Blog de Política
Bitácora 67

Thoreau escribió Waldem durante su estancia de dos años en una solitaria cabaña en el bosque, Tolstoi vivió toda su vida de forma sencilla en el campo aunque, es verdad, en una casa más cómoda. Yo llevo resistiendo en el bosque de ARREA ya 13 años, por lo que se puede decir que estoy a medias entre estos dos grandes de la literatura libertaria. Bromas a parte, todos los inviernos me cuestiono mi permanencia aquí, en este proyecto de vida que he elegido. Me pregunto si tiene algún sentido buscar la práctica de una ilusoria autonomía, si merece la pena el esfuerzo, si estar aquí me da libertad o me la quita, o si me compensa la soledad.
Además de las inclemencias meteorológicas propias del invierno, unido a la austeridad de las instalaciones, la precariedad de los útiles y herramientas, ya que hay ocasiones en que nada funciona bien, los cazadores han depositado decenas de cadáveres de conejos a la entrada de nuestro bosque, la zona que les fue arrebatada donde ya no se puede cazar, y no sé como interpretarlo. También he recibido yo algún impacto de fuego amigo, y me he sentido como cuando pasa el arado en invierno volteando la tierra, dejando las heridas abiertas en la piel de Gaia expuestas a las heladas y luego al sol y al glifosato. Lo que no te mata te hace mas fuerte, reza el simplista dicho popular, no, en realidad cada invierno morimos un poco más, pero más sabios. ¿Pero quien quiere aprender así? De cada problema o conflicto sales con una enseñanza, pero a veces siento que me gustaría volver a la inocencia, a la ignorancia, al hedonismo consumista de la ciudad, al placer inmediato del mínimo esfuerzo; pero mi amiga Anna me dice que eso es un espejismo, un pensamiento capitalista y creo que tiene razón.
Los almendros vuelven a florecer en febrero, en cuanto sienten un poco de calor en sus yemas. No aprenden nada de los años anteriores, saben que todavía vienen heladas, pero les da igual, se entregan, y con un torrente de savia vuelven a sacar todas sus flores en una explosión de vida. También florece el romero y la aliaga. Comienza la fiesta para nuestras abejas, hay hiperactividad en el colmenar. Ya está brotando el cereal cubriendo amorosamente las heridas que dejó el arado en la piel de Gaia.
Cristina vino hace unas semanas a trasplantar las habas y sembrar espinacas y zanahorias, luego vino Alberto a plantar coles, lechugas y tomates en el invernadero. Mis compañeres me reconfortan, han vuelto en febrero con las bandadas de grullas. Y yo empiezo a sentirme como el almendro, imprudentemente vivo con los primeros días de sol y con los ojos puestos ya en una nueva primavera.
Publicado originalmente en ARREA el 04/03/2025. Se reproduce con permiso de la autoría.