Blog de Política
democracia reparativa
Wendy Brown introduce el concepto de una democracia reparativa (está escribiendo un libro al respecto): un sistema democrático no centrado en los intereses individuales, sino en producir condiciones de regeneración de la vida. Un modelo orientado a frenar y paliar los daños causados por el neoliberalismo, promoviendo el cuidado colectivo.[1] “Llevamos un tipo de vida insostenible y lo sabemos”.[2]
[1] Wendy Brown, “Reparative democracy: Testing the borders of the political” (entrevista), THEORY NOW. Journal of Literature, Critique, and Thought vol 9 núm. 1, Universidad de Granada, enero- junio de 2026; https://revistaseug.ugr.es/index.php/TNJ/es/article/view/36253
La autora explica: “La ontología, la espacialidad y la temporalidad constituyen el núcleo de esta reformulación. Ontología: la figura liberal moderna del ser humano titular de derechos es un ente individualizado y moralmente autónomo gracias a su inteligencia, dotado de propiedades tanto internas como externas, agente y autointeresado. El ‘otro’ de esta figura —la Naturaleza— no está individualizado, es instintivo, carece de propiedades, no tiene inteligencia y, por lo tanto, tampoco capacidad de actuar; es similar a una cosa. Esta oposición binaria entre lo humano y lo no humano ha sido un desastre, tanto para nosotros como para la ‘naturaleza’. Es una visión errónea y también peligrosa; nos lleva a considerarnos a nosotros mismos como criaturas no naturales y a tratar la vida no humana (junto con la vida humana considerada más cercana a la naturaleza) como algo que podemos usar, explotar y desechar, pero no cuidar. Por supuesto, el Homo sapiens es una especie singular con capacidades propias, tanto productivas como destructivas. Pero la Naturaleza no es nuestro ‘otro’.
Espacialidad: la reciente aparición histórica del Estado-nación no nos impide tratarlo como si fuera el domicilio eterno de la democracia. De hecho, la democracia está intrínsecamente limitada por la forma estatal, así como por el tamaño de la mayoría de las naciones, y se ve gravemente socavada al estar unida al capitalismo, que es la historia de la mayor parte del Occidente moderno. Debemos considerar qué escala y qué tipos de regiones son más propicias para el gobierno democrático, y luego averiguar cómo vincular las instituciones y los poderes no democráticos, ya sean los de los Estados-nación o de las constelaciones transnacionales, a las exigencias democráticas y a la rendición de cuentas desde abajo. La democracia no reside en los Estados, y no funciona a gran escala ni en regiones de diversa índole. Esto tiene una dimensión ecológica: ¿cómo conciliar el gobierno democrático con los ecosistemas regionales? O bien, ¿cómo plantearnos la relación entre lo que la antropóloga Anna Lowenthal Tsing denomina ‘parches’ antropogénicos del planeta Tierra y la democracia? Se trata de impulsar el pensamiento ecológico y político de forma conjunta de nuevas maneras que reduzcan nuestro distanciamiento del planeta y, al mismo tiempo, nos conviertan en mejores guardianes del mismo.
Temporalidad: El teórico social Andreas Folkers sostiene que el progresismo de la Modernidad se alimentó desde el principio de combustibles fósiles, cuyos daños y residuos ahora condicionan y limitan cualquier futuro posible. Estos daños y residuos no se disuelven en el aire, como señala Folkers en una pulla a Marx, sino que permanecen allí para siempre. Del mismo modo, los nanoplásticos se encuentran ahora suspendidos en todas las masas de agua de la Tierra; la deforestación, la agricultura industrial y la minería a cielo abierto han remodelado de forma permanente las topografías, zoologías y clima; y la división colonial del mundo presenta estratificaciones y deformaciones políticas perdurables. Una política reparadora se enfrenta a esta construcción histórica y a esta restricción del futuro de formas que el liberalismo no puede. Asumir el carácter peculiar de lo que Folkers denomina ‘modernidad fósil’ desde la perspectiva de los hechos históricos mundiales que generó y de la historiografía progresista que perturba pone en primer plano la necesidad de reparación, reconciliación y mitigación en lugar de la sustitución y el progreso. Sin ser ni derrotista ni complaciente, la política reparadora rompe con la indiferencia con la que el liberalismo se encoge de hombros ante el pasado, con su centrarse en los intereses individuales en el presente y con su vertiginoso deslizamiento hacia un mañana mejor. Todo ello se sustituye por temporalidades políticas que reconocen los vínculos del pasado y el presente con el futuro, junto con ontologías que priman la interdependencia en lugar de la individuación.”
[2] Wendy Brown, ““Llevamos un tipo de vida insostenible y lo sabemos” (entrevista); Ideas/ El País, 25 de octubre de 2026; https://elpais.com/ideas/2026-10-24/wendy-brown-politologa-llevamos-un-tipo-de-vida-insostenible-y-lo-sabemos.html
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Publicado originalmente en tratar de comprender, tratar de ayudar el 01/11/2026. Se reproduce con permiso de la autoría.