragua en el vacío, sino en su conexión directa con el movimiento de la clase, de manera que ésta refleje correctamente la realidad. Entonces… ¿es necesario oponer mecanicamente espontaneidad a conciencia? ¿es válido decir que el comunista inserta la conciencia al movimiento? ¿lo espontáneo es realmente no-consciente? Señalamos seriamente que esa concepción de las cosas es limitante y muy posiblemente incompleta.

Pannekoek afirma en “Revolución mundial y táctica comunista” que la conciencia es resultado del desarrollo material, que la conciencia sí se puede desarrollar de la propia experiencia de las masas. Que el obstáculo para que las masas adquieran la conciencia comunista es el dominio de la ideología burguesa, y que ahí es donde entra el partido o el comunista.

Dicho todo esto, en términos generales creemos que el partido no genera ni inserta conciencia de clase sino que facilita o incentiva que la conciencia generada por la lucha contra el capital se torne revolucionaria: el partido facilita que toda la actividad de la clase (conciencia, política, lucha económica) tome un rumbo revolucionario, es decir, trabaja para que la concepción de los trabajadores sobre sus luchas, sobre la transformación de las cosas (en lo particular y en lo general) se enriquezca a tal grado que logre vislumbrar la posibilidad (y la necesidad) de la transformación a través de la revolución proletaria, al mismo tiempo (y a medida que) logre observar los límites de los métodos “típicos” de lucha y confirmar que la teoría comunista refleja correctamente la realidad y le brinda elementos para comprender los límites de su propia práctica. Nuestra crítica va en el siguiente sentido: dado el riesgo de una formación burocrática de los organismos de la clase (la historia nos da la razón en este punto), lo que señalamos críticamente es que el centro de las tareas llegue a ser “formar al partido” o “formar los consejos” en vez de sentar y poner las condiciones para que el movimiento del proletariado se vuelva revolucionario, condición que, de ser resuelta, vendrá acompañada de la dotación de los organismos adecuados para realizar la revolución: el partido internacional y los consejos obreros.

A nuestro parecer, esta discusión no es ociosa pues tiene que ver con un problema práctico bastante concreto: ¿Bajo qué concepción de la conciencia, del movimiento, de lo “espontáneo” nos acercamos a los trabajadores? La idea que se tenga de estos conceptos repercute profundamente en la praxis que se desarrolle.

15.

Estamos de acuerdo con ustedes.

16. y 17. [Crítica al concepto de “espontáneo”]

Como mencionamos en los primeros puntos, creemos que dentro de la literatura marxista el uso del concepto de “espontáneo” muchas veces tiende a ser ambiguo. Dado que lo “espontáneo” es susceptible de tener múltiples connotaciones, entonces puede asociarse a algo que no surge por completa voluntad propia, o algo que es parcialmente consciente de la realidad en la que se está embebido, o algo que es natural (tanto en su connotación positiva-consciente e.g. “el capitalismo dará lugar naturalmente al comunismo”, como en su connotación negativa-mecánica e.g. “los obreros tienden naturalmente a luchar por cuestiones económicas”), etc.14 En este caso ustedes toman de Pannekoek que «las revoluciones irrumpen espontáneamente», ¿podrían profundizar y decirnos cuál es el concepto de espontáneo que ustedes tienen?

En Marx, el concepto de espontáneo se asocia al concepto de “natural”, algo que, en términos muy generales, surge como resultado de las circunstancias y sin “intervención externa” (ver Manuscritos económico-filosóficos, El Capital y Manifiesto del partido comunista). Lo espontáneo para Lenin (en el ¿Qué hacer?) es un concepto que se amplía sobre la base del concepto de Marx: lo espontáneo es el resultado del despliegue natural15 de las circunstancias. El impulso espontáneo para Lenin no es absolutamente ciego, los obreros tienen agencia sobre su propio actuar y deciden cómo llevar a cabo su movimiento. Pero son ciegos ante la totalidad del fenómeno de la sociedad de clases: el antagonismo entre trabajadores y patrones se muestra en su forma más superficial , por ejemplo como una lucha contra la injusticia, los abusos, etc. pero no como una cuestión asociada a las sociedades de clases y la lucha de clases como fenómenos ricos e históricos. Lo espontáneo, en dicha concepción, es resultado directo de las fuerzas materiales haciendo presión sobre la clase trabajadora, no es resultado de la proyección de la ideología comunista sobre la realidad. De ahí que Lenin haga una contraposición entre el elemento espontáneo y el elemento consciente. Lo espontáneo como lo natural y lo consciente como lo que critica lo natural. Pero el problema es más profundo y complicado que ésto: la concepción del partido dominante al día de hoy (la del marxismo-leninismo) se basa en la concepción clásica del ¿Qué hacer?. Aún no tenemos los elementos históricos suficientes para saber si el solidificar, mistificar e irracionalizar una supuesta contraposición entre lo “espontáneo” y lo “consciente” es algo que realizó la “filosofía soviética oficial” o si es un problema que emana de Lenin y Kautsky mismos, reproducida por los bolcheviques, por la tercera internacional y por los partidos comunistas que se adhirieron a las ventiún condiciones (y sus “herederos” al día de hoy).16 Uno de los problemas de ver lo espontáneo como lo no-consciente (o incluso sólo como lo “embrionario de lo consciente”, Lenin) está en el peligro de demeritar las experiencias propias del proletariado, la experiencia real en sus luchas (aún erróneas, aún mal orientadas, aún derivando en fracasos) que les brinda elementos para ir criticando y construyendo su propio movimiento; ésta visión de las cosas tiene el peligro de generar una percepción sobre un proletariado pasivo: una clase políticamente inactiva que pasa por fases de levantamiento espontáneo, que no les pueden brindar de ninguna manera los elementos para elevar su concepción de las cosas y que se encuentra en espera y en dependencia de ese elemento externo.

Tanto con ustedes como con Pannekoek estamos de acuerdo con que el partido no hace la revolución y que ésta la hacen las masas, un principio que Marx y Engels defendieron celosamente. Pero la discrepancia tiene que ver con que se caracterice a la revolución como una irrupción espontánea sin definir ésta con precisión. Evidentemente el concepto de “espontáneo” de Pannekoek es más rico que el de Lenin, pues involucra una “autoconstitución” de las masas, haciendo alusión a una especie de autonomía, o auto-organización (e.g. soviets, asambleas voluntarias), apuntando hacia la relación dialéctica entre la espontaneidad y la conciencia (sin oponerlas mecánicamente).

El problema tiene que ver con que el proletariado se manifiesta y organiza de múltiples y variadas maneras. Pongamos algunos ejemplos. 1) Una marcha convocada al vapor pero que refleja un malestar más o menos generalizado puede ser un movimiento sin cohesión, sin programa, en donde aquellos que participan asisten más por sus inclinaciones individuales, por un reconocimiento individual del problema, pero no guiados por una concepción de un cambio colectivo y auto-organizado, sino por una de “sumarse” o del clichesco “la unión hace la fuerza”. 2) Un paro o una huelga, aún siendo luchas “económicas”, ya denotan un grado específico de discusión interna y debate entre los participantes, organización y puesta en marcha de los medios por los cuales buscan alcanzar sus objetivos. Sabemos que sin un período largo de discusión y de polémica entre trabajadores una huelga o un simple paro de labores, por más corto que sea, son ilogrables. 3) Una acción de masas en donde grandes cantidades de personas salen, guiados por un sentimiento común: ya no en el sentido de la “suma de individuos” que representan algunas marchas civiles, pero tampoco gracias a una organización bien extendida y coordinada a través de los sectores participantes (e.g. disturbios contra ICE en la zona metropolitana de Los Ángeles), aquí lo que se muestra es una movilización veloz y masiva, ya no contenida por los márgenes de la “civilidad” burguesa, pero tampoco dotada de los elementos organizativos que le permita escalar su acción a proporciones amenazantes para la clase dominante. En fin, podríamos seguir. Los ejemplos sobran, la cuestión es: de todas las formas en la que se manifiesta u organiza el proletariado, ¿cuáles son “espontáneas”?, y si no son espontáneas entonces ¿qué son?

A nuestro parecer, puede haber confrontamientos violentos, momentos de lucha en general que sí surgen de esa “espontaneidad” incapaz de vislumbrar plenamente la raíces del problema que buscan combatir, pero que gracias a la experiencia vivida pueden ser terreno fértil para que la conciencia revolucionaria eche raíces. Aún sin ser comunistas, los movimientos de la clase ya muestran o una tendencia hacia la reproducción acrítica de los métodos y concepciones agotadas o una tendencia hacia la crítica de lo viejo, hacia la búsqueda de lo nuevo.

Queremos ser claros: nosotros creemos que no hay forma de que una suma cuantitativa de manifestaciones inconscientes se vuelva revolucionaria, le den cuerpo a una revolución -que no puede ser más que un suceso histórico consciente-. Si, hipotéticamente hablando, lo espontáneo fuese igual a lo inconsciente entonces la revolución como suma de irrupciones espontáneas es una cosa imposible. Nuestra conclusión a este punto es que sin una consciencia revolucionaria más o menos desarrollada en volúmenes más o menos considerables de la clase, la revolución no puede darse.

18. [Crítica a lo psicológico y a la revolución sin partido]

Creemos que la conciencia es algo que parte de las condiciones materiales que existen en cierto período de la historia. Las fuerzas determinantes para el surgimiento de una revolución no pueden reducirse unicamente al factor psicológico o a la influencia de eventos mundiales. Los procesos revolucionarios son procesos históricos altamente complejos, a los que les da forma una variedad y multiplicidad de circunstancias y determinaciones. Una revolución social es resultado, entre muchos otros elementos, de la toma de conciencia por parte de amplísimas masas de la población sobre lo que une y relaciona aspectos de la realidad primera y aparentemente disconexos; es resultado de la profundización de la conciencia sobre aspectos históricos, políticos, sociales y económicos de la realidad, y el eventual descubrimiento y el entendimiento cada vez más profundo, cada vez más amplio, cada vez más racional de la conexión interna entre todos ellos. Una revolución es resultado de una decisión que comienza, sí, en el aspecto personal y regido por los factores psicológicos contemplando también económicos, sociales, personales, etc.–, pero que se extiende necesariamente a pequeños grupos primero y, si las circunstancias son propicias, a una amplia y gruesa mayoría que decide tomar el rumbo de la historia en sus manos. Bajo esta concepción de las cosas sería al menos problemático querer “catalogar” las expresiones concretas del movimiento social hacia la revolución dentro del cajón de lo “espontáneo” o el cajón de lo “consciente”; no es porque no existan momentos en donde el movimiento carece de una dirección clara hacia donde caminar ―como hemos mencionado en el punto anterior―, o donde los acontecimientos terminan arrastrando al movimiento tras de sí en vez de suceder al revés; no es porque no existan momentos en donde una conciencia más o menos plena y profunda sobre la realidad permite a quienes la tienen llevar el timón de su propio movimiento, dirigirlo a conciencia, organizarlo y poner en práctica sus concepciones de las cosas, ni porque no existan momentos de una conciencia ampliamente extendida sobre las cosas, que lleva a que el movimiento se articule con potencia y proyecte sus fuerzas y energías con vigor y en una dirección bien definida. Algún leninista podría decirnos que esto que acabamos de describir son momentos de “espontaneidad” y momentos de “consciencia”, respectivamente, pero nosotros diferiríamos, en el sentido que hemos expuesto más arriba: el movimiento tiende hacia la revolución o tiende hacia la reproducción del estado existente de cosas.

Para ser más explícitos con nuestra concepción: existen períodos en donde ese movimiento hacia la revolución no es estrictamente “social” (o “amplio”, “masivo”), sino que se concentra en pequeños grupos o individuos con la posibilidad real de observar más o menos con claridad la realidad, son momentos en donde la mayoría de la sociedad (tanto trabajadores como burgueses) tiende hacia la reproducción de la sociedad existente; hay períodos en donde las circunstancias existentes (no sólo aquellas que “resultan naturalmente” de las relaciones sociales bajo una sociedad dada, sino aquellas “trabajadas conscientemente” -por esos elementos con la posibilidad real de observar más o menos con claridad la realidad-) son propias para que sectores más amplios de la sociedad adopten una posición tendiente hacia la revolución de las cosas o, en casos excepcionales, para que enormes sectores de la sociedad decidan conscientemente transformar el mundo existente, esas son las revoluciones. Existen, por el contrario, momentos en donde la gran mayoría está subordinada por el proyecto y las intenciones de una minoría, en donde es una pequeña minoría quien dirige conscientemente el rumbo del mundo y en donde la gran mayoría no es críticamente partícipe ni plenamente consciente sobre los aspectos que revisten y dan forma a ese mundo que reproduce, esos son los momentos de reproducción del estado existente de cosas.

¿La revolución irrumpe espontáneamente entre las masas -como afirma Pannekoek-?, ¿es un proceso resultado de la confluencia y sucesión de momentos de claridad y movimiento direccionado, y momentos de duda y donde las circunstancias arrastran al movimiento?

Finalmente, consideramos que la última afirmación que hacen sobre las revoluciones al márgen o en ausencia del PC demerita el papel del partido. Creemos que una revolución proletaria exitosa no puede darse sin el organismo político que necesita la clase: su partido comunista (ver “Sobre el Partido Comunista” en la sección de Advertencias.)

19. [Sobre el “surgimiento espontáneo”]

Nuevamente, para poder comprender en todo su significado este punto debemos conocer su concepto de espontaneidad. ¿Podrían ustedes definir la palabra “efervescencia revolucionaria” como la están usando aquí? Creemos que puede haber un problema con hablar simultáneamente de surgimiento espontáneo y efervescencia revolucionaria. ¿Las masas, al surgir espontáneamente sus estructuras organizativas, entonces no son conscientes de lo que están haciendo?, y si no son conscientes ¿entonces cómo pueden estar en efervescencia revolucionaria? Nosotros creemos que si el comunismo es un movimiento real de negación y superación de las condiciones reales y existentes entonces forzosamente debe ser un movimiento consciente.

20. [Sin claridad no puede haber organización para emanciparse]

Tenemos dos apuntes a éste punto. Primero. Una cuestión de forma: no logramos ver cómo el punto 20 es conclusión lógica del punto 19 (por el uso de «por lo tanto»). Segundo y más importante. Es imposible que el proletariado se dote de una organización para emanciparse sin tenerlo claro o sin mirarlo con nitidez (!). En realidad creemos que es al revés: el proletariado al no tener claro cómo emanciparse, al no ver con nitidez es cuando se equivoca y se pierde, cuando comete errores y cuando debe hacerse responsable de las consecuencias de dichos errores. Sólo después de perderse, de equivocarse y de ver, en general, los límites de su propia práctica en la práctica misma que rectifica y que puede, de manera consciente (es éste el sentido de la palabra “consciente” que nos parece correcto), dotarse ahora sí de la organización que sirva para emanciparse. Por su puesto que no es un proceso “blanco y negro” de pasar directamente de la falta de claridad y nitidez a la consciencia.

21.

Creemos que éste punto es un argumento adhoc para poder llegar al punto 22. Hasta ahora se ha argumentado que «las estructuras organizativas de las masas proletarias en efervescencia revolucionaria (consejos?) surgen espontáneamente», pero sin definir con claridad qué entienden ustedes por “espontáneo”, para llegar a la necesidad de una especie de “elemento consciente” (punto 22 sobre el partido). Insistimos en que ante una definición insuficiente de dichos conceptos puede haber confusiones y éstas pueden propagarse y dar lugar a problemas en la práctica.

Cuando señalamos esto no es porque no creamos que existen elementos u organizaciones con una comprensión más o menos profunda y omnímoda de la realidad, basada en la teoría comunista y que tienen tareas específicas para con el movimiento [ver punto 18.]; señalamos que podría existir una concepción dicotómica sobre lo “espontáneo-consciente”.

22.

Tenemos dos apuntes. Primero. La cuestión de “propagar por adelantado” es algo que Pannekoek menciona en su ya citado texto y en lo que estamos parcialmente de acuerdo, tomando en consideración el concepto de efervesencia espontánea con el que hemos problematizado en el punto 19. Además, «propagar por adelantado» para que «los obreros avanzados sepan lo que deben hacer» puede dar lugar a la creencia de que los comunistas ya tienen todo resuelto de antemano (antes de la efervesencia espontánea), de que para llegar al resultado no fue necesaria la discusión entre comunistas y obreros y la rectificación que tanto comunistas como obreros deben hacer de sus propias concepciones y métodos organizativos. Segundo. No comprendemos con claridad su concepción de partido: en la primer parte del punto 22 ustedes distinguen entre «Los partidos, grupos u organizaciones comunistas» y «el interior de las masas [y] los obreros avanzados»; mientras que al final del punto 22 rematan con «su función [la de los partidos, grupos u organizaciones comunistas] es catalizar […] dentro del proletariado para apoyarle, orientarle, con la finalidad de que éste pueda constituirse en clase, en partido» (!, subrayado nuestro) No nos queda clara su definición de partido, nos gustaría saber, ¿para ustedes el/los partidos son organizaciones comunistas diferenciadas del resto de la clase (como al inicio del punto 22) o el partido es la clase constituida (como al final del punto 22)?

23.

Los planteamientos de Lenin en 1902 deben ser criticados pero también deben ser entendidos en su significación histórica, en su contexto particular. La crítica que hace Lenin en 1902 tienen como telón de fondo el auge del revisionismo bernsteiniano en rusia, que ya había sido tratado de contener en alemania entre 1899 y 1901 (resoluciones de Hannover y Lubeck), pero que había echado raíces en el movimiento socialdemócrata ruso y se había exacerbado a raíz de la incapacidad de los revolucionarios rusos de dotar de herramientas a los movimientos de masas que comienzan en 1896. Éste es el panorama a grandes rasgos con el cual la socialdemocracia rusa se enfrenta y ante el que debe plantear una alternativa. Nosotros, de manera preliminar, creemos que el problema de dicho planteamiento de Lenin no es precisamente el “desde fuera” -cuestión que creemos que sí refleja el estado particular del movimiento ruso en esos años-, creemos que el problema de fondo tiene más que ver con la diferenciación-contraposición que hace Lenin de lo “espontáneo” y lo “consciente” (una dicotomía que sirve para combatir el practicismo de los economistas, el culto a “lo actualmente existente” y la lucha irracional de los economistas contra la influencia de los revolucionarios, sí, pero no algo que deba elevarse a un “principio” o una forma de concebir el movimiento). El problema, nosotros inferimos aún, tiene que ver con una reproducción dogmática de una consigna -la del “desde fuera”- que ya se había agotado tan pronto como 1905 (ver “Informe de 1905” de Lenin), cuando Lenin había dejado atrás la “primera aproximación” que hizo del problema entre el movimiento y el pensamiento comunista. Tanto la consigna del “desde fuera” como la insidiosa oposición mecánica entre “lo espontáneo” y “lo consciente”, reproducidas de forma acrítica y ahistórica, por lo tanto, dogmática, podría ser una de las raíces de uno de los grandes problemas del movimiento comunista: la separación de la clase en élites y masas, la falsa equivalencia entre la organización de las minorías y el partido comunista y la dictadura de esta organización de las minorías tornadas en élites como tergiversación de la supuesta dictadura del proletariado, tal como el marxismo-leninismo terminó por defender y poner en práctica.

Aquí queremos compartirles una investigación que apenas recientemente comenzamos sobre la transformación de la concepción de Lenin sobre la lucha obrera después de el surgimiento de los soviets en 1905 y cómo lo retoma en el preludio a la revolución de 1917, por favor revisen el Apéndice B. Sobre la posición de Lenin en el Informe de 1905.

24. [Sobre el partido]

¿Qué significa que la organización partidaria esté construida por los proletarios mismos?, ¿Significa que el partido está formado por obreros?, y ¿En qué sentido se proletariza el partido?, ¿la proletarización es el trabajo de los comunistas entre las masas? En fin, lo importante es que podamos discutir nuestros conceptos de partido.

25.

Estamos de acuerdo en que sin la referencialidad no existe posibilidad de direccionalidad: la clase no puede tornarse clase revolucionaria sin tomar la bandera del comunismo. No puede darle una dirección revolucionaria a sus luchas sin tomar como referente al comunismo. Y aunque estamos de acuerdo, creemos que la referencialidad es algo que está en disputa constante. No se da un convencimiento primero, como si fuera un convencimiento ciego; sino que se convence en tanto que lo que fue dicho se confirma constantemente en la realidad. La referencialidad no es un paso “previo” a la direccionalidad ni se da al margen de la realidad (como conocimiento teorizante), además de que no es una cuestión de convencimiento retórico sino de un convencimiento alcanzado al confirmar en la realidad lo que fue dicho.

Creemos que los períodos que ustedes llaman de ascenso revolucionario reflejan este proceso de referencialidad → direccionalidad, en el sentido de que existe movimiento revolucionario cuando la clase sabe cómo dirigir sus esfuerzos en la dirección de la destrucción del capitalismo y la construcción de una sociedad nueva.

26 – 27. [Sobre la “inactividad” del proletariado]

Aquí es donde ya marcamos una distancia con ustedes. Si dentro de los períodos de baja confrontación de clase ya se ha conquistado referencialidad dentro de las masas del proletariado, entonces ¿por qué durante los tiempos de ascenso revolucionario se podría calificar de “espontánea” la lucha de dichas masas? Esto lleva, nuevamente -disculparán ustedes-, a solicitarles una clarificación sobre su concepción de lo “espontáneo”, así como preguntarles: ¿cómo calificarían ustedes la forma de organización y lucha de los consejos? A nosotros nos parece que hay una discontinuidad en el proceso que plantean: ¿cuál es el fruto real de la referencialidad si, después de la conquista de referencialidad, la lucha ascendente de las masas proletarias es calificada por ustedes de espontánea?

En el punto 27 se disipa la ambigüedad y ustedes hablan de que «las masas permanecen inactivas». Nosotros creemos que esta descripción tiende al mecanicismo. Las masas no se encuentran inactivas en los períodos de baja confrontación de clase, la experiencia cotidiana es el lugar donde se experimenta el capital, y aún sin comprenderse científicamente, aún sin comprender que lo que se observa emana de antagonismos de clase, la clase emprende luchas que le motivan a transformar esos aspectos particulares de una sociedad que no comprende a profundidad, pero cuyos efectos y presiones sí que siente sobre su existencia, día con día y hora con hora. Muchos de nosotros comenzamos luchas “inmediatas” sin saber cómo luchar, sin conocer el funcionamiento del capitalismo, sin conocer las experiencias de nuestra clase; fue la realidad actuando sobre nosotros, llevandonos hasta un punto en donde no podíamos seguir soportando las cosas como eran, fue esto lo que nos llevó a renegar del estado de cosas y a buscar una forma de cambiar lo que experimentabamos y veíamos frente a nosotros; y no por ser inconscientes (haciendo uso de la dicotomía espontáneo-consciente) por ejemplo de las relaciones internas entre aspectos aparentemente disconexos de la realidad, significaba que estabamos en un estado de inactividad. El hecho de que no exista una dirección revolucionaria en el despliegue de la lucha de resistencia del proletariado no significa inactividad. Comprendemos bien que la lucha sin un referente a la teoría comunista ―a su interpretación de la realidad y al planteamiento de la transformación revolucionaria del mundo― es una lucha que difícilmente abandona el cauce de lo inmediato, pero eso no niega la posibilidad de la clase de moverse, de equivocarse, de aprender de los errores, de encontrar callejones sin salida, de radicalizar su práctica o de dejarse atrapar por los anzuelos que lanza la burguesía para neutralizarla, en resumidas cuentas: de ser una clase activa, aun sin ser revolucionaria. Cualquiera sea el movimiento y la lucha de la clase, si existen las condiciones adecuadas, pueden llevar a una radicalización y toma de conciencia de la misión histórica que tenemos los trabajadores. ¿Es que antes del ascenso revolucionario no existe actividad proletaria? A nosotros nos parece problemático que se vea así la cosa (como actividad absoluta o como inactividad absoluta): porque podría estarse viendo a la actividad cotidiana del proletariado como un estado vegetativo que se ve “súbitamente” desplazado por la “toma de conciencia”. La dialéctica no es completa paulatinidad, pero tampoco es únicamente brincos súbitos; la dialéctica es movimiento.

Por otro lado, estamos completamente de acuerdo con la cuestión que ustedes señalan sobre la claridad de principios y su efecto implícito en los proletarios.

29 – 30.

Claro, los principios son absolutos e inflexibles. Y no lo son porque sean una “verdad absoluta y eterna”, sino porque son los elementos que reflejan y sintetizan la praxis histórica del proletariado en busca de la emancipación del capital. La independencia de clase es un principio que surge de la irreconciliabilidad de las aspiraciones de las clases antagónicas; la dictadura del proletariado es un principio que surge de la experiencia de la comuna de parís y de la represión sufrida por los comuneros por parte de las fuerzas de la contrarrevolución; el internacionalismo proletario es un principio que surge del carácter mundial del capital y del proletariado, etc. etc. Los principios no son principios en abstracto, sino que representan el paso de lo concreto a lo abstracto (separación del todo en sus partes, comprensión de esas partes), y su síntesis nuevamente en lo concreto. En una sociedad sin clases el principio de la dictadura del proletariado será un principio anacrónico, así como el de la independencia de clase y el del internacionalismo proletario: destruidas las clases, destruida y superada la base sobre la que se erigen los principios revolucionarios, los principios pierden su validez histórica, pues el fin por el que surgieron ha sido satisfecho.

31.

Bueno acá hay una sutileza que nos parece importante señalar. Ustedes mencionan que «no se puede aspirar [en futuro, apunte nuestro] a una revolución comunista si el proletariado se encuentra [en presente, apunte nuestro] encallado en el sentido común burgués y en la ley del valor, si no rompe y supera esta ideología enajenante y estas relaciones sociales burguesas». Pero es que parecería que primero se sale de la ley del valor, del sentido común burgués y de la ideología enajenante para que ya se pueda aspirar a una revolución comunista. La revolución comunista es, como ustedes mencionaban antes, el movimiento a través del cual se supera el estado de cosas realmente existente. Y ese movimiento es algo que va erosionando y destruyendo el sentido común burgués, las relaciones sociales burguesas, la ley del valor, etc. de manera conciente, auto-organizada y auto-direccionada por una clase con una perspectiva revolucionaria del cambio, no como algo previo sino como algo que se da en la medida en que se realiza el proyecto histórico del proletariado.

33.

Si bien en el pasado esta analogía nos pareció correcta y tuvo un efecto positivo en nuestro entendimiento de las “tareas previas” de los comunistas, les comunicamos que, en consonancia con los puntos anteriores, ya no compartimos la misma visión de las cosas. Actualmente compartimos la posición expresada por los camaradas de LAW en el texto de Notas críticas al manifiesto del COC sobre el por qué el desarrollo de la lucha y la conciencia revolucionaria no debería compararse con un fenómeno natural en donde las clases no existen.

35.

En este punto ustedes se contradicen claramente con el argumento del punto 27. Aquí mencionan que «[…] consideramos incorrecto hablar de masas genuinamente pasivas» y el argumento completo del punto 35 se basa en esa afirmación, pero en el 27 dicen que «mientras las masas permanecen inactivas […] ».

Nosotros, como hemos venido argumentando, creemos que no hay tal cosa como “pasividad” y “actividad” absolutas; creemos que la concepción de Lenin sobre “lo espontáneo” y “lo consciente” adolece del mismo problema (y probablemente sea una de las raíces de aquella concepción); hemos mencionado que el problema central, a nuestro parecer, de la concepción clásica de Lenin del partido (¿Qué hacer?) tiene más que ver con esas dicotomías que con el análisis que se hace sobre el “desde fuera”, pero que éste último ha sido mistificado e irracionalizado por la corriente marxista-leninista para convertirlo en un principio, cuando en realidad fue un análisis que reflejó las condiciones en su momento pero que se agotó rápidamente después de 1902. Creemos que la clase es un todo altamente heterogéneo, con niveles de conciencia (y grados de ignorancia) sobre la realidad profundamente diversos, con experiencias en la lucha o con un sentido común de obediencia, con pasiones y deseos que emanan de las presiones que ejerce el capital y de la conciencia sobre ellas, o que emanan de diferentes grados de conformismo y de aceptación de lo existente. La clase no es absolutamente activa ni absolutamente inactiva, tampoco es absolutamente consciente ni absolutamente inconsciente. En tanto exista el elemento del devenir, es decir del movimiento desde lo existente hacia lo que la historia nos exige como clase trabajadora (la superación revolucionaria del capitalismo y las sociedades de clase), existe pues una relación dialéctica entre los distintos estados de desarrollo del proletariado, desde aquellos que podríamos llamar “atrasados”, “inconscientes”, “espontáneos”, hasta aquellos que podríamos llamar “adelantados”, “conscientes”, etc.

Acá vamos cerrando, en consonancia con su punto 37, con el cual estamos completa y totalmente de acuerdo. Nosotros creemos que nuestra tarea como comunistas es descubrir la manera real, en el terreno práctico y concreto, de orientar a nuestra clase, en toda esa complejísima y complicada diversidad, a trabajar ya no por la reproducción del estado de cosas actual, sino por su superación revolucionaria. Y ese trabajo no puede ser realizado más que por la clase misma en su conjunto, por esa amplísima, diversa y numerosa clase que lleva en su seno la potencia de la universalidad. La cuestión, ya en el plano práctico, tiene que ver con cómo poner en marcha una nueva sociedad organizada a una escala planetaria, auto-administrada y auto-organizada por aquellos que ponen su fuerza para producir; ¿cómo evitamos la formación de clases “ejecutoras” que se coloquen encima de las clases trabajadoras?

Quisiéramos finalizar con una experiencia real que haga contrapeso y que ponga en el terreno de las fuerzas reales lo que hemos tratado de expresar en esta carta, y que tomaremos textualmente del comunicado que publicamos el 30 de agosto. «Nosotros creemos que este proceso [el de la auto-organización de AUyL] es de suma valía pues es la primera vez que se materializa ante nosotros la tentativa de la independencia de clase de forma clara: el proceso de auto-organización y auto-administración de fuerzas que atravesamos es una manifestación de las problemáticas que la clase entera deberá resolver en un futuro próximo: el de la auto-organización de la sociedad libre de clases sociales. Por supuesto, este proceso debe ser transitado por todos aquellos comunistas que consideren seriamente que la nueva sociedad no puede organizarse a través de la hegemonía de una cúpula que pretenda suplantar la auto-organización de la clase. Creemos que en la medida en que elevamos nuestra praxis al nivel que las condiciones nos exigen es que vamos superando el aislamiento y la fragmentación del movimiento, así como resolviendo los problemas de carácter organizativo y de autonomía de clase».


Los Apéndices elaborados por AUyL se pueden consultar directamente en el documento original que ellos nos han hecho llegar en formato pdf y que se encuentra disponible aquí.


NOTAS

1En los tiempos de la primera internacional parecen ser los anarquistas quienes acuñan el término de “marxismo” con una connotación negativa. Más adelante, Marx critica el término cuando los Lassalleanos se hacen llamar “marxistas”.

2«Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos». Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista.

3Como si fueran “reinos” independientes.

4Al reproducir la división social del trabajo típica del capitalismo en trabajadores intelectuales y trabajadores manuales.

5Al recurrir a concepciones etapistas del trabajo comunista: “primero teoría, después práctica” o viceversa.

6Acá ya no citamos su texto, únicamente damos nuestros comentarios después de indicar a qué punto estamos haciendo referencia.

7Aquí cabe mencionar que en el capítulo III sección quinta del ¿Qué hacer? Lenin desarrolla más allá esa posición «Al obrero se le puede dotar de conciencia política de clase sólo desde fuera, es decir, desde fuera de la lucha económica, desde fuera del campo de las relaciones entre obreros y patronos.»

8«En Rusia hubo ya huelgas en los años 70 y 60 (y hasta en la primera mitad del siglo XIX), acompañadas de destrucción “espontánea” de máquinas, etc., comparadas con esos “motines”, las huelgas de los años 90 pueden incluso llamarse “conscientes”: tan grande fue el paso adelante que dio el movimiento obrero en aquel período. Eso nos demuestra que, en el fondo, el “elemento espontáneo” no es sino la forma embrionaria de lo consciente». (¿Qué hacer? capitulo II primera sección. Comienzo del ascenso espontáneo.)

9Lenin, ¿Qué hacer?. II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia, b) El culto a la espontaneidad. Rabochaya Mysl. En el capítulo III, sección quinta, Lenin recalca nuevamente que: «Al obrero se le puede dotar de conciencia política de clase sólo desde fuera, es decir, desde fuera de la lucha económica, desde fuera del campo de las relaciones entre obreros y patronos.»

10Ambas negritas son subrayado nuestro, AUyL.

11Lenin, ¿Qué hacer?. II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia, a) Comienzo del ascenso espontáneo.

12Espontáneo y natural son usados constantemente como sinónimos por Lenin. La discusión sobre este tema la abrimos en el punto 16-17, más abajo, y se extiende a lo largo de éste documento.

13Entonces parecería ser que hay una “buena” espontaneidad y una “mala” espontaneidad (!).

14Incluso en un sentido semántico existen problemas (ver apéndice A. Sobre el concepto de espontaneidad en el ¿Qué hacer? de Lenin).

15Con la advertencia que el concepto de natural tiene todos sus problemas.

16Recientemente hemos descubierto que en el “Informe de 1905”, presentado a inicios de 1917, Lenin tenía una postura distinta sobre la conciencia a la que defendió en 1902. Por favor consulten esto en el Apéndice B. Sobre la posición de Lenin en el Informe de 1905.

Publicado originalmente en el blog del Colectivo Obrero Comunista el 28/10/2026. Se reproduce con permiso de la autoría.