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Segunda transición sin ruptura: la monarquía federal.

    Estamos abocados a una monarquía federal que, en el fondo no es nueva en nuestra historia: no es otra cosa que regresar a la España de los Austrias, en dónde el rey sea monarca de territorios formalmente independientes. Es un plan que, tras el anuncio de abdicación del Rey Juan Carlos, ahora se percibe como no improvisado, incluso pactado bajo manga para volver a situar a la institución monárquica como la garante de un nuevo modelo territorial federal en el que Cataluña, pero también el País Vasco y Navarra olviden sine die su pretensión de independencia. Se conseguiría así un doble objetivo: la abdicación por parte de la derecha catalana de la idea de ruptura con España y la consolidación del nuevo rey Felipe. Es evidente, a poco que uno se ponga a analizar lo que está pasando, que van a tratar de vendernos de nuevo a la monarquía como la institución que salvaguarde la unidad de España, aunque sea en base a un Federalismo más o menos asimétrico, discurso que por otra parte encaja muy bien en el «hablando se entiende la gente», mantra que Don Juan Carlos lleva repitiendo como un loro los últimos años.

Ahora nos explicamos los continuos viajes del príncipe y su padre a Cataluña, esos abrazos con Artur Mas y demás oligarcas de la burguesía catalana. Puede parecer anecdótico pero todo ahora cobra mayor verosimilitud si lo analizamos con perspectiva. La idea con la que vienen trabajando desde hace meses sería, para salvar la monarquía y, con ella, el régimen plutocrático del 78, pactar de nuevo una segunda transición desde las élites, una reforma sobre la reforma del franquismo, sin ruptura, pero ahora con la idea-motor que Rubalcaba desde el PSOE viene lanzando en los últimos meses: el federalismo como salida a la vía catalana. Sería además, ellos creen, la legitimación de Felipe, así como el 23-F lo fue del extinto monarca.

Quizás por eso ahora vemos con nitidez la razón de que el quemado político socialista haya aguantado más de dos años después del peor resultado histórico de su partido en unas elecciones. Y es que en este sistema de monarquía trasnochada nada suele ser improvisado, y menos la operación recambio, justo en el peor momento de una España en descomposición. Resulta también obvio que el desplome del bipartidismo y el auge de la izquierda, una izquierda nueva y más auténtica, con la aparición de una pujante generación de políticos que ya no está dispuesta al trapicheo al que se prestaron en el pasado sus antecesores durante los pesados años de la Transición, ha jugado un papel decisivo en la anunciada retirada del vetusto monarca.

Pero, ¿es posible una España federal con la monarquía?. En principio no tendría ni pies ni cabeza volver al siglo XVII con una democracia más o menos formal. Es un anacronismo. Desde una óptica normal y coherente, ni siquiera desde una visión monárquica o conservadora carece de sentido alguno. En todo caso federación sí, pero de estados en una república federal (Alemania, USA).  Pero no les quepa duda que la derecha lo acabará aceptando porque en este país hay una gran cantidad de vasallos, de súbditos convencidos de que lo primero es el Rey y después el resto, incluida España, su España. Y la izquierda domesticada que no tiene nada de izquierdas, es decir, el PSOE y el sector antiguo, anquilosado de IU ( los que forman parte de esa casta que se sentaba en los consejos de administración de las cajas de ahorro) estaría más contenta que unas pascuas con una monarquía que, por fin (eso dirían ellos) reconoce la pluralidad nacional de los pueblos de España. Son capaces de eso y de mucho más con tal de sostenella y no enmendalla, de mantener los privilegios de la oligarquía, de su oligarquía ladrona y corrupta.

Pero quizás no todo les esté saliendo tan bien como tienen planeado.  Si el PSOE no remonta, lo cual es altamente probable, el régimen no estará tan consolidado como cree a pesar de los cambios de caras. Las fuerzas de izquierda, incluyendo al sector más izquierdista de los socialistas, es ahora hegemónica en la sociedad española. Eso lo lleva percibiendo Zarzuela desde hace más de un año a través de las continuas encuestas que tiene sobre la mesa. El desgaste del gobierno y el empecinamiento de Rubalcaba han hundido a los dos partidos del régimen pero resulta obvio que el principal partido de la oposición va camino de pasar a la irrelevancia, no a corto plazo pero si a medio. Un escenario de monopartidismo (PP) sosteniendo a la monarquía es la peor pesadilla del ex-rey y del nuevo rey. Y eso sería letal para el régimen que, no nos engañemos, todavía tiene cuerda para rato.

 

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