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Goebbels regresó a España

Joseph_Goebbels

Joseph_Goebbels  Poco nos debería  extrañar a estas alturas lo que está sucediendo en los últimos tiempos con la prensa española y con el mundo del periodismo en general. Si antaño hubo algún atisbo de periodismo veraz, de investigación, que competía por las exclusivas más potentes que pudieran poner en aprietos al poder político  hoy es puro compadreo cuando no directamente periodismo servil, hojas parroquiales de los partidos, sobre todo a la derecha del tablero político. Prensa en papel que no vende pero se mantiene por el interés de los de siempre, prensa digital extremista, tertulias televisivas vergonzosas y telediarios sin pudor que amplifican las más absurdas anécdotas para perjudicar a unas opciones concretas que les son incómodas a sus amos.

Su concepto de  la pluralidad consiste, en el mejor de los casos, en mantener en plantilla a algún periodista irreverente, que satirizando un poco su prosa «acaricie» con su dedo la llaga de los problemas cotidianos de nuestra partidocracia. En el peor de los casos es un simple pelele del que burlarse en esas tertulias chabacanas pagadas con nuestros impuestos. Goebbels nunca hubiera imaginado tal control de la sociedad.

En los ránkings de imparcialidad y falta de independencia estamos a la cola de los países más civilizados. La televisión pública provoca arcadas y el debate estrella de la «cadena de izquierdas» mantiene semana tras semana durante tres  horas a dos energúmenos disfrazados de periodistas para interrumpir e impedir un debate medianamente serio («los titiriteros son unos hijos de satanás», sic ). Aunque siempre hubo manipulación de las conciencias, todo se modificó a raíz de la aparición de Podemos y su ascenso meteórico. La situación ha devenido en una especie de acoso y derribo contra toda aquella idea que pudiera impulsar eso que machaconamente se trata de vender como «lo nuevo». No es nuevo el ecologismo, ni las políticas de igualdad, o una derecha más laica y europea. Lo que les preocupa no es eso. Lo que les preocupa es que siquiera un solo político de la nueva generación pueda remover en los papeles ocultos y poner en riesgo la oligarquía que reina en España desde siempre. Esa es la cuestión y no la Venezuela de Maduro o el Irán de los ayatolás, con el que gustosamente negociamos antes y ahora.

Por eso se lanzan furibundos contra los ayuntamientos renovados, impulsados en plataformas a las que identifican erróneamente con la formación morada (pues sólo una minoría es de Podemos). De cualquier anécdota nimia hacen una montaña con titulares a toda plana, apertura de telediarios o supuestas bombas informativas: se trata de desinformar, de poner el ventilador, de enmerdar. Aquello de Goebbels de que una mentira repetida miles de veces se convierte en una verdad es la máxima que aplican los principales medios de este país, incluso ese periódico antaño tan prestigioso para el pensamiento progresista que había sido fundado por los Ortega y Gasset con la columna estrella de Ricardo de la Cierva, el de «el error Suárez«, y que ha devenido en panfleto que retuerce con descaro y deforma con malicia pequeñas noticias ocultando aquellas que refieren auténtica gravedad.

La corrupción no es nueva, de hecho es sistémica, ha taponado con su amalgama cualquier resquicio sano del sistema, pero ahora sí que hace daño a los partidos. Les hace perder votos y fieles, clientes, que es lo más importante. Y aunque el sistema haya conseguido encauzar a los descontentos de derechas hacia «el cambio sensato», pero cambio que les inquieta igualmente, ese personalista partido catalán con nombre ciudadano, el «engendro» de Podemos sigue creciendo lenta pero inexorablemente. Y ese es el problema. Por eso Goebbels ha regresado, para «salvar los muebles» para los viejos partidos, al menos de momento, ya que como sabemos el amigo y ministro de Hitler acabó pegándose un tiro después de envenenar a todos sus  hijos pequeños.

Pero lo cierto es que, por ahora, lo están consiguiendo. Muchos de los infundios calan en la población menos informada y son difundidos con malicia vía redes sociales por los jóvenes fieles del régimen del 78. De esta manera tenemos un mar de confusión que lleva al votante medio de PP y PSOE a las urnas sin ninguna mala conciencia. Total, dicen, son todos unos ladrones. «Mira Monedero y la beca de Errejón. Les financia Venezuela e Irán. O si no mira Carmena y sus titiriteros…si ese es el cambio…me quedo con «mis ladrones», que al menos han creado empleo«.

En algunos lugares he llegado a escuchar a algún podemista furibundo aseverar: «pues muy bien, que roben, pero al menos  me roban otros«, como respuesta airada a la mansalva de infundios que un paisano estaba lanzando contra la formación del círculo. Estos medios germanófilos hacen bien su trabajo y no sería descartable que a medida que las opiciones electorales de sus amos vayan a menos se redoble la campaña mediática. Goebbels estaría contento.