Blog
La larga agonía del régimen español
Asistimos estos días de comienzos de año nuevo, 2014, a una sucesión de informaciones que vienen a ahondar la larga depresión del sistema político surgido de la Transición: correos secretos que salen a la luz, imputaciones de algunos de los que dirigieron las Cajas de Ahorro, sindicalistas y políticos varios. Pero no nos engañemos: estas informaciones todavía se ofrecen con cuentagotas porque los buques insignias de la información en España solo ofrecen la parte más «digerible», por así decirlo, para una población castigada por los coletazos de una crisis económica que, a pesar de la propaganda del gobierno, está lejos de terminar. Y es así porque no se quiere echar más leña al fuego. En los últimos años se ha roto, solo parcialmente, el muro de la vergüenza de la censura impuesta por la Casa Real ( todo un ejemplo de transparencia y democracia), a fuerza de que nuevos y pequeños medios de comunicación independientes, sobre todo actuando desde las redes sociales, hayan ofrecido parte de la verdad. Porque la verdad todavía no ha sido ofrecida al pueblo español. Y el día que se sepa todo, desgraciadamente dentro de todavía mucho tiempo, seremos más viejos y, al echar la vista atrás, miraremos avergonzados a nuestro pasado más cercano para comprobar como fuimos un pueblo tan aborregado que no supo ( o no quiso) indagar y conocer a tiempo la cruda realidad, cuando podíamos haber actuado como sociedad para impedir los desmanes que estamos conociendo ahora.
Porque si somos sinceros con nosotros mismos, la agonía de este régimen político surgido del franquismo (no nos olvidemos que la actual monarquía fue instaurada por la voluntad de Francisco Franco) la estamos soportando demasiado bien teniendo en cuenta el grado de podredumbre que, ahora, estamos descubriendo que hemos estado viviendo en las últimas décadas y que, obviamente, continuamos soportando. La imputación y desimputación de la Infanta Cristina (hija del rey, implicado este en numerosos asuntos turbios que a cualquier presidente de una república lo hubieran sentado en el banquillo) es un escándalo más que se añade a las decenas de asuntos que vamos conociendo y que nos ponen los pelos de punta. Ante la alucinada visión de los medios de comunicación internacionales, el pueblo español aparece como una masa borreguil de personas con poco o nulo interés por la Res Pública, por los asuntos que más nos conciernen: por la política. En numerosas ocasiones, el que esto suscribe, ha escuchado con vergüenza conversaciones en las que, tras esquivar rápidamente el debate político, el asunto derivaba hacia el último partido del Real Madrid o el Barça, cuando no hacia las últimas aventuras de la Esteban.
Y es solo así, con la complicidad de la gran mayoría, personas deseducadas por el poder (en palabras de Chomsky) que constituyen sin saberlo el franquismo sociológico, como se puede entender que ante las informaciones que nos hablan de un auténtico lodazal nacional la gente siga tan afable y tranquila como hace unos años. Y lo que es más preocupante, muchas personas que lo están pasando mal, con hijos en paro, jóvenes que han dejado de estudiar a los que ni siquiera se les ofrece una nueva oportunidad vital, rehuyen todo debate político, cambian de cadena porque les aburren los debates ( muchos ni siquiera saben distinguir si una tertulia es plural) y marchan raudos hacia esos programas que degradan la condición humana.
Es cierto que la masa que empieza a despertar ante tanta aberración, ante la constatación de que nos estaban engañando desde hace 35 años y de que esto no era una democracia, es cada día más numerosa. Pero sigue estando muy presente el tabú de la monarquía en muchos ciudadanos, en especial la franja de edad por encima de los sesenta años, que siguen viendo rojos peligrosos, con cuerno y rabos quemando iglesias al oír la palabra república, nada más lejos de la realidad si analizamos las repúblicas de nuestro entorno. Y al resto parece también que se la trae floja, hablando en plata. Los mass-mierda han hecho su labor y han introducido en millones ese bloqueo, ese miedo, esa inseguridad cuando surge el debate. Y es que todavía, gracias a 35 años de bombardeo incesante, de propaganda quasi goebbelsiana, en muchas mentes bienpensantes la monarquía es casi sagrada, algo de lo que no conviene hablar, lo que «nos une» ( literal).
Es por eso que la agonía de este régimen y de España va a ser larguísima, no podemos aventurar cuantos años más va a resistir este «chiringuito». Y no es descartable que acabe prevaleciendo la salida que la oligarquía ya está preparando (véanse los últimos escritos de un ex-ministro del régimen como José Manuel Otero Novas, que propugna todo un plan ante una eventual revolución, que no descarta). Si parece previsible que habrá al menos una década de turbulencias y cambios muy controlados por el poder, ese mismo que diseñó un modelo extremadamente rígido de partidocracia. No en vano tenemos una Constitución hiper-rígida, posiblemente la más rígida de Europa y eso ha acabado siendo mortal, un cáncer para la propia Carta Magna, aunque ello no sirvió de obstáculo para la reforma neoliberal que pactaron PP y PSOE para garantizar el cobro de la deuda.
Posiblemente el bipartidismo ceda terreno (incluso con su sistema electoral que lo deja todo atado y bien atado) hacia una mayor dispersión parlamentaria pero eso no tiene porque ser mejor que lo que hay ahora ( véase el modelo italiano multipartidista). Una situación de multipartidismo puede conducir a dos escenarios: 1º) Una mayor inestabilidad que lleve a un futuro reforzamiento del bipartidismo, llegándose incluso por «el interés nacional» (dirán ellos) a un pacto PP-PSOE a la alemana o 2º) un acuerdo que puede resultar un verdadero caos si no se actua con unos criterios comunes para cambiar el sistema hacia un modelo democrático. En este segundo caso (el deseable) podríamos asistir a cambios legales e incluso constitucionales que, eventualmente, llevaran a una situación revolucionaria y de «ruptura democrática» ( lo que se tuvo que hacer a la muerte del dictador pero que bien por el miedo a un Golpe de Estado del ejército franquista o bien porque la «poltrona» era mucho más confortable que una turbulencia de cambios hacia la libertad). Si se produce lo segundo habría esperanza en un nuevo futuro de convivencia, en una refundación de España desde una visión democrática y laica y, por supuesto, republicana.
Si triunfara el primer escenario estaríamos abocados a mayores dosis de sufrimiento como sociedad, a un reforzamiento de la casta y, si la crisis económica escampa, a algunos cambios cosméticos de la mano del proyecto ya en marcha de una nueva etapa de la monarquía de la mano del «preparado» príncipe Felipe ( Felipe VI). Porque en ello está la aristocracia franquista y corrupta que nos machaca, en el ensalzamiento ad nauseam de Felipito y su campechana esposa (odioso término) para intentar salvar «su» monarquía. Por eso no debemos llamarnos a engaño, la monarquía en España siempre será el coto privado de caza de unos priviliegiados, España como finca de un pequeño grupo de señoritos, encabezados por Su Majestad. Solo una república que parta de una ruptura hacia la democracia con mayúsculas podría poner las bases de un futuro esperanzador para nuestros hijos aunque todavía suene a utópico y peligrosamente revolucionario para el poder establecido.