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¡Que vienen los podemistas!

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   arton4243-14138Pese a quien pese, PODEMOS no podrá formar gobierno a corto plazo. Lo que sí es seguro es que obtendrá un resultado electoral extraordinario, ya anticipado en encuestas de toda índole. Un partido que acaba de nacer, con una estructura más que precaria, sin programa definido, se va a codear con los grandes pesos pesados de la partidocracia española del 78 y eso tiene, no lo neguemos, mucho mérito. De cara a las legislativas de 2015 un PSOE aparentemente renovado tratará de ofrecer ciertas pinceladas de progresismo pero llegado el momento de formar gobierno se alejará como de la peste de PODEMOS, precisamente por lo que esta formación tiene de rupturista. Porque no nos engañemos, PODEMOS viene para destruir y no para reconstruir el descenso a los infiernos al que nos ha llevado la sacrosanta y ahora ya vilipendiada Transición. De ahí que una parte de sus futuros votantes sean de derechas, incluso a sabiendas de que el nuevo partido tenga su origen en la extrema izquierda. Porque lo que mucha gente quiere es destruir lo que hay, dejar España como un solar, sí, derruir, para después tener la posibilidad de construir un nuevo edificio en el que quizás ya no habite PODEMOS, o quizás sí, ahora que ya ha mostrado su auténtica faz de partido a la vieja usanza.

   Que el régimen (sí, digo régimen con toda la intención peyorativa que el concepto contiene) está acabado nadie ya lo pone en duda. Ahora lo que está por ver es quien pilotará la nueva transición. Sí, otra vez la transición. España es un país de transiciones inacabadas, infinitas, perpetuas. La oligarquía financiero-política, esa que suele estar en el palco del Bernabéu cada partido del Madrid, va a luchar con todas sus fuerzas (que son infinitas, no nos engañemos) para volver a pilotar el proceso, como hace 39 años, a la muerte del dictador. Está por ver que pueda controlarlo desde el primer momento porque la indignación en España suele ser muy caprichosa. Recordemos la anécdota de la entrada de Alfonso XII en Madrid tras el golpe de estado de Martínez Campos ( 1ª restauración borbónica). Rodeado por la muchedumbre que lo aclamaba, preguntó el joven monarca a unas mujeres que a qué se debía su exagerada exaltación a lo que respondieron aquello de que eso no era nada comparado con «el día que echamos al putón de vuestra augusta madre». La cita no es precisa obviamente, pero la anécdota es auténtica, lo que refleja lo cambiante en materia política, más en situaciones de crisis extremas, que es el pueblo español. No olvidemos aquello de que nos habíamos acostado monárquicos y nos levantábamos republicanos.

    Pero si todo estalla por los aires pero a cámara lenta, con moviola, que es como se producen los cambios en este país (recordemos que del 15-M ya han pasado unos años), los de siempre querrán controlar la voladura. Por eso se ha desatado el pánico general al conocerse el ascenso imparable de los podemistas, la nueva formación liderada por Pablo Iglesias y Juan Carlos (Monedero). Si desde hace unos meses, cuando PODEMOS obtuvo 5 eurodiputados por sorpresa, venimos asistiendo a una campaña de descrédito por parte de la prensa adicta al régimen, preparémonos para un recrudecimiento de la misma. Que el partido de Iglesias tiene simpatías por el régimen bolivariano de Venezuela y por los gobiernos de Correa y Morales en Ecuador y Bolivia respectivamente era algo ya sabido, incluso antes de que irrumpiera electoralmente en Mayo. Que su programa económico está por hacer y es poco consistente es de público dominio.  Todas estas contradicciones son ya aireadas machaconamente por radios y televisiones pero da la sensación de que,  a estas alturas, todo eso poco importa a sus futuros votantes, muchos de los cuales parece probable que ni siquiera leerán su programa, como tampoco lo leen el resto de votantes. Sin embargo el programa de PODEMOS va a ser el más conocido de nuestra historia democrática con el objetivo de asustar a los que tienen decidido castigar al bipartito con su abstención para que en el último momento voten con la nariz tapada. El discurso del miedo de toda la vida.  Está por ver si una sociedad hastiada hasta el infinito se deja manipular hasta ese punto.

    Pero no nos engañemos: el voto a PODEMOS es un voto de odio contra los que están, un voto de ruptura, de no compadreo con el régimen. Otra cosa es que la nueva formación de Iglesias (que ha acabado estructurándose como un partido tradicional) acabe fagocitada por el sistema y decepcione bien pronto a sus electores.  Inteligentemente no presentarán candidaturas a las municipales, para no poder ser acusados de mancharse las manos en pueblos y ciudades, guardando así toda la munición para el «asalto» final de las generales de finales  de 2015. La marea de corrupción que va emergiendo y que emergerá puede catapultarlos a lo más alto pero no habrá tiempo suficiente para que salga toda la podredumbre. El voto cautivo y clientelar de PP-PSOE-IU, su suelo, sus fieles, tiene todavía el suficiente vigor para impedir una mayoría de PODEMOS a corto plazo.

    El escenario que se barrunta recuerda ya mucho a aquella España de la Transición de tan nefastas consecuencias.  Recordemos los mensajes del miedo de la prensa más adicta al gobierno, en aquella época de la UCD. Ese:¡Qué vienen los socialistas!, que titulaba una chusca película del destape. El poder se les escapaba de las manos y el papel del PCE de Carrillo para restar votos a Felipe González había perdido efectividad. El PSOE era un vendaval incontenible y qué mejor que airear el programa electoral socialista: que si iban a nacionalizar la banca, que si eran marxistas, que si se acabaría la religión. La misma maquinaria que ya está comenzando a funcionar, ahora más sofisticada si queremos. Quizás les baste para impedir la victoria de PODEMOS, como en su día evitaron la del PSOE, tanto en el 77 como en el 79. Pero con un poco más de tiempo por delante PODEMOS, si sabe hacer las cosas bien, si no acaba siendo «casta de la mala», en palabras de Iglesias, será absolutamente imparable, sobre todo si los socialistas acaban pactando bajo manga con la derecha.  De ser así, solo impedirían el final abrupto de su régimen de corrupción pero no podrían amortiguar demasiado en el tiempo la enorme resaca que sacudiría la playa de los consensos patrios.

 

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