>Las mujeres y el Peak Oil

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Queridos lectores,

Quería escribir el epílogo a la serie inicial “Por qué los X no entienden el Oil Crash”, pero la última discusión entre Kuznacti y Fulcanelli ha traído a colación un tema del cual hace tiempo que quería hablar: cuál es el papel de las mujeres en el contexto del Peak Oil. Pregunta deliberadamente ambigua, puesto que este papel es diferente según el sentido que se le quiera dar a la misma: cuál es su papel de las mujeres en las discusiones sobre el Peak Oil y cuál es su papel en la adaptación al Peak Oil. Como veremos, la implicación de las mujeres puede ser muy diferente si preguntamos una u otra cosa. Este post que ahora comienzo a escribir podría también titularse “Por qué las mujeres SÍ que entienden el Peak Oil (pero no ven ningún sentido en hablar de él)“, y quedaría por tanto integrado en la serie que aún quiero concluir.

Primero, una advertencia fundamental aunque evidente. Yo no tengo unos conocimientos especialmente adecuados para hacer el análisis sociológico que viene a continuación. Lo que sigue es una impresión personal, completamente subjetiva, forjada con mi experiencia del día a día y mis 41 años en las filas de la Humanidad. Por tanto, lo que viene a continuación debe tomarse como lo que es, una reflexión personal que, espero, le pueda ser de utilidad a alguien, a pesar de sus incorrecciones y falta de generalidad. Por demás, por abuso de lenguaje hablaré de “mujeres” y “hombres” aunque en realidad me refiero a los comportamientos más comúnmente observados, sin que ello sea óbice para que los individuos concretos puedan tener comportamientos específicos bien diferenciados de lo que voy a describir.

En el tiempo que llevo hablando sobre Peak Oil (unos 11 años, la mayoría de los cuales comentándolo sólo entre familiares y amigos) he observado un patrón muy diferente de reacción entre los hombres y entre las mujeres. Los hombres suelen reaccionar siguiendo los patrones que hemos descrito en el post “Por qué los ciudadanos no entienden el Oil Crash“, y eventualmente llegan a la aceptación de los hechos y a la militancia en el bando peakoiler. Las mujeres, por el contrario, suelen asentir y callar; quizá planteen alguna duda genérica pero después engloban el problema en un contexto más general y suelen terminar la conversación con “y qué quieres que nosotros hagamos”. Al ser yo hombre, aunque ya con algunos años a la espalda, no domino el código de las mujeres, pero sé lo suficiente de él como para entender que empecinarse en intentar discutir con ellas llegado a ese punto sólo lleva a la crispación (mi mujer hubo un tiempo que me vetó sacar el tema en casa, de tan pesadito que me había llegado a poner yo en la época en la que iba descubriendo cada vez más datos, a cual más descorazonador). Un análisis somero de esta reacción la podría tomar por la típica fase de negación de Kübler-Ross, cuando a mi parecer indica una aceptación rápida y consecuente frustración por la inseguridad instalada que da un mundo con Peak Oil. Aquí viene la primera parte de la cuestión que planteaba arriba: por qué las mujeres no participan en las discusiones sobre el análisis del Peak Oil. Y la explicación es fácil: porque no les hace falta, porque ya entienden plenamente el problema. A una mente masculina la anterior afirmación le puede resultar muy chocante. A un hombre le puede llevar semanas, meses, años… entender el problema del Peak Oil, cerciorarse de todos y cada uno de los detalles. Por tanto, no puede ser que una mujer con una descripción somera del problema tenga bastante para convencerse. Desde el punto de vista de un hombre tal convencimiento, aunque sea factualmente correcto, es lógicamente inconsistente, pues no se basa en una deducción lógica dado que la fémina no ha estudiado los datos (por cierto que éste problema es general, no específico del Peak Oil, y es lo que motiva que algunos hombres desdeñen a las mujeres por su percibida inferior capacidad de raciocinio). Pero es que eso tiene mucho que ver con la diferencia en la estructura del razonamiento entre hombres y mujeres.


Se suele decir que la mente masculina es analítica en tanto que la femenina es sintética. Analizar un problema significa, literalmente, descomponerlo en sus partes más pequeñas, las cuales son más simples y pueden ser más fácilmente comprendidas. Por contraste, un enfoque sintético de un problema (nuestro masculino lenguaje no deja la posibilidad de decir lo mismo con la expresión “sintetizar un problema”, que significa algo diferente) consiste en ver el problema como un todo, con todas sus interacciones, y a partir de la comprensión del global ir explicando sus aspectos locales. El enfoque masculino sería, por tanto, de abajo a arriba, en tanto que el femenino sería de arriba a abajo. Las razones de estas diferencias innatas en la manera de pensar pueden ser debidas a la diferente especialización en tareas de los humanos primitivos, al decir de algunos antropólogos; yo no lo sé, pero sí sé que esta explicación describe con cierta aproximación lo que yo observo cada día. Cada uno de estos dos enfoques tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El enfoque analítico tiene la ventaja del rigor: cuando se comprueba algo, las conclusiones son limpias, lógicas, inexorables; y tiene la desventaja de la lentitud y la incapacidad de dar una respuesta hasta que el problema está plenamente analizado, con el agravante de que si el problema es imposible de analizar en algún aspecto no se producirá ninguna respuesta. El enfoque sintético tiene la ventaja de la rapidez: aún cuando la respuesta es aproximada se tiene una buena idea de qué está pasando y cómo reaccionar delante de ello en poco tiempo; y tiene la desventaja de que puedan confundirse causas con efectos, o incluir causas espurias (como por ejemplo con el pensamiento mágico). De alguna manera, el pensamiento analítico es la reflexión en tanto que el sintético es el pragmatismo; para los amantes de la Física el pensamiento analítico sería la Mecánica Estadística mientras que el sintético sería la Termodinámica. Todos nosotros, hombres y mujeres, usamos los dos tipos de pensamiento en nuestro día a día: simplificando mucho, somos analíticos en el trabajo y sintéticos en el manejo de las situaciones cotidianas (por ejemplo, necesito separar cada entrada en un libro de contabilidad de manera precisa pero no necesito integrar la ecuación de movimiento de un coche para evitar ser atropellado al cruzar la calle). Pero hay un cierto sesgo de sexo en la preferencia de uso de ese tipo de pensamiento, el analítico por los hombres y el sintético por las mujeres. Antes de continuar, quisiera hacer un apunte -reflexión aún más personal- referente al pensamiento sintético en Ciencia: habiendo sido históricamente la Ciencia una actividad eminentemente masculina se le confiere a la misma un carácter fundamentalmente analítico, el cual es ciertamente imprescindible para alcanzar el rigor que se precisa, por ejemplo, cuando se derivan consecuencias de las grandes leyes de la Física. Sin embargo, es pensamiento sintético es también fundamental, porque así como el pensamiento analítico es fundamentalmente deductivo (partiendo de unos postulados se deduce todo lo que va a pasar) el pensamiento sintético es fundamentalmente inductivo (a partir de los casos particulares uno se imagina cuál debe ser la regla general que los explica). Acaso la razón por la cual la Ciencia ya no progresa a la misma velocidad que antes sea por exceso de análisis y falta de síntesis. Y que las mujeres no abunden en determinados campos científicos no ayuda demasiado a superar este problema.


Así pues, mientras a los hombres les puede llevar muchos meses entender y aceptar el Peak Oil, a las mujeres, que tienen una visión sintética del mundo, que ven lo que pasa cada día en la calle y se fijan en los detalles, hablan con otras personas y escuchan sus testimonios, saben lo que les cuesta la cesta de la compra y se fijan en cuánto les cobran por el café o cuántas tiendas han cerrado en el barrio y si viajan ven qué habas se cuecen en otras partes, saben, antes de que nadie les diga nada, que está pasando algo mucho más profundo de lo que el establishment social (mayoritariamente masculino) les cuenta. Y en ese contexto, cuando alguien les da una explicación coherente, con cuatro datos bien argumentados que se les dé son capaces de conectar todos los puntos que ya tenían y ver el cuadro global. Profundizar en los datos, en los análisis, es para ellas una pérdida de tiempo, porque comprenden que no es demasiado importante si la producción de petróleo empezó a declinar en Julio de 2008 o si todavía puede aumentar un poco, infinitesimalmente; saben que de manera práctica el resultado es el mismo y tienen razón. Así que ese empeño masculino en analizar y analizar y visitar mil veces los datos -de lo que también peca este blog- lo ven como una recreación morbosa e inútil en nuestra desgracia. Por eso no esperen ver masas de mujeres leyendo un blog como éste: una mujer típica vendrá, leerá los cuatro o cinco posts principales y tendrá bastante. Como mucho, se me dirigirá para pedirme soluciones (espíritu pragmático) y como yo tampoco se las daré perderán el interés por el blog. Sólo algunas mujeres que comprenden cómo los hombres nos atascamos con los detalles estúpidos e insignificantes vendrá aquí quizá a buscar información concreta para desatorar a un amigo apreciado pero empecinado o bien para ofrecernos su visión sintética e instarnos a dejar de hacer el canelo persiguiendo nuestra propia cola. Pero como su mensaje no será analítico será mayormente ignorado por la masculina masa de seguidores de este blog.


¿Es criticable esta actitud por parte las mujeres? Yo creo que en realidad, delante de un problema complejo que requiere una visión holística como es el Peak Oil, su punto de vista es el más acertado, y el nuestro, el de los hombres que como Sísifo levantamos una vez más la roca de nuestros pesados argumentos pendiente arriba, es esencialmente erróneo. Sobre todo si, como parece, el tiempo de la reflexión ya está pasado y hace falta pasar a la acción (el lema de nuestra asociación, el Oil Crash Observatory, es “La urgente necesidad de cobrar consciencia”). Pero aquí seguimos, discutiendo si es urgente o si no lo es, si son galgos o son podencos.


¿Qué quieren las mujeres? Que pasemos a la acción. Las mujeres más concienciadas que conozco están  buscando incrementar su resiliencia, comenzando huertos y buscando información práctica sobre oficios, cómo conseguir agua, medicina natural, etc. En suma, están dando una respuesta cabal a la segunda interpretación de la pregunta que hacía yo arriba. ¿Y qué estamos haciendo nosotros? Nos creemos que van por detrás y en realidad nos llevan la delantera.

Para acabar, quería dejar una reseña a un excelente blog sobre Peak Oil, Cambio Climático y resiliencia escrito por una admirable mujer, Sharon Astyk. Su blog se llama “Casaubon’s book” y hay un post en él especialmente pertinente para esta discusión: “El Peak Oil es todavía un problema de las mujeres y otras reflexiones sobre el sexo, el género y la Larga Emergencia” (quien no sepa qué es la Larga Emergencia puede consultar este enlace).

Salu2,
AMT


P. Data: Este post está dedicado a mi mujer y a mis amigas y compañeras, las cuales se sentirán probablemente identificadas.

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