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Nuevas estrategias de lucha
Todos, salvo algunos, podemos estar más o menos de acuerdo en que una minoría controla los resortes del poder de manera que impone a la mayoría criterios sobre el qué y el cómo que están muy lejos de los deseos de estos.
Y también en que el modelo al que deberíamos ir, con nuestras diferencias, debería ser muy diferente al actual. Pero mientras llega y no nuestro paraíso perdido no podemos estar de brazos cruzados. Las estrategias de manifestaciones multitudinarias han demostrado ser de lo más ineficaz, y la llamada Castuza apenas se ha movido un ápice de sus posiciones. Estrategias más agresivas tipo escraches rápidamente han sido criminalizadas, así como las basadas en lucha callejera o desobediencia civil.
Pero hay que hacer trabajar a la imaginación. Recordemos quiénes son los que conforman esa Castuza, en su mayor parte grandes compañías de este país. Y muchas de ellas con marcas claramente significadas.
¿Y quiénes son los compradores de esas empresas? En su mayor parte nosotros.
¿Y, además del propio poder, del estatus, qué es lo que más motiva a estos personajillos? El vil metal, el dinero puro y duro.
Por lo tanto una estrategia de lucha realmente eficaz en el momento actual sería lanzar campañas sistemáticas de boicot y desprestigio no contra sectores enteros (por ejemplo la banca) de los cuales es ilusorio prescindir en el momento actual sino contra empresas concretas que muestren conductas especialmente deleznables, por ejemplo el banco que más desahucie, o la gran cadena de alimentación que se dedique a extorsionar más a los agricultores.
Ello sería posiblemente mucho más eficaz no solo para que estas empresas cambiaran sus inmorales conductas, sino para que con su influencia propiciaran un cambio político.